FICHA TÉCNICA



Título obra La máxima felicidad

Autoría Isaac Chocrón

Dirección Enrique Gómez Vadillo

Elenco Sergio Jiménez, Silvia Pasquel, Jaime Garza

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro el Granero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un trío espléndido en una obra nada espléndida”, en El Día, 16 marzo 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un trío espléndido en una obra nada espléndida

Malkah Rabell

El sentido común popular considera que dos son una pareja, y tres son una multitud. en cambio, al dramaturgo venezolano Isaac Chocrón le parece el trío "en menage" como La máxima felicidad, tal como llama a su pieza que actualmente se presenta en el Granero. Y aquí realmente de "pieza" se trata, ya que nos hallamos incapaces de definir su género: ¿comedia, drama o melodrama? Y así, en esta Máxima felicidad tres seres humanos han descubierto no sólo la manera más conveniente de resolver sus problemas de convivencia sentimental —o sexual si se prefiere— sino también de convivencia económica. Entre esos dos hombres y una mujer, el más joven trabaja en un puesto a sueldo; la muchacha se ocupa del hogar, y el mayor cuida la salud intelectual de sus dos compañeros. Semejante argumento no es precisamente muy apasionante. Sobre todo cuando los dos actos carecen por completo de acción, y los 90 minutos que dura la representación se deben a diálogos bastante intrascendentes, pero infinitos. Mas, precisamente el "tour de force" de esta obra, o tal vez de este espectáculo, es la manera como logra mantener el interés del público pese a tanto parlamento, a tanto bla-bla-bla, mientras nada sucede, nada acontece, nada se mueve en las vidas de esos tres seres en el transcurso de las 24 horas que se supone dura la obra: un día cualquiera en la vida de tres seres humanos que han elegido la bisexualidad como solución a sus problemas.

¿Ese tour de force se debe al autor, al director o al trío de intérpretes: Sergio Jiménez, Silvia Pasquel y Jaime Garza? Es decir, se debe ¿a la obra o al espectáculo? Creo que en especial el interés de la representación se debe al espléndido equipo de actores, muy bien dirigidos por Enrique Gómez Vadillo. Tres actores que han hecho gala de una naturalidad, de una frescura, de una espontaneidad, muy rara vez reunidas bajo el mismo techo y en el mismo foro. Sergio Jiménez supo darle cierto sentido del humor muy fino a sus discursos ampulosos de intelectual pretencioso a quien sus compañeros llaman: "Señor Larousse". Nos hacía más sonreír que reír. Silvia Pasquel nunca me convenció como en esta oportunidad de que es una excelente intérprete. Y en cuanto a Jaime Garza confirma su calidad de uno de nuestros mejores actores jóvenes. Esos tres intérpretes han logrado que hasta las escenas más escabrosas se salvaran, como la del final, que apenas se insinúa y no llega a realizarse. Ningún encuentro entre esos tres personajes que casi constantemente están reunidos en el escenario, nos molesta o perturba. Y al director, a Enrique Gómez Vadillo, que por lo general tiene la manía —o tal vez el sentido comercial— de exhibir desnudos, esta vez ha tenido el buen gusto de liberarnos de semejante ostentación. Por lo que sólo me queda felicitarlo.

Y ahora se me presenta una pregunta. Venezuela que seguramente ofrece tantos problemas graves como el resto de América Latina para cualquier dramaturgo, problemas trágicos y apasionantes ¿necesita realmente de un argumento tan poco trascendente para preocupar a un autor? Historia que más bien se antoja digna de cierta literatura amorosa parisiense. Pero, en fin, todos los argumentos tienen derecho de existir y de interesar a los artistas. Y hasta esta Máxima felicidad bien puesta y bien interpretada tiene el don de atraer al público, que llena el pequeño teatro Granero. Y yo mismo gocé de la representación, aunque me hallo muy lejos de compartir las ideas del autor. Y a la pregunta si el bisexualismo puede resolver los problemas de la convivencia humana, me parece que la única manera de resolverlos es dejar a cada quien vivir como mejor le plazca.