FICHA TÉCNICA



Título obra Edipo

Notas de autoría Sófocles / autor de la obra teatral homónima; Irma Serrano / adaptación a musical

Dirección Maricela Lara

Elenco Irma Serrano, Dora Elsa Olea, Roberto Ballesteros

Coreografía Eduardo Florez

Espacios teatrales Teatro Fru-fru

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Edipo y la tigresa nocasta en el Fru-fru”, en El Día, 25 julio 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Edipo y la tigresa nocasta en el Fru-fru

Malkah Rabell

¿Será debido a su pertenencia al SAI que Irma Serrano concibió la ambición de hacer teatro clásico? ¡Ay, ay, ay, desdichada de ti! ¿Por qué no te quedaste en personajes como Nana y la Dama de las Camelias? La señora Serrano creyó que bastaba aburrir al público para "hacer clásico". En realidad, en este caso la Tigresa logró un tour de force: transformar la mejor tragedia clásica, la de Sófocles, Edipo, en un espectáculo de cabaret. O como lo anuncia el programa de mano: "Tragedia musical en dos actos de Irma Serrano, basada en personajes de la mitología griega". Por fortuna, Sófocles ya no está en condiciones de demandarla por plagio ni por derechos de autor, pero, Irma Serrano si no es muy original en su "creación" con la mitología griega, en cambio descubrió un nuevo género: la tragedia musical, para la cual ni sirviera se molestó en buscar un compositor. Simplemente le puso la música de Zorba el griego o algo parecido. También había unos bailecitos a lo Siempre en domingo. Aunque encontrábase gente en la sala que consideraba excelente la coreografía de Eduardo Florez lo que no me siento en condiciones de ratificar. Para mi una coreografía que se permite llevar al escenario una pareja de bailarines desnudos, él y ella, como si se tratara de una orgía, es tan alejada de el clásico, como todo lo demás en esta representación: la escenografía con sus escaleras cubiertas de terciopelo negro, su telón de fondo con diseños decorativos "abstractos" y sus formas doradas permanentes: el vestuario del "coro" que fluctuaban entre la falta completa de ropa y el amontonamiento de capas y velos que hacía parecerse a sus integrantes a un conjunto árabe dispuesto a lanzarse a una expedición en el desierto del Sahara. Algunos integrantes de ese "coro" se cubrían la espalda de pieles y dejaban al descubierto pecho piernas. ¿Tenían calor o tenían frío? Otros parecían los reyes magos o quirománticos. En fin, ni la lógica ni la arqueología tienen cabida en este caso, y se trataba de un conjunto de elementos tan absurdos que ni siquiera provocaban enojo, sino risa.

Igualmente nos hacía reír la señora Irma Serrano, como Yocasta, cubierta de transparentes velos dorados, que se deslizaban, por "accidente" justo en el momento oportuno, dejando el desnudo ya un seno, ya el otro. Es la primera vez en mi vida que oigo semejantes tonos en un personaje de Sófocles, más dignos de una gata que de una tigresa. Involuntariamente el espectáculo se iba transformando en una farsa, y a cada rato esperábamos que la protagonista iniciara una canción ranchera. Desde luego, esta extraordinaria obra de Sófocles, tiene escenas de tan trágica fuerza que ni siquiera la señora Serrano, ronca y todo, pudo arruinar. Por fortuna tuvo a su lado a un joven actor universitario, Roberto Ballesteros (¿recuerdan la puesta en escena de Gurrola: Lástima que sea puta, donde Ballesteros intervenía en una de las figuras centrales?), quien, en el papel de Edipo apareció como un soplo de aire fresco en un ambiente sofocante: hermosa dicción, buena presencia y temperamento dramático. También otra actriz en una episódica aparición de corintia, Dora Elsa Olea, tenía una voz vigorosa, una dicción clara y una actuación medida. Del resto del conjunto más vale no hablar. Y en cuanto a la dirección escénica de Maricela Lara, con la descripción del espectáculo ya queda todo dicho... Y aún me guardo mucho en el tintero. ¿Para qué agobiar con mayores detalles al lector? Sólo me pregunto: ¿ésta dirección se debe realmente a Maricela Lara, o es debida en buena parte a la empresaria, dueña del teatro y primera figura de la compañía: Irma Serrano?, que tiene fama de dejar muy poca libertad a quienes contrata para la dirección.