FICHA TÉCNICA



Título obra La llorona

Autoría Enrique Alonso

Dirección Enrique Alonso

Elenco Juan Ángel Martínez, Padre Anselmo, Alicia Bonet, Graciela Doring

Espacios teatrales Patio del Palacio de las Artesardas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La llorona”, en El Día, 23 abril 1979, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La llorona

Malkah Rabell

A su obra, La llorona, Enrique Alonso la llama "melodrama", género que en nuestros tiempos tiene mala fama, pero muchas virtudes que atraen no sólo al público mayoritario, sino hasta al más exigente que a menudo ni siquiera se da cuenta cómo son los elementos melodramáticos que lo "atrapan".

Pues bien, La llorona es un melodrama fuerte, basado en diversas leyendas del siglo XVI en México, donde el autor trata de subrayar el hecho de que una mujer (o un ser humano de cualquier sexo) cuando abandona a su raza para entregarse a un hombre extraño, termina por ser a su vez traicionada y lo pierde todo, tanto la fidelidad del hombre que la indujo) a seguirlo, coma el amor y el apoyo de su propia gente. Historia análoga a la de Medea, la Llorona como la otra mata a sus hijos por las mismas razones y su desgracia le viene de las mismas raíces: su propia infidelidad a su gente, a su raza, a su pueblo. Aunque, "filosóficamente" el concepto de traición es muy discutible en estos casos, sobre todo en México donde la historia demostró que la mezcla de razas dio lugar a un nuevo pueblo, y los matrimonios mixtos son la solución más pacífica, a largo plazo, a los odios raciales. Pero desde el punto de vista teatral, el problema de la Llorona desde el ángulo racial, resulta muy dramático. Sobre todo porque Enrique Alonso ha sabido, con su conocimiento de la técnica y del lenguaje teatrales, adjudicar la voz racial no a doña Leonor, la Llorona —quien por su educación es más española que india— sino a la nodriza, india pura, figura vengadora que se alza contra los verdugos de su pueblo.

También la dirección escénica se debía a Enrique Alonso, y hubo muchos momentos, numerosos episodios, cuando el público se olvidaba de la incomodidad de los asientos de madera y de la inclemencia nocturna bajo el cielo libre, y pese a las innumerables dificultades que este improvisado teatro en el patio del siglo XVI, en el así llamado "Palacio de las Artesanías"– presenta el espectáculo lograba fascinar, con su desfile de capas negras y de capuchones del mismo color de los hombres de Iglesia, o de la gente de Justicia que surgían de la oscuridad con sus lanzas y sus antorchas. La mayoría de los actores hacían gala de buenas voces, lo que era muy necesario en un espacio abierto, al aire libre. No hubo ninguna dificultad por escuchar el texto en boca de casi todos, pero especialmente en la de Juan Ángel Martínez, este joven actor que nos sorprendió en un papel de carácter, como el anciano Padre Anselmo, en boca de Rolando de Castro, buena presencia y buena dicción en su papel del dominicano Padre Quezada contrapunto, con su pretendida justicia desalmada, del anteriormente; igualmente tiene voz clara y buena dicción Alicia Bonet en el papel protagónico de la Llorona, doña Leonora, en el cual supo mantener el interés por su personaje a todo lo largo del espectáculo precisamente porque nunca buscó refinamientos de tragedia clásica, sino de espectáculo popular. Sobre todo nos encantó con su hermosa voz de contralto Graciela Doring, que logró crear una extraña figura en el personaje de la india Soledad, la nodriza, medio loca y medio profética. Lástima que en su última aparición, en la escena que ponía final a la obra, el deseo de subrayar las fallas de "esta tierra y de sus hijos" hasta la actualidad, la indujeron a un tono de mitin. Pero también esto lo podemos perdonar porque en fin perdonar porque a fin de cuentas estábamos frente a una representación que no tenía otra pretensión que la de un melodrama.

El espectáculo contaba con un reparto bastante numeroso y no podemos citar a todos. Semejante reparto no deja de ser un mérito especial en un tiempo cuando todo el mundo busca hacer economías y se contenta con el menor número de protagonistas.