FICHA TÉCNICA



Título obra Al fin, mujer

Autoría Jacinto Benavente

Elenco Pepita Meliá, Roberto Banquells

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Al fin, mujeres de Benavente”, en Novedades, 12 diciembre 1945.




Título obra La barca sin pescador

Autoría Alejandro Casona

Elenco María Teresa Montoya, Prudencia Grifell, Celia Manzano, Mondragón, Montoya, Santamaría, María Stein

Grupos y compañías Compañía de María Teresa Montoya

Espacios teatrales Teatro de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Al fin, mujeres de Benavente”, en Novedades, 12 diciembre 1945.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Al fin, mujeres de Benavente

Armando de Maria y Campos

Dos, tres semanas, el cronista perdió contacto con sus lectores por motivos de sobra conocidos. Mientras tanto, los teatros metropolitanos siguieron su ritmo natural de fin de año, los estrenos de importancia en escenarios de Bellas Artes, del Fábregas y otros tantos estrenos del viejo repertorio cómico en el Ideal y hasta cuatro títulos estrenados en el Lírico y en el Colón sobre temas de actualidad política, la única actualidad que da tema para hacer títulos teatrales.

No vale la pena volver los ojos atrás, por causas que verá el lector. Mejor dicho, porque en causas se nos iría el tiempo, y al final de las dos cuartillas que he de llenar para informar con los más recientes sucesos teatrales, todo se habría quedado en... causas, ¿Quién duda que merece un comentario amplio el original actor cómico Resortes, que sustituyó a Palillo en el Lírico? Esperamos verlo un poco más para ser con él lo justos que su extraña comicidad merece. El estreno en el Bellas Artes de La barca sin pescador, de Alejandro Casona, por la Compañía de María Tereza Montoya, obra fina y original, pasó con más pena que gloria no obstante la calidad literaria de la pieza, deliciosa para leída y muy bien interpretada sin embargo por la Montoya, la Grifell y la Manzano, Mondragón Montoya y Santamaría. Para mí esta obra representa una efemérides grata; la aparición en la escena de una encantadora actriz, de finas cualidades, joven, hermosísima, temperamental: María Stein.

El estreno en el Fábregas de una nueva comedia de Benavente, Al fin mujer, magnífica comedia que revela como el milagro de la frescura creadora de este gran autor es fenómeno que nadie pone en duda, bien entendida por Pepita Meliá y Roberto Banquells principalmente nos reveló un nuevo –y clásico a la vez– tipo de mujer benaventiana: la Madre, igual a todas y distinta según las circunstancias ¡Al fin, mujer!!... ¿Recuerda el lector aquella admirable Pepa Doncel benaventiana?... La Elena de la nueva obra de don Jacinto –podría ser– también Pepa Doncel. Esta Elena –¡al fin, mujer!– tuvo un pasado galante tormentoso del que le quedó un hijo, que quiere casar con la heredera de un título –cosas de una España que parece no tener remedio–, después que ella se ha casado con un conde o marqués y de que es ya dueña de un collar de familia, etcétera. Malogra su propósito, porque "el hijo del amor" es inteligente y tiene carácter propio.

–¿Cómo has podido convencer tan pronto a mi madre?, le pregunta el hijo al "protector" y marido de su madre, que tampoco está con lo del casorio con... el título. Y contesta el marqués: –No creas que he sido yo. Ha sido... ¡Quién sabe!... Ella sabrá... Al fin, mujer. Y, benaventina hasta la médula. Elena termina el diálogo, y la obra: –Eso sí. Al fin mujer, porque al fin, madre. Que nunca como al ser madre es la mujer, mujer.

Jacinto Benavente –qué lástima que se acaben las dos cuartillas semanarias– ha creado unos tipos de mujer que estaban desde hacía tiempo desterrados del teatro en español. Desde hace cincuenta años sólo crea tipos de mujer. En realidad son las mujeres que retrataron Lope, Calderón y Tirso de Molina. Son aquellas mujeres de La dama boba, de Casa con dos puertas, de La moza del cántaro, con sus discretos, con su gracia picante y maligna, su ponderación hipócrita, que poco a poco van dejando. Esas mujeres que se van acomodando al ambiente y aparecen en La escuela de los maridos y en El sí de las niñas, de Moratín; se asoman, con mantillas y caireles, a las páginas de don Ramón de la Cruz, y las vemos, ya vestidas a la moda de Alfonso XIII y de Victoria Eugenia, y hasta de Azaña y Franco, en las obras de don Jacinto. Pocos autores han sabido apoderarse como éste, no de los secretos y de las complicaciones del alma femenina, como algunos creen, sino de todo lo que hay en ella de primitivo, de ingenuo de sencillo, de frívolo. En las mujeres de Benavente lo que más conmueve es su sencillez. Es su mayor encanto. Las mujeres trascendentales de Ibsen, las trágicas de Echegaray, éstas no viven en el teatro de Benavente. El tema es largo y el espacio corto... ¡Las mujeres de Benavente!... ¿Por qué en vez de andar a ciegas en la selva de obras mediocres, no se citan, en un desusado congreso feminista, a las más ilustres mujeres benaventianas?... ¿Por qué, Cibrián?... ¿Por qué, María Tereza?... El público de ahora no concoce a Imperia, de La noche del sábado, a Rosario de Lo cursi, a la estupenda Dominica de Señora Ama, a Nell de La fuerza bruta, a Elena de La princesa bebé, a Asunción de La inmaculada de los Dolores, a Isabel y María Antonia de Rosas de otoño, a Pepa Doncel... Tal vez tomaría otro rumbo nuestro (sic) cine nacional, ausente de grandes tipos de mujer. Benavente es dueño de una galería extensísima, porque Benavente reconoce implícitamente la unidad del alma femenina. Retrata los tipos que nos son familiares y les presta matices variados a un fondo psicológico común. La característica que conservan siempre las mujeres de Benavente es una gran sencillez... teatral; buenas, burguesas, sin complicaciones ni retorcimientos, y sus rasgos resaltan lo mismo en la Dómina, la niña impulsiva y sentimental, con apasionamiento de enferma, que en La malquerida, en medio de la gran tragedia que urde el autor, y que vive en estos días la Montoya en el escenario del Bellas Artes con una verdad y un dolor que exprimen el corazón dentro del pecho.