FICHA TÉCNICA



Título obra El canto del fantoche lusitano

Autoría Peter Weiss

Dirección Mercedes de la Cruz

Elenco José Luis Aguilar, Rodolfo Alvarado, Gloria Guillaumin, Marcelo López, Dolores Ochoa

Escenografía Ernesto Bautista

Coreografía Alejandro Schwartz

Notas de Música Luis Andrés Loya, Álvaro Martínez Moranto, Arturo Ortiz

Vestuario Juan José Guillén

Grupos y compañías Escuadra, grupo de los Talleres de Actuación de la Universidad Veracruzana

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Canto del fantoche lusitano por la Universidad Veracruzana”, en El Día, 4 julio 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Canto del fantoche lusitano por la Universidad Veracruzana

Malkah Rabell

Siempre consideré que la mejor manera de presentar un problema determinado en el escenario, es por medio de una acción dramática, la que más rápido y directamente llega al corazón y el entendimiento del espectador. La representación que ofrece el grupo "Escuadra" de los Talleres de Actuación de la Universidad Veracruzana de la obra de Peter Weiss: El canto del fantoche lusitano se basa en la documentación. ¡Un documento dramatizado y hasta. versificado! Donde el autor demuestra muchos conocimientos sociológicos de la situación del Africa Negra, pero no los liga por un hilo temático alguno. Emplea en este caso el mismo procedimiento que usó para Indagación en el proceso llevado a cabo en Frankfurt a los culpables del genocidio de Auschwitz. Quizá para un grupo como "Escuadra", que según ellos mismos declaran: "Somos estudiantes de artes plásticas, de arquitectura, de literatura, no somos actores; sólo jóvenes a quienes el teatro ha reunido para gritar desde el foro nuestra indignación y lanzar una protesta que contribuya a un cambio social basado en la justicia y la verdad", pues para un grupo basado mayormente en la política que en el arte, resulta de mayor poder expresarse a través de un documento que de un drama.

Un documento abarca mucho más y ahonda mucho menos que un drama en cuanto a los problemas individuales. En ese "collage" de noticias, especie de revista política, o de "agit-prop" — "agitación proletaria", como solía llamarse al teatro de agitación política en época de preguerra—, Peter Weiss lanza una luz cruda y desgarradora, sobre el Africa Negra que desde siglos se halla explotada, oprimida y hasta esclavizada por potencias colonizadoras. El título sugiere como protagonista al Portugal. Pero la misma lucha y los mismos problemas pueden aplicarse al Congo Belga, a las ex-posesiones británicas o francesas. En el drama del poeta oriundo de la Martinica, Aimé Cesaire: Una temporada en el Congo, la situación política-geográfica se hace más clara y determinada para el público; a través de tres actos se logra entender mejor las condiciones históricas y contemporáneas del país. En cambio en El fantoche lusitano a fuerza de abarcar mucho a menudo la acción se hace confusa y perdemos el hilo de los acontecimientos y de los puntos geográficos donde se desenvuelven. En la obra de Weiss el poder de Portugal parece abarcar todo el continente africano, en tanto el propio Portugal, que no estuvo menos oprimido bajo la dictadura local, casi no aparece en el escenario ni es mencionado.

No obstante, ciertos episodios son emotivos, como la escena de la mujer trabajadora que describe la miseria de su hogar, y la angustia de su encierro en un calabozo en tanto toda su familia ignora su paradero. Este documento sociológico, en el lenguaje de un artista como Peter Weiss con frecuencia adquiere su auténtica emoción, la del drama de un pueblo, de una raza, de un continente. Cada detalle de esa lucha y de ese drama se presenta en rápidas imágenes, en breves episodios, en cortas frases a menudo repetidas como un canto, que subraya una actuación estructurada en la técnica corporal... Lo que no impide que el breve grupo de cinco jóvenes intérpretes: José Luis Aguilar, Rodolfo Alvarado, Gloria Guillaumín, Marcelo López y Dolores Ochoa, demuestren una dicción muy clara. La dirección de Mercedes de la Cruz parece imponer a toda la actuación como un ritmo coreográfico, en tanto la propia coreografía pertenece a Alejandro Schwartz. La música, que se expresa únicamente por medio de instrumentos de percusión, tocados por Luis Andrés Loya, Alvaro Martínez Moranto y Arturo Ortiz, crea una atmósfera exótica, extraña, por igual que esas máscaras pintadas directamente sobre los rostros de los intérpretes, sugieren las costumbres-tribales africanas. En cambio la escenografía de Ernesto Bautista, que rodea el escenario de rejas, más bien insinúa un universo carcelario sin límites.