FICHA TÉCNICA



Título obra La fuga de Nicanor

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Julio Castillo

Escenografía Jesusa Rodríguez

Notas de escenografía Jesusa Rodríguez / muñecos

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Dos nuevos espectáculos infantiles”, en El Día, 8 septiembre 1979, p. 21.




Título obra Historia de un cerillo

Elenco René García, Enrique Alonso

Música Miko Viya

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Dos nuevos espectáculos infantiles”, en El Día, 8 septiembre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Dos nuevos espectáculos infantiles

Malkah Rabell

Basada en un texto del dramaturgo mexicano, Jorge Ibargüengoitia, La fuga de Nicanor, que se presenta en el teatro Jiménez Rueda los sábados y los domingos a las 12 horas, ofrece una técnica nada fácil. Se trata de un espectáculo de marionetas de tamaño colosal, aproximadamente de unos 2 metros de altura, cuyos movimientos producidos por hilos, necesitan un equipo de mucha habilidad. Y tanto el director de escena, Julio Castillo, como su equipo de voces y manos, parecen enfrentarse por primera vez con tan difícil tarea. Tanto la escenografía, bellísima con su misterio lunar, como los muñecos, no menos sugestivos, ambos pertenecen a los diseños de Jesusa, muy joven escenógrafa. Pero a los técnicos, que producen los movimientos de los muñecos y les dan sus voces, les falta especialización. Los hilos y demás elementos que sostienen a las marionetas se notan desde lejos; la luz que los ilumina, en lugar de ocultar los accesorios, los "desnuda" ante el ojo del espectador. Asimismo las voces no son coordinadas con los movimientos de los "personajes" titiritescos, ni con la pronunciación de la boca de los mismos.

Mas, pese a las fallas técnicas, los niños en la sala se divierten y permanecen muy quietecitos durante toda la representación, como hechizados por la visión de esos extraños seres interplanetarios que parecen caminar, volar por los aires, agitarse, pelearse, reír y llorar; en resumen que parecen vivir en el escenario con una vida extraña, ajena a todo lo que vemos a diario, con una vida galáxica. Al público infantil del Jiménez Rueda muy poco le importa la historieta —que francamente ofrece una mínima importancia—, están sugestionados, embrujados, por el color, el aspecto y el movimiento de esos personajes de cartón que viven en el foro con una vida de seres extraterrestres. Sobre todo divierte a los pequeños, e interesa a los adultos la figura gigante del oso Pérez, compañero de viaje de Nicanor, que junto con éste se escapó de Dios sabe qué galaxia para llegar a México después de múltiples aventuras en el espacio, entre tierra y astros.

El segundo espectáculo infantil que hace poco se estrenó en el Polyforum Siqueiros, es el de Enrique Alonso que se presenta los sábados a mediodía. Se trata de Historia de un cerillo, que reemplazó en el mismo escenario al anterior espectáculo: Si todos los niños del mundo. Carente del encanto poético de este último, Historia de un cerillo es también una comedia musical, con música debida a Miko Viya, muy melodiosa y atractiva tanto para el oído infantil como para el del adulto. El interés de la obrita para los niños reside sobre todo en el argumento que cuenta las aventuras personales de "cerillo", el niño Beto que trabaja en un supermercado. Y como en casi todas las producciones de Enrique Alonso, también en este caso intervienen en la actuación numerosos niños, lo que encanta al espectador infantil, y le da a la representación su verdadero valor de teatro para menores.

Cerillo es un huerfanito de padre y madre, y vive en casa de su malvada tía (no sé por qué odian tanto a las tías los autores de repertorio infantil. Actualmente las tías reemplazan a las madrastras de antaño). Y como algunos personajes de Dickens, Cerillo escapa a la capital en busca de fortuna. Y en la inmensa ciudad anda perdido, espantado por todo y todos, robado y maltratado tanto por los niños malhechores profesionales como por la policía en connivencia con éstos. La obrita tiene su moraleja descentralizadora: la gran ciudad no ofrece bienestar alguno ni colma las esperanzas de los que vienen hacia ella traídos por falsas ilusiones e inexistentes leyendas de riquezas y triunfos. Por fortuna para Beto El Cerillo, éste encuentra en la inhóspita metrópoli a un payaso vagabundo y ambos resultan paisanos, oriundos de la misma patria chica, adonde vuelven después de triunfar y donde son recibidos como héroes por toda la población a la cual se une hasta la malvada tía de Beto.

Especialmente se hizo notar en el papel protagónico de esta historia de un cerillo, el niño René García que canta y actúa como un verdadero actor, de muchas "tablas". Como el payaso, Enrique Alonso no deja de ser el actor experimentado de siempre.

No pudo menos que extrañar el sugestivo y poético espectáculo anterior: Si todos los niños del mundo. Y Enrique Alonso prometió volver a representarlo a la primera oportunidad.