FICHA TÉCNICA



Notas Balance del IX Festival de Teatro Estudiantil del Instituto Politécnico Nacional

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Festival de teatro en el Instituto Politécnico”, en El Día, 27 junio 1979, p. 23.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Festival de teatro en el Instituto Politécnico

Malkah Rabell

Después de 10 años de receso, el Instituto Politécnico Nacional volvió a realizar un festival de teatro en uno de sus locales, el auditorio A, que contó con la presentación de 13 grupos; 11 de ellos estudiantiles y 2 de la Difusión Cultural del mismo instituto. Desde luego, es necesario tomar en consideración que la labor de todos esos conjuntos no sobrepasó el nivel de aficionados, y desde este punto de vista lo juzgó el jurado llamado para seleccionar y galardonear a los más destacados. La misma Dirección de Difusión Cultural, al lanzar la convocatoria para este IX Festival de Teatro Estudiantil del IPN, perseguía, antes que nada, como objetivos: "Fomentar, estimular y orientar la actividad teatral entre los estudiantes; propiciar y contribuir al desarrollo del movimiento teatral, factor importante de la cultura". Objetivos muy comprensibles en una institución de enseñanza técnica donde los elementos humanísticos no abundan en las aulas. Para fomentar el interés hacia esa actividad, el festival otorgaba a los ganadores los siguientes premios: "Al mejor grupo: –1o. 20 mil pesos; 2o. 10 mil pesos; 3o. 5 mil pesos; al mejor actor: premio único de 5 mil pesos; a la mejor actriz, premio único, 5 mil pesos; a la mejor escenografía, 5 mil pesos; y al mejor director estudiantil, 5 mil pesos".

Empero, por más buena voluntad que se tenga y por más que se tome en consideración todas las dificultades a las que esta casa de estudios técnicos ha de sobreponerse en el campo humanístico, no es posible ignorar todas las debilidades de las cuales adolecía este evento. De los 13 grupos que se presentaron, quizá 3 ó 4 demostraron ciertos conocimientos escénicos y ciertas inclinaciones histriónicas. Por más que la convocatoria proponía a los grupos interesados la asesoría de maestros de las sendas escuelas, o bien la de los maestros de teatro de Difusión Cultural del IPN, y hasta admitía que los interesados recurrieran a los consejos de cualquier otra institución teatral, lo que más se notaba era precisamente la falta de asesoramiento profesional.

Por lo general, cada festival posee, voluntaria o involuntariamente, un hilo unificador; creado por una determinada tendencia, por una peculiar concepción ya artística, va política, social o psicológica, tal vez debidas a las corrientes de la época. He asistido a festivales donde en la mayoría de los espectáculos se podía encontrar la misma propensión al parricidio: odio a mi padre, a mi madre, a mi maestro... En otros festivales se repetía la búsqueda vanguardista que exigía la anulación geográfica nacional. La acción en los lugares más extraños, tales como la luna o el vientre de la madre. Cualquier parte, con tal de que no sea México. Y por fin, he asistido a festivales donde a través de los distintos conjuntos, que probablemente se desconocían entre sí, se podía descubrir igual disposición política: simpatía hacia el terrorismo y los movimientos guerrilleros, así como distintos elementos que caracterizan la nueva izquierda.

En el presente Festival de Teatro Estudiantil del IPN sólo pudimos notar un rasgo en común: el repertorio de origen nacional o latinoamericano. Rasgo digno de felicitación. Fuera de ello, pese a tratarse de grupos unidos por la misma casa de estudios, no pudimos descubrir características unilaterales algunas. Un solo grupo, de nombre extraño: El ocaso del Rey Sol trató de basar su puesta en escena de La hora del té —debidas obra y dirección a Humberto Evoli Caro—, en elementos experimentales. Lamentablemente carecían de los conocimientos indispensables para semejante técnica. Es decir la base, que es la técnica formal. Mas, tampoco los grupos restantes, aunque recurrieron a técnicas tradicionales demostraron mayores conocimientos de las más elementales necesidades escénicas. Y fueron, naturalmente, los escasos grupos que contaron con el asesoramiento de directores de mayor profesionalidad que más destacaron. Entre éstos figuraron: Libertad, libertad, dirigida por Roberto Galván; Terremoto presentada la obra por un grupo dirigido por un maestro de teatro, Ramón Sevilla, y el conjunto que presentó Los albañiles, dirigido igualmente por un maestro de teatro del IPN Luis Ramón Luja. Un cuarto conjunto, el Humanidad, aunque no contó con el asesoramiento alguno, obtuvo el premio al 3o. grupo, más que nada por su trabajo en equipo en la obra de Rosario Castellanos: El eterno femenino dirigida por Benito Saldívar S. También pudo notarse cierta espontánea frescura en el conjunto que presentó: México 1900 bajo la dirección de Fernando Guzmán Ramos. La única escenografía que produjo cierto impacto fue la de Terremoto. Y en cuanto a actuaciones, no se puede aún hablar de individualidades en este campo. Aunque se ha adjudicado premios a Luis Ramón Luja por la interpretación de Jesús en Los albañiles y a Esther León en Sábado, D. F.

Probablemente este IX Festival de Teatro Estudiantil del IPN que viene a presentarse después de tantos años de receso, servirá de ejemplo y de aprendizaje para próximos experimentos en el mismo terreno.