FICHA TÉCNICA



Título obra Historia de la aviación

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Rosa María Bianchi, Ernesto Bañuelos, Margarita Sanz

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Historia de la aviación de Héctor Mendoza”, en El Día, 15 agosto 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Historia de la aviación de Héctor Mendoza

Malkah Rabell

Querido, querido Héctor, ¿cómo es posible que tome usted en consideración las opiniones de la gente que dice: "Sr. Mendoza, su teatro es un teatro muy bien hecho, pero que no dice nada", tal como nos lo explica en el programa de mano. Me imagino que debe usted saber muy bien que el mundo está lleno de gente siempre dispuesta a decir que todo lo realizado por el "otro" está mal hecho, políticamente equivocado y socialmente inútil. Y haga Ud. lo que haga sieMpre le encontrarán "peros". Sobre todo si no pone Ud. en escena "su" obra, no le da un papel a "su" hijo, o no le propone la producción a "su" marido. Por lo demás, ¿qué significa que sus espectáculos "no digan nada"?. Me imagino que las personas que le exigen que "diga algo" se refieren lisa y llanamente a un "mensaje". Y aquí, si penetramos en la oscuridad. ¿Qué mensaje? Porque los hay muy numerosos y multifacéticos. Y cada uno de los espectadores que le exigen: "diga algo" se refieren a "su" mensa je. Un mensaje de ideología justa. Desde luego la "justa" es la suya, la del vecino que no piensa igual es absolutamente injusta... Entonces, querido Héctor, lo mejor es seguir su propio camino como Dios... o el diablo... le dio a entender. Y me sospecho que la misteriosa voz que le habló al oído, le dijo: "Abraham, ve y pon una obra didáctica". Y olvidó usted todos sus éxitos anteriores, tales como In Memoriam, Riso, Vámonos a la guerra o ¿Y con Nausistrata ¿qué?, para buscar su nueva inspiración en la Aeronáutica. Y ahí estábamos en el teatro Juan Ruiz de Alarcón ante un espectáculo empeñado didácticamente en enseñarnos la Historia de la aviación, que por cierto no llegaba más allá de los pioneros del principio del siglo nuestro. Personalmente no hay nada que me aburra mayormente que la didáctica, sobre todo cuando de temas técnicos se trata. Para mí un avión es un artefacto donde me siento (y pago pasaje)para que me transporte hacia distintos horizontes. Nada entiendo a los misterios científicos o mecánicos que logran semejante milagro. La didáctica sólo admito cuando está realizada con mucha discreción y no se nota su presencia. No se puede pretender tal cosa del último espectáculo de Héctor Mendoza. Así, que a decir verdad, me aburrí de lo lindo. Pero mi sorpresa no tuvo límites cuando constaté que también los apasionados de la aviación —y éstos no faltaron— se aburrían igualmente. Ni siquiera logró divertir el "Fin de Fiesta" con el cual el director y autor trató de alegrar la representación. Margarita Sanz, como animadora, no conseguía despertar a ninguno de los somnolientos espectadores, por más payasadas que se empeñaba en hacer. No obstante ser esta su especialidad.

Empero, es menester admitir que este texto —dedicado a llevarnos por los caminos de los aparatos voladores, desde su aparición en el siglo XVIII con globos aerostáticos, que heroicamente tratan de cruzar el Canal de la Mancha, hasta las complejas naves de los pioneros de la aeronáutica moderna—, poseía ciertos elementos que, aún cuando desprovistos de todo interés didáctico, lo tenían en el terreno artístico y hasta literario. En este último, ciertos personajes, ficticios o no, como la Sra. Blanchard o Meusnier, hubiesen sido, con sus características psicológicas, dramáticas o cómicas, mucho más apropiados para una obra más elaborada. Tanto Rosa María Bianchi como Ernesto Bañuelos destacaba por su temperamento artístico la primera, y por su capacidad en crear un carácter el segundo.

En cuanto al terreno artístico, el espectáculo contó más con elementos plásticos que con dramáticos. El escenógrafo, el Arq. Alejandro Luna, a quien siempre he considerado como a un creador prodigioso, esta vez se "saltó la barda" y nos ofreció un "show" aparte, digno de una exposición de Museo. Aparatos voladores de toda clase que planeaban encima de un escenario que imitaba una especie de plataforma para vuelos interplanetarios. Desde el aparato volador de Degen, en 1812, hasta aparatos que semejaban peces y que aunaban la belleza de las formas con el resplandor del colorido. Parecía haberlos construido un arquitecto y cubierto de colores un pintor.Y así el texto no daba muchos elementos para asimilar, la escenografía lo compensaba con creces, ofreciendo gran riqueza visual.