FICHA TÉCNICA



Título obra Dar es a todo dar

Autoría Rafael Pimentel

Dirección Rafael Pimentel

Elenco Patricia Morales, Ausencio Cruz, Mario Tamez, Rafael Pimentel

Espacios teatrales Auditorio del Congreso del Trabajo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El niño y la pantomima con mimos meyerholdianos”, en El Día, 22 octubre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El niño y la pantomima con mimos meyerholdianos

Malkah Rabell

El famoso y controvertido director de escena ruso, Vsovelod Meyerhold, el creador de la "biomecánica" en el teatro contemporáneo, pensaba que un actor debe ser "mimo, payaso, acróbata, bailarín y además intérprete dramático, y hasta trágico". Lo que más atraía a este "constructivista" era el circo y el music-hall; aspiraba a un dinamismo que llevara a la alegría, uniendo al actor y al espectador, e iniciaba el adiestramiento del actor cada vez más atraído por la pantomima, como espectáculo puro, o como él decía: "La muda elocuencia del cuerpo puede hacer milagros... la palabra no es más que un bordado sobre el cañamazo del movimiento". El grupo "Peña de los Mimos", de la "Carpa Geodésica", que se presenta actualmente en el auditorio del "Congreso del Trabajo" bajo los auspicios del FONAPAS, con un espectáculo infantil denominada: Dar es a todo dar, parece presentar todas les exigencias —salvando las distancias y a nivel del niño—, de las teorías meyerholdianas. Sus intérpretes son mimos, payasos, acróbatas y actores. El mismo grupo, dirigido por Rafael Pimentel, en su espectáculo infantil anterior: Los actoreses, aún reunía diversos elementos, como canto, baile, máscaras, tema y mensaje interpretativo. En esta nueva representación, con su dirección y libreto igualmente debidos a Pimentel, el grupo se reduce casi exclusivamente a la pantomima, y la palabra sólo sirve como "un bordado sobre el cañamazo del movimiento".

Espectáculo lleno de alegría, de dinamismo, de entusiasmo, que mantiene un constante puente de unión entre intérprete y espectador, entre el mimo-payaso y el niño. Porque esos mimos de nuevo cuño, se inspiran en el circo y tratan de poner la pantomima a nivel infantil, a nivel de la comprensión de niños desde 2 hasta 12 años, sin jamás caer en la melancolía romántica del Pierrot. La mayor parte de la representación la dedican a historietas pantomímicas cuyo significado los niños han de adivinar. Y es increíble la rapidez infantil para captar el sentido de toda clase de imágenes que para el adulto son enigmas. Cuando yo creía que se trataba de un pájaro, los niños que llenaban la inmensa sala gritaban a voz en cuello: "¡Aviones... son aviones!" Cuando yo pensaba que se trataba de un barco, ellos ya dan la auténtica explicación que aún no entiendo. Y así gritaban para la motocicleta, para la escena de guerra, para la carrera de caballos, y sobre todo cuando se trataba de pequeños sketch mudos que el infantil auditorio presenciaba en un silencio religioso, para al final estallar todos a la vez en un coro de explicaciones acerca de los breves dramas. Y era preciosa la pantomima de los 2 payasos que se dedican a hinchar globos, y en una tierna escena final intercambian sus bienes, se reparten fraternalmente sus hábitos, porque: ¡dar es a todo dar!

Y cuando para finalizar el espectáculo, llamados por los 4 actores que forman el equipo: Patricia Morales, Ausencio Cruz, Mario Tamez y Rafael Pimentel, los niños acuden al escenario, la barrera entre escena y sala se rompe definitivamente, y es otra nueva y distinta representación que se organiza. En el escenario, la multitud de niños, gritan, bailan, cantan, aprenden los fundamentos de la pantomima, aprenden la carrera, la caminata, el vuelo y el nado, se transforman en peces, gatos y perros. Y como suele suceder a menudo, de inmediato la multitud —la infantil por igual que la adulta— encuentra a un líder Y en el escenario una niñita de unos 8 años encabezó voluntariamente a sus compañeritos, llevándolos al compás de la música en las más heterogéneas evoluciones.

Rara vez he asistido a tanto entusiasmo infantil, a un espectáculo donde los intérpretes no perdían un minuto en recuperar el resuello, dedicados en un ritmo endiablado, a sostener permanentemente el interés infantil, que nunca decaía.

En este año dedicado al niño, no pierdan la oportunidad de llevar a sus hijos menores los domingos a mediodía, al teatro del Congreso del Trabajo. La entrada es libre y el espectáculo tiene la ambición de atraer a niños de toda la ciudad y no sólo a los de la Unidad Tlatelolco.