FICHA TÉCNICA



Título obra Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny

Autoría Bertold Brecht

Grupos y compañías Grupo de teatro del Instituto Alemán de Guadalajara

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Eventos II temporada de lo mejor del teatro de provincia en México

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny”, en El Día, 1 agosto 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny de Brecht

Malkah Rabell

La ventaja de las obras de Bertold Brecht es que nunca las terminaba de pulir ni les daba la definitiva medida en su escritorio. Siempre había —y hay la posibilidad de encontrarles nuevas facetas en el escenario. El propio dramaturgo, en su carácter de director de escena, no dejaba de hacerlo. He visto Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny en distintas versiones y cada vez le pude encontrar nuevos aspectos. Una compañía alemana de visita hace unos años en México, la ofreció con su música original "en vivo", lo que permitió a sus componentes dar libre vuelo a sus bellas voces, y la obra adquirió su real característica de ópera. Otra versión fue la que presentó en el Teatro Milán, un grupo de la UNAM, y aun cuando sin cantantes, la dirección encontró numerosos hallazgos plásticos tanto en la actuación como en la escenografía.

En la actual versión que nos ofreció durante varios días en el Teatro Jiménez Rueda el grupo de teatro del Instituto Alemán de Guadalajara en el transcurso de la II Temporada de Lo mejor del teatro de provincia en México, la puesta en escena nada halló para realizar el texto. Nos trasmitían a todo volumen la música de grabaciones alemanas con letra en este idioma, en tanto en el foro los intérpretes cantaban en español —y a veces en inglés, por si no nos dábamos cuenta que la imaginaria ciudad de Mahagonny, tan claramente inspirada por las películas del Oeste, simbolizaba los Estados Unidos—. Este simultáneo canto; en 2 idiomas por 2 conjuntos distintos creaba una auténtica cacofonía. Si los actores no sabían cantar ¿por qué simplemente no movían los labios? como lo hacen en muchos casos otras compañías, y siempre —para mi modo de ver— con igual desastroso resultado. Cuando una obra exige canto y música, representarla con grabaciones de voces ajenas es simplemente un engaño.

Sin escenografía, con actores sin experiencia ni presencia, la representación adquirió un carácter de "agit-prop", tal como se llamaba entre las 2 guerras al "Teatro de agitación política", sobre todo de origen sindical y de tendencia comunista, que a menudo tenía en su repertorio obras de Brecht. Mas, por lo general ofrecía espectáculos al estilo de cabaret, sketchs, piezas en un acto coros hablados, etc., escritas y representadas por obreros, en los lugares más diversos, tanto en un escenario como en plena calle, y cuyos organizadores decían: "No queremos llevar al espectador proletario un arte superior, sino enseñarle a reflexionar". Con este concepto se oponían a la actitud de la social-democracia que opinaba: "El escenario es un buen medio de educación, pero con la condición de ofrecer al público buenos comediantes y buenas obras. Las representaciones de diletantes y de asociaciones de aficionados, en lugar de elevar el gusto artístico, termina por suprimir todo gusto".

Desde luego no es aquí el lugar para discutir quién tiene la razón. Acerca de ello se han escrito muchos libros y ha corrido mucha tinta. En el transcurso de más de 40 años, los mismos comunistas han cambiado muchas veces de opinión, y hasta su propio periódico berlinés en su tiempo reprochó al "Teatro Político" de Piscator su falta de arte. Pero en lo que concierne al espectáculo que hemos visto en el Jiménez Rueda nos recordó curiosamente la modalidad de los agit-prop, porque en lugar de actuación y de perfeccionamiento en los métodos dramáticos se contentaba en lanzar discursos bastante simples. Con los cuales el grupo del Instituto Alemán de Guadalajara logró sin esfuerzos cosechar entusiastas aplausos. No podemos mes tramos excesivamente severos con una compañía que no cuenta con muchos medios artísticos, y que en cambio cumple con una tarea educativa en su medio. Pero podemos reprocharle de que a falta de posibilidades para una obra de tanta dificultad como Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny podían haber buscado otra de más fácil realización, hasta entre el propio repertorio de Bertold Brecht, como sus obras "didácticas".

Lo triste es qué después de semejante representación uno empieza a dudar de la genialidad de Brecht.