FICHA TÉCNICA



Título obra Zapata

Dirección Nicolás Núñez

Elenco Helena Guardia, Marcela Camacho, Nicolás Núñez, Juan Allende

Grupos y compañías Taller de Investigación Teatral de la UNAM

Notas de grupos y compañías Nicolás Núñez / director

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Zapata: un santo pagano”, en El Día, 5 noviembre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Zapata: un santo pagano

Malkah Rabell

Si alguien busca en ese Zapata presentado en el teatro Santa Catarina la imagen tradicional del líder campesino de Morelos, quedará defraudado, desilusionado. Nicolás Núñez, director del Taller de Investigación Teatral de la UNAM trata precisamente de alejarse lo más posible de toda interpretación ya estereotipada de esta trágica figura, dándole una nueva medida y un novedoso punto de partida. Nicolás Núñez llama a su espectáculo "Investigación Teatral", y como tal hay que tomarlo... y dejarlo. Aunque resulta más bien difícil aceptar como producto de una indagación a un Zapata tan extraño, que se antoja de fantasía. No a todos convencerá que se presente a un héroe nacional desnude, ni tampoco numerosos serán los partidarios de un Zapata que en un acto erótico-simbólico se apodere de la mujer-tierra. Mas, para justificar la desnudez nos la ofrecen bajo la aureola del precolombismo: un guerrero prehispánico que se va tornando santo en un lento acto ritual. Ni siquiera se le puede considerar santo laico, sino santo pagano, a quien dos figuras femeninas, como si fueran sacerdotisas, primero cubren con los diversos elementos de la vestimenta de un personaje indígena, y luego comulgan con él como en un sacramento de la misa, pero con símbolos paganos, colocando entre sus labios en lugar de la ostia, un grano de maíz bebiendo ellas mismas el pulque, sangre de maguey en lugar del vino, sangre de Cristo.

A veces, este simbolismo llega a la ingenuidad, como cuando se lleva el acto de comulgar hasta distribuir entre el público unos dulces llamados "lágrimas". Pero el simbolismo en cualquiera de sus manifestaciones, ya poéticas, ya plásticas, siempre corre el peligro de caer en la ingenuidad. El espectáculo resulta mucho más llamativo cuando recurre a la belleza plástica que permite a sus intérpretes tomar actitudes inspiradas —consciente e inconscientemente– en el muralismo mexicano. Desde luego tales actitudes no han podido ser llevadas muy lejos por falta de elemento humano y técnico en el breve escenario del teatro "Santa Catarina". Es en su aspecto plástico donde más pudieron lucir su técnica corporal los cuatro actores: Juan Allende, come la figura central del héroe, y las dos jóvenes intérpretes: Helena Guardia y Marcela Camacho; así como el mismo director, Nicolás Núñez, que también tomaba parte en la actuación. En cambio, técnicamente me pareció pobre el recurso de cubrir al actor protagónico con una manta pintada de signos simbólicos, para permitirle cambiarse de ropa debajo de esta improvisada carpa. En general, la escueta escenografía, formada por tapices en el suelo y en las paredes, igualmente cubiertos de símbolos, empobrecía el juego artístico.

Mas, los actores se entregaban a sus personajes con toda pasión, Sobre todo Juan Allende en su Zapata, se posesionaba de su figura, ya sea en su ropa prehispánica, ya sea en su calzón de campesino mexicano, aunque en el texto que nos ofrecen, se presenta como un hombre de ciertas posibilidades económicas, propietario de sus propias tierras y hasta comerciante de sus propias tierras. Los textos que introduce Núñez en su indagación abarca cortas poesías de E. E. Cummings y de Wal Whitman. Pero la letra de ambos se pierde en cierto modo en la prosa llana y fuerte de Emiliano Zapata. Hombre de la tierra que usa un lenguaje de la tierra. El largo monólogo en náhuatl, que repite como un eco una de las figuras femeninas, emociona y deja al espectador intensamente envuelto en el drama íntimo objetivo y subjetivo a la vez, que se desarrolla en el escenario. La muerte del héroe es en cierto modo sorpresiva, ya que pese a todos los cartuchos que estallan en el foro, no estamos preparados —aún— a la desaparición de la figura central. El espectáculo dura una hora y cuarta. Pero el tiempo transcurre con mucha mayor rapidez y nos parece cuando mucho una media hora o cuarenta minutos.

Probablemente ese Zapata que nos ofrece Nicolás Núñez, sugiere muy poco a la auténtica figura del héroe-mártir. Y si no fuera por el título, pocos hubiesen imaginado que de Zapata se trata, Pero, ¿qué importa? El espectáculo es interesante y mantiene en tensión al público. Y es lo que vale.