FICHA TÉCNICA



Título obra Rodolfo Usigli estuvo enojado con nosotros durante mucho tiempo

Notas de autoría Adaptación a textos de Rodolfo Usigli

Dirección Germán Castillo

Elenco Delia Casanova, Juan de la Loza, Teresa Valenzuela, Carlota Villagrán, Miguel Rodarte, Claudia Negrete

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Espectáculo homenaje a Usigli, de título demasiado largo”, en El Día, 31 agosto 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Espectáculo homenaje a Usigli, de título demasiado largo

Malkah Rabell

El grupo universitario dirigido por Germán Castillo para homenajear al recientemente fallecido dramaturgo eligió para su representación un titulo de lo más adecuado, cuyo sentido del humor no hubiese dejado de festejar un autor tan amante de Shaw como Usigli. Título que reza: Rodolfo Usigli estuvo enojado con nosotros durante mucho tiempo. ¿Y con quién no estuvo enojado Usigli? El enojo hacía parte de su peculiar manera de ser, era su segunda naturaleza. Parecía el hombre menos capaz de desarrollar una actividad diplomática, el hombre menos apropiado para la diplomacia. No obstante ocupó durante largo tiempo puestos de embajador en diversos países. Tal vez debido a que sus amigos preferían tenerlo lo más lejos posible. Mas, Germán Castillo a veces daba la impresión de devolverle el enojo, y como para demostrar que tratábase tan sólo de un autor de melodramas, escogió textos que únicamente valen por la atracción que tuvieron sobre el gran público. Tales como La diadema, o Jano es una muchacha o La mujer no hace milagros. Tampoco la dirección fue excesivamente cuidada. Tal vez la puesta en escena no pudo contar con el suficiente tiempo. Los 3 sillones de oficina en el escenario como toda escenografía no sólo daban un aire de pobreza a toda la representación, sino a veces parecía absurda esa necesidad de girar en torno de las sillas, o de sacar de los sillones —como un prestidigitador de su sombrero de copa— los objetos más indispensables para la actuación.

Por fortuna, los fragmentos de los arriba mencionados melodramas, se hallaban contrabalanceados por una escena de El gesticulador —ni la mejor escena, ni muy bien puesta—; y otra de El Presidente y el ideal. En esta última por fin Germán Castillo vuelve a sus hábitos de excelente director y hace gala de imaginación creativa. Cubre las figuras de los actores con siluetas de fantoches articulados movidos por piolines y transportados por los mismos intérpretes, quienes hablan detrás de unas máscaras transparentes, recordando la mordaz ironía de Usigli cuando enjuiciaba a políticos, generales y dictadores.

Otra escena dotada de gracia fue la de La crítica a la mujer no hace milagros, una supuesta representación de una comedia usigliana, a críticos y cronistas. Y aunque no entiendo por qué agobia tanto a los cronistas y no hace cosa igual con el único critico en escena, no pude menos que divertirme con los parlamentos malévolamente estúpidos que pone en boca de unos y otros, Pero sobre todo me gustó el hallazgo de Germán Castillo al vestir de una especie de túnicas negras y poner en sus cabezas unos sombreros hongos, haciendo caminar a sus protagonistas al estilo chaplinesco.

Pero lo más inteligente del montaje de ese Rodolfo Usigli estuvo enojado con nosotros durante mucho tiempo, fue la introducción de textos ajenos al dramaturgo y debidos al teórico, al maestro, al educador de los hombres de teatro mexicano, que siempre fue la gran preocupación de Usigli. Texto como el debido a su Anatomía del Teatro donde el autor asegura que el teatro mexicano necesita realismo. Lo que me parece muy sensato. Cuando un teatro se encuentra en la fase de atraer y formar público aún poco preparado en este campo, lo más adecuado para tal tarea es el realismo, un teatro que sin caer en excesivas facilidades ni lacrimosas sensiblerías para amas de casa, sepa ser claro y comprensible para la mayoría. Lástima que el director no haya recurrido a mayor cantidad de esos textos teóricos.

En cuanto al elemento humano —tal como Usigli en su Anatomía llama a los actores ("El teatro usa hombres, coma el pintor usa pintura, el joyero piedras preciosas y el escultor marfil o bronce", cito de memoria)— consistía en seis actores jóvenes: Delia Casanova, Juan de la Loza, Teresa Valenzuela, Carlota Villagrán, Miguel Rodarte y Claudia Negrete. No puedo opinar de nadie en particular porque los desconozco y no sé quién es quién, ya que en el programa no se menciona los papeles que cada quien interpreta. Hay un denominador común entre todos: su falta de profesionalismo, o de oficio si prefieren. Casi todos tenían una especie de carencia de espontaneidad escénica. Algunos bajaban excesivamente la voz, o de repente, sín necesidad alguna, la engolaban. Son actores que más bien se pueden considerar en plan estudiantil.