FICHA TÉCNICA



Título obra Nuestra Natacha

Autoría Alejandro Casona

Elenco Ana María Blanch (Anita)

Espacios teatrales Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Don Juan y Palillo, Doña Inés y Natacha”, en Novedades, 9 noviembre 1945.




Título obra Don Juan Tenorio

Autoría José Zorrilla

Notas Reposiciones y parodias de Don Juan Tenorio en los teatros de la ciudad de México

Referencia Armando de Maria y Campos, “Don Juan y Palillo, Doña Inés y Natacha”, en Novedades, 9 noviembre 1945.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Don Juan y Palillo, Doña Inés y Natacha

Armando de Maria y Campos

Como todos los años, ha vuelto don Juan, y con la nueva visita del personaje de Zorrilla, que con éste lleva ciento un años de pisar nuestros escenarios, también ha hecho su aparición la literatura en torno del legendario personaje protagonista de romances y piezas de teatro españolas muchos años antes de que nacieran los abuelos de su creador definitivo.

Bien que los jóvenes cronistas descubren en sus incipientes crónicas los orígenes, de puro sabidos ya olvidados, del incansable y voluble amador –o castigador– de mujeres, pero resulta cómico que cronistas veteranos en la crónica de teatro insistan en elucubrar sobre don Juan, descubriéndonos, de paso, a nuestros actores de casa, buscando nuevo pretexto para deprimirlos, y de paso, asegurar que todo lo que no es México, es bueno, mejor que lo nuestro.

En su afán de descubrir, a veces descubren los cronistas que ignoran cuanto de excelente se ha visto y se sabe de teatro entre nosotros, su propio juego, ay, no siempre favorable a nuestros valores consagrados, que no precisan de comparaciones con respetables y estimables artistas peninsulares para merecer un lugar en el teatro en español, que no es, naturalmente, únicamente el teatro de España. Decimos esto a propósito de la reciente interpretación de La malquerida, que María Tereza Montoya representó en España, no para buscar aprobación, ni para alcanzar meta, sino para demostrar cómo se puede llegar a la cumbre de una carrera naciendo y creciendo en casa propia. Perdónesenos la satisfacción, pero en el caso de la Montoya nos llena de orgullo haberla visto cuajar entre nosotros. Dejemos en paz los huesos de María Guerrero y no equivoquemos a nuestros artistas jóvenes con la deprimente sugestión de que si no merecen la aprobación de los públicos españoles no alcanzarán la consagración soñada.

Y también a don Juan, y a Zorrilla, y aun a Marañón. El Tenorio en noviembre mexicano es un hábito, pero este hábito no hace al teatro en México. Como no lo hace, no lo hará, ésta o aquélla exhumación de Ibsen o de Wilde, autores de quienes se ha escrito tanto, que como no sea para empatar a los burgueses del teatro, poco o nada nuevo puede escribirse.

Volvamos al Tenorio, refugiado –y no deja de ser un síntoma– detrás de los micrófonos, quizás para que no lo vean. Unicamente dos teatros lo llevaron a escena, y en ninguno de los dos el personaje fue interpretado por un solo actor. En el Fábregas, lo hicieron Ricardo Mondragón, que fue quien mejor lo dijo, Julio Villareal, que fue quien más lo dominó y el cubano Emilio Casado, muy discreto en general, pero más declamador que actor. En el Fábregas, Carlos López Moctezuma, que lo hizo en zumbón e irónico, y Fernando Mendoza, fogoso, gallardo y calavera. María Tereza Montoya dijo con su dignidad habitual la Inés del Bellas Artes, y se vieron muy lindas en el Fábregas, Josefina Ortega, ya una excelente actriz, y Gloria Marín. Excepción hecha de doña Prudencia Grifell, que hizo en el Fábregas una Brígida excelente, y de Aurora Cortés que en el mismo coliseo demostró en un papel secundario lo buena actriz que es, los dos repartos del doble Tenorio, se portaron como lo hacen cuando se trata de bolos. El público se mostró menos entusiasmado que otros años.

Los tres teatros frívolos hicieron la acostumbrada parodia, reduciéndola tanto en el Lírico, como en el Nacional y el Colonial a la actualidad política más palpitante. En el Lírico la revistilla se tituló Don Juan Palillo o el Tenorio de México, y el desconcertante cómico tapatío hizo sus cosas, sin sujetarse al libreto y divirtiendo a la parroquia habitual. Menos afortunados estuvieron los autores y actores del Colonial con su piecesilla Don Juan Domínguez o una cosa es San Miguel y otra cosa es Ezequiel, título eutrapélico que no corresponde a la simpleza de espectáculo. Los autores del Nacional se redujeron a titular Don Juan Tenorio Atómico, una serie de números, uno nada más dedicado al personal de Zorrilla.

Como Casona es autor que se menciona con frecuencia entre cómicos y cinematografistas, las hermanas Blanch se acordaron de él esta semana, y llevaron a escena en el Ideal su comedia Nuestra Natacha, que sin ser ya de actualidad ni en España ni en México, se escucha con interés, y se ve con la tristeza de las modas que pasan. Anita Blanch no logró borrar el recuerdo de las Natachas que nos hicieron Margarita Xirgu y Pepita Díaz.