FICHA TÉCNICA



Título obra Can-Can

Autoría Abe Burrows

Dirección José María Unsaín

Elenco Jaqueline Andere, Olivia Bucio, Jorge Vargas, Rodolfo Rodríguez, Sergio Zuán

Coreografía Robert Cirou

Música Cole Porter

Grupos y compañías Teatro Lírico

Productores Teatro de la Nación

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El can-can que el juez no supo bailar”, en El Día, 14 marzo 1979, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El can-can que el juez no supo bailar

Malkah Rabell

El único derecho a la vida de una opereta, o bien en nuestro caso, de la comedia musical, es la música y un espectáculo realizado con toda perfección. Si bien para Can-Can que se presenta en el Lírico bajo los auspicios del Teatro de la Nación, la música de Cole-Porter es muy melodiosa y la gente sale del teatro canturreando los temas más accesibles, no sucede lo mismo con la puesta en escena. Toda la representación adolece de imperfecciones, de mala actuación y hasta de fealdad. En resumen, un espectáculo mal hecho de principio hasta el final. Empezando por la producción, que es uno de los renglones para el cual la comedia musical exige un especial cuidado. En Can-Canla escenografía daba la impresión de ser hecha por un pintor de cantina de la Plaza Garibaldi, aunque el nombre anunciado en el programa de mano es Roberto Cirou, cuyas obras anteriores nunca he visto. Los colores eran de un chillón subido de tono con amarillos, verdes y azules, con angelitos, florecitas y pescaditos de "porcelana" blanca. Desde luego debía ser una burla del mal gusto de la época Fin du siecle, cuando en todas partes y especialmente en Francia reinaban las extravagancias y ridiculeces sentimentaloides de las damas burguesas, producto de los nuevos ricos de la III República. Pero lo que puso en escena Roberto Cirou no tenía nada que ver con Montmartre ni con la Belle Epoque, sino con la fealdad de todas las épocas, principalmente con la nuestra. A una modelo de los "artistas de la bohemia" la vistieron con un traje de baño moderno, y el pintor de la época del Art Nouveau exhibía cuadros abstractos y unas esculturas seguramente compradas en un negocio de regalos de la avenida Insurgentes. Mas lo peor eran esos decorados de papel: la cárcel con sus muros de piedras que temblaban como si fuera un terremoto; el Tribunal de paredes verdes temblequeantes y donde para presentar a un juez nuevo lo llaman para que entre en escena como si fuera una vedette. En cuanto al vestuario de las bailarinas, su vulgaridad tendría la excusa de que se trataba de lavanderas. Involuntariamente suspirábamos por el esfuerzo que siempre suelen hacer Manolo Fábregas o Julissa para lograr la perfección.

En cuanto a los actores, Jacqueline Andere, que es una excelente actriz dentro de un género serio, en el papel de "Pistache", la dueña de un cabaret, el único de Montmartre donde se baila Can-Can, estupendo personaje para Bárbara Streissand, no tenía nada que ver con la actriz que hace poco interpretó a la emperatriz Carlota. Papel de carácter, Pistache debe cantar, bailar y tener todos los dones de la comedia, que son muy especiales. En el caso de Jacqueline Andere, que hace todo lo posible, con verdadera pasión, para "ser" Pistache, para adquirir la personalidad de la protagonista, los esfuerzos se pierden. La comedia, el género musical y hasta el voudevil tienen una especial atracción para muchos actores del género serio. Más de una Ivonne Printemps ha dejado la tragedia clásica para ser una Mistinguette. Pero no siempre se puede lograrlo.

Bajo la dirección de José María Fernández Unsaín, tampoco el resto del reparto se luce en papeles bastante episódicos. Fuera de Olivia Bucio que me parece muy graciosa en el personaje de Claudine, joven, bonita que canta y baila, nadie se distingue. Jorge Vargas, como el galán cantante, tiene una linda voz y una buena presencia, pero para ser actor aún le falta mucho. Rodolfo Rodríguez en el papel del pintor dispuesto a todos los compromisos con tal de adquirir fama, es excesivamente payaso lo que le gusta mucho al público. Es más actor Sergio Zúan como el crítico Hilaire Jussac. Tampoco el cuerpo de danza es muy brillante, ni en su exterior ni en su arte.

En cambio, la comedia tiene gracia, buenas situaciones cómicas, con un argumento sentimental y un Happy-End que reúne a la heroína con su amado y "decente" juez, que no admite el Can-Can pero cae rendido en los brazos de Pistache. Todo ello, así como la música de Cole Porter, encantará al público, y creo que será motivo suficiente para que la comedia tenga larga vida en la sala de El Lírico.