FICHA TÉCNICA



Título obra Sé infiel... y no mires con quién

Autoría Ray Gosney

Dirección Manolo García

Elenco Jorge Ortiz de Pinedo, Lucy Gallardo, Sergio Ramos, Carmen Salas

Escenografía David Antón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Se infiel... y no mires con quién”, en El Día, 31 octubre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Sé infiel... y no mires con quién

Malkah Rabell

Un poco de frivolidad no hace daño a nadie. No existen malos géneros, sino malos espectáculos. Más vale una comedia ligera bien hecha y bien puesta, que un drama pretencioso, mal escrito y mal puesto en escena. En el caso de esta comedia inglesa: Sé infiel ... no mires con quien, se trata de una de esas obras de "los bulevares" que en todos los bulevares del mundo son iguales: un poco de sal y pimienta; los cónyuges que se engañan mutuamente; una buena cantidad de chistes a doble sentido y de situaciones equívocas, y todo ello en un decorado de salón de las clases pudientes. He aquí la receta. La diferencia entre un autor y otro, es la gracia y la capacidad creativa de algunos. El nombre de Ray Gosney me resulta desconocido. Pero es menester admitir que conoce a la perfección su oficio. Porque esta clase de realizaciones escénicas son más debidas a oficio que al arte. Ray Gosney sabe hacer reír a su público con gracia y habilidad. Si además al servicio de esta habilidad escénica se pone un buen reparto, como en este caso; una dirección que sin llegar a grandes alturas artísticas ni a una originalidad especial, pero que sabe mantener la disciplina en el foro, el orden y no enredarse, ni permitir que los actores se enreden en tantos enredos, como en el caso de la dirección de Manolo García; además una agradable escenografía de David Antón, puede decirse que con todo ello se logró un buen espectáculo, digno del público al cual va dirigida la clase media que en todas partes del mundo, desde París a Nueva York, y desde Londres, Madrid, Roma y México, llena las salas que presentan a los comediógrafos como Ray Gosney o Alfonso Paso.

Pues bien, esta obra en dos actos: Sé infiel ... y no mires con quién —no sé si el título es el original, pero así parece por la semejanza del tema—, su primer acto deja bastante, indiferente y frío. Es apenas el esquema que se dibuja en el escenario; los personajes se presentan y llegamos a suponer las aventuras siguientes. Pero el segundo, adquiere un ritmo cada vez más precipitado, más intenso; con enredos cada vez más complicados, a tal punto que ni el autor mismo sabe cómo desenredarlos, y encuentra un final de lo más impensado. Este segundo acto obliga a la risa hasta a los más resistentes, a los más recalcitrantes. Entre quienes me encontraba. Y he de admitir que a pesar de mi mal humor, terminé divirtiéndome como un enano.

La dirección mantuvo al reparto muy alejado de cualquier exageración, ¡Nada de caricaturesco! Los papeles no eran excesivamente importantes, ni daban muchas posibilidades creativas, salvo, quizá la figura del decorador, Óscar, quien se hace pasar por un homosexual, sin serlo, pero que lo cree conveniente para su profesión. En este papel Jorge Ortiz de Pinedo —a quien en su tiempo de actor de la Compañía Nacional llegamos a considerar una de las grandes esperanzas de la juventud del teatro mexicano—, parece que volvió por sus fueros, a la comedia frívola que lo nutrió desde los pañales maternos. Usó para su personaje los "trucos" y los "tics" habituales en tales interpretaciones pero lo hizo con una facilidad tal, con tanta naturalidad histriónica, que sólo tienen los actores natos. Lucy Gallardo, la estupenda comediante, no tuvo mucha posibilidad de lucirse especialmente en un personaje de señora de su casa, ni siquiera tuvo oportunidad de lucir su ya famosa elegancia. De igual falta de ocasiones de lucirse sufrieron Sergio Ramos y Javier Marc en sus papeles de maridos, uno clásicamente fiel, y el otro clásicamente infiel. Pero eran muy correctos, muy estrictamente apegados a sus personajes. ¡Nada de sobreactuación para hacer reír a como de lugar! La risa surgía de las situaciones v de la corrección con la cual les actores las llevaban a cabo, Una presencia episódica que resultaba especialmente agradable fue la de Carmen Salas. Creó un personaje de carácter, una autora de literatura infantil, que captaba la atención del espectador desde su aparición, hasta el final de la obra.

Para quienes desean reír y olvidarse del smog, del desempleo, de la carestía y de otras menudencias, he aquí una buena oportunidad ... y sin complejos de culpa.