FICHA TÉCNICA



Título obra Volpone

Autoría Ben Johnson

Notas de autoría Ignacio Retes / adaptación

Dirección Ignacio Retes

Elenco Luis Gimeno, Otto Sirgo, Fernando Mendoza, Yolanda Mérida, Flora Carreón

Coreografía Félida Medina

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Volpone en la compañía Nacional de teatro”, en El Día, 7 mayo 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Volpone en la Compañía Nacional de Teatro

Malkah Rabell

La Inglaterra de la Gran Isabel I era más fuerte que refinada. Por igual el famoso teatro isabelino poseía más fuerza dramática que refinamiento. Es en la comedia de aquello época donde mejor se puede observar eso tendencia a lo burdo. Y hasta el genial Shakespeare, cuando le tocaba enfrentar el género cómico, no temía usar en lenguaje subido de colores y pintar a sus personajes toscamente malhablados. Y la manera como el director de escena, Ignacio Retes, adaptó la farsa de Ben Jonhson, Volpone, a nuestra época, no le queda en zaga al original, y hasta se antoja que le dio más carácter de farsa de lo que el original permite, llegando o veces no tanto a lo obsceno como a lo grosero. La farsa ha sido menudo definido como uno "pura secuencia matemática de risas" Mas, resulta que el público que asistía al espectáculo en el teatro Jiménez Rueda sólo estallaba en carcajadas de tanto en tanto, Aunque las situaciones cómicas, que al final avanzaban rápidamente y a saltos hacia lo conclusión, apenas si dejaban tiempo a la reflexión, que esta no poco cruel crítica de lo avaricia y voracidad de toda una sociedad corrompida provoca, o debe provocar.

Hay una enorme diferencia entre Volpone y el Harpagón de Moliére, aunque a menudo los han comparado. Harpagón ama el dinero por el dinero, y los que lo rodean son víctimas de su avaricia. En tanto que el protagonista de Ben Jonson ama la aventura de la conquista de fortuna. los dos son –caracteres– muy bien estudiados, pero el primero pertenece a un Avaro típico, y el segundo más bien a un aventurero que se aprovecha de lo avaricia ajena en una sociedad donde la codicia y el cálculo estricto de los gastos reinaba desde lo Corte hasta el último hogar de un comerciante británico. Aunque el autor sitúa su acción en Venecia, la psicología y la sociología de su obra pertenece a Londres, ciudad tan comercial como lo era Venecia. El avaro no es Volpone, sino la ciudad donde vive y la gente que lo rodeo, dispuesta a todos los crímenes, mentiras, engaños y bajezas con tal de conseguir dinero, con tal de quedarse con la supuesta fortuna de Volpone. Rasgo que no deja de ser válido para todos los tiempos, igual que la corrupción en general y la de la justicia en particular lo que permitió a Retes la modernización de la obra. Si Moliere criticó a un hombre, a un tipo humano peculiar, la crítica de Ben Jonson se hace mucho más profundo y abarca a una Sociedad. Como Shakespeare, su contemporáneo Ben Jonson iba a lo social. Y Volpone casi podría resultar un pillo simpático, si el director no se empeñara en vestirlo de manera más ridícula e incomprensible, con ropa más digna de mujer que de este duro pillastre. Lo que lo hacía no solo repugnante, sino caricaturesco. Tal vez esta total caricaturización del protagonista como de la mayoría de los personajes que lo rodeaban, terminó por cansar y provocar un sentimiento de repudio en el espectador. Por lo menos en mí.

La representación contaba con un amplio reparto entre quienes figuraban Luis Gimeno en la figura central, con lo cual trató de hacer lo posible y lo imposible para tornarlo soportable, pero lograba muy poco en este sentido; Otto Sirgo, como el sirviente Mosca, parecía un personaje de la Commedia dell'Arte, lo que era el rasgo principal de todos los valets, de la época: ser tan pillos como sus amos y un poquito más. Durante la representación que me tocó ver no dejó de reírse de sus propios chistes (que no eran tan chistosos) y probablemente de sus propias morcillas; Fernando Mendoza ignoraba su papel pese a los dos años que la obra tiene ya en el repertorio de la C.N.T. O tal vez porque en dos años de raras representaciones de la obra tuvo tiempo de olvidarlo. Lo único que me pareció excelente, fue Yolanda Mérida en el papel de doña Urraca, en el cual superando todas las dificultades de tan antipático personaje, despertaba el interés del público. En cuanto a Flora Carreón parece que adquirió la situación en la Compañía de la actriz que se desviste. Si bien en Volpone sólo arrojaba parte de la ropa y quedaba en ropa menor, en Opereta ya progresó y arroja las ropa toda, quedando tal como llegó al mundo.

Quizá lo más sugestivo del espectáculo fue la ultra moderna escenografía de Félida Medina, donde, sin embargo, no logro explicarme lo presencia de papel impreso como elemento decorativo.