FICHA TÉCNICA



Título obra La cultura me da risa

Notas de autoría Antón Chéjov / autor de los cuentos y textos teatrales; adaptación / Gerard Huillier

Dirección Gerard Huillier

Elenco Susana Alexander, Enrique Becker, Margarita Sanz, Cristina Sauza, Rafale Sánchez Navarro

Espacios teatrales Teatro de la Alianza Francesa

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La cultura me da risa en la Alianza”, en El Día, 7 noviembre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La cultura me da risa en la Alianza

Malkah Rabell

Se trata de un espectáculo que reúne varios cuentos escenificados de Antón Chéjov, que sin llegar a ser malo tampoco es excesivamente brillante. Uno de esos espectáculos neutros que te olvidan al día siguiente. Si en algo se explica su puesta en escena, es por la posibilidad que da a Susana Alexander —la primera figura de esta compañía que desde hace un año se presenta con distinto repertorio en el teatro de la Alianza Francesa— de lucirse en varios papeles de muy distintas envergaduras.

Así la vemos en la frívola Zina, una mujer de vida ligera, papel que pretende ser cómico y en cuya actuación Susana Alexander puso toda la ligereza que el personaje exige, y sin embargo, no logró hacer reír, o muy poco, como casi nadie lo logró en el transcurso de la representación. Y si uno se pregunta por qué, sólo queda la respuesta que tanto el humor como la temática o la psicología chejovianos se hacen ajenos ya a nuestro tiempo y a nuestro ambiente. No obstante que aquella Rusia de los zares que describe el famoso cuentista-dramaturgo, es bastante parecida al México en que hoy vivimos, y si el director se hubiese empeñado en subrayar algunas semejanzas, probablemente hubieran resultado aún más claras. Pero el director y adaptador, Gerard Huillier, dejó que el texto hablara por sí mismo y que cada quien lo interpretara a su modo, lo que no deja de ser una virtud. Por ejemplo, el último sketch —porque en resumen, cada una de estas breves escenitas era como un sketch—, Julia, el pequeño y hondo drama que en algunos minutos se desarrolla entre una maestrita —una de esas famosas "maestritas" privadas que las familias pudientes solían tener a su servicio en la época de Chéjov— y su patrón, que la explota y se aprovecha de su timidez, de su miedo a la vida, hasta quedarse con la mayor parte de su paga, y después pronuncia un discursa revolucionario coronado por un gesto inesperado, exageradamente noble, el de devolver el sueldo completo y tratar de despertar en la pobre criatura su conciencia dormida, llamándola a la rebeldía. Este relato me es desconocido. Pero su final se me hace muy poco chejoviano. Un escritor de tan hondo sentido irónico hubiese cortado el discurso a la mitad, como una gran carcajada de burla, con su moraleja: primero explotan, primero se aprovechan de los desvalidos, y después lanzan discursos revolucionarios. Mas, tal vez me equivoco, y tal vez la gran ternura que siempre fue la característica del "alma eslava" de Chejov, venció.

En Zina A Susana Alexander acompaña en el papel del teniente Sokolsky el joven actor Rafael Sánchez Navarro, que tal como ya nos demostró en sus actuaciones de Cómo ser una buena madre judía y en Las memorias de Raquel, que se presentaron en el mismo teatro, es un actor novel de muchas posibilidades artísticas, que ya no es una promesa sino una realidad. En cuanto a Julia, en la maestrita, Susana Alexander se mostró desgarradora, tierna y convincente de naturalidad, con sus bruscos cambios que sólo duran el breve instante de la rebelión de los débiles. La acompaña, como el patrón, Enrique Becker, igualmente convincente en ese papel que pudo resultar desagradable, pero que el actor ofreció sin un gesto, de sobreactuación y exageraciones.

Otra escena, o "sketch", que merece ser recordado es el de Andrea, en el cual la primera figura hace el papel de una demente, que se antoja muy clarividente, en el cual otra vez Susana Alexander se muestra excelente. En un solo año la misma actriz se ha lanzado en las más diversas actividades escénicas, en las más heterogéneas actuaciones... Otra actriz que no se debe olvidar, es Margarita Sanz, a quien el director logró mantener en una actuación más medida de lo que suele hacer de costumbre con su temperamento excesivamente cómico.

Tanto el vestuario de época, como el telón de fondo diseñado y que ha servido de escenografía a toda la representación, debidos ambos a Cristina Sauza, eran especialmente bellos. Lástima que un biombo colocado en el centro del foro reducía la libertad de movimientos de los actores.

¿Por qué este título: La cultura me da risa? que nada tiene en común con el resto de la representación..