FICHA TÉCNICA



Título obra Cómo ser una buena madre judía

Notas de autoría Dan Greenburt / autor de la novela homónima; Gerard Huillier / adaptación teatral

Dirección Gerard Huillier

Elenco Susana Alexander, Enrique Becker, Bruno Bichir, Rafael Sánchez Navarro, Patricia Ancira

Espacios teatrales Teatro de la Alianza Francesa

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Cómo ser una buena madre judía”, en El Día, 19 febrero 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Cómo ser una buena madre judía

Malkah Rabell

La noche del 15 del presente, se inauguró el teatro Alianza, de la Alianza Francesa de Polanco, con una comedia en dos actos de extraño título: Cómo ser una buena madre judía. El título no nos parecerá tan insólito si tomamos en consideración que la novela de Dan Greenburg, en la cual se basa la versión teatral de Gerald Huillier, está escrita para un público lector norteamericano, que ya ha demostrado mucho entusiasmo para semejantes obras, tanto por su temática israelita como por tomar como protagonista –en plan de broma– a la madre judía, personaje muy popular tanto por, sus virtudes como por sus defectos en el vecino país. En cuanto a nuestro propio ambiente, donde tales títulos y tales temas son bastante raros, nos recuerda otro "divertimiento": El baisano Jalil que hace unos 40 años se presentó con mucho éxito en el teatro de las Hermanitas Blanch.

Esa Buena madre judía con sus características de progenitora siempre dispuesta a la abnegación, pero que nadie se olvide de lo abnegada que es, llegó a ser un símbolo de madre internacional. Y como dice el programa de mano: "no es preciso ser ni judía ni madre para ser una madre judía. Una camarera irlandesa o un barbero italiano también podrían ser una Buena Madre Judía. Y la noche del estreno, más de un amigo me aseguró: "Mi madre sin ser judía es exactamente igual que la heroína de la obra". En realidad, fuera del personaje central, la obra, que no llega a comedia y Se contenta con ser un "divertimiento", nada tiene que ofrecer. Un "divertimiento" tan blanco que llega a ser empalagoso: Como el director de escena, Gerald Huillier, tomó su espectáculo de una novela, los elementos más literarios que teatrales abundan. Tanto la madre como los demás intérpretes platican constantemente con el público, técnica que la dramaturgia moderna usa con exceso, y hasta la considera brechtiana, y de la cual en esta "Madre Judía" —que no es La madre coraje, aunque pudiera serlo— abusa. La comedia se basa más en el relato que en la acción escénica, lo que llega a ser monótono.

Lo único que mantenía de pie y lograba rescatar esta novela escenificada, era el personaje de la madre que en manos de Susana Alexander acaparaba toda la velada. La intérprete se daba perfecta cuenta que debía hacer reír a como diera lugar, y todo el tiempo. Un instante de silencio en la sala y el espectáculo decaía. Pero Susana Alexander no ofrecía muchas oportunidades al silencio. Fue la suya una interpretación temperamental, hasta podría decirse desatada, en constante acción histriónica, sin olvidar nunca las características del personaje que trataba de crear, hasta con su manera peculiar de caminar, de hablar y de reaccionar. Mas, precisamente por tratar de mantener a la protagonista dentro de un marco particular, la transformaba en estereotipada. La obligación que sentía de hacer reír a como diera lugar, la hacía caer en exageraciones a veces muy molestas. Por una parte seguía siendo una mujer aún joven y bien parecida. Lo que se explica en una madre de hijos menores o preparatorianos, recién casado uno de ellos al final. Pero no se explica en una mujer joven tantas exageraciones casi ridículas de vieja inmigrante pueblerina que mezcla constantemente expresiones "idisch" en su supuesto inglés. Sobre todo si el marido, Enrique Becker, habla sin acento, lo que restaba unidad a la representación, pero daba más naturalidad al personaje.

Las exageraciones de Susana Alexander me recuerdan un cuento de W. Somerset Maughan, donde un Lord inglés de origen judío, pese a su título nobiliario, relata constantemente unos chistes judíos. Lo que el autor explica como una necesidad inconsciente del lord por hallar sus raíces. ¿Le sucederá algo semejante a Susana?

El resto del reparto era excelente. Compuesto casi totalmente por hijos de actores, desde el pequeño Bruno Bichir –hijo del director de escena Alejandro Bichir–, Rafael Sánchez Navarro, vástago de Manolo Fábregas y Patricia Ancira, hija de, Carlos Ancira, todos ellos tenían esa naturalidad y esa libertad por moverse en el escenario que da la frecuentación del ambiente teatral desde la infancia. Tanto Rafael Sánchez Navarro, como Patricia Ancira y Enrique Becker, realizaban diversos papeles, logrando con mucha gracia las distintas personificaciones.

Nada más saludable que la risa, y a quienes les gusta reír, encontrarán en esta manera de ser una buena madre judía, unas horas de saludable diversión.