FICHA TÉCNICA



Título obra Como la piel de judas

Notas de Título Pau de vache

Autoría Pierre Barillet y Jean Pierre Gredy

Notas de autoría Antonio Haro Oliva / traducción y adaptación

Dirección Manolo García

Elenco Nadia Haro Oliva, Rosa María Gallardo, Alberto Catalo, Antonio Miguel, Tere Mondragón, Ricardo Pascual, Carlos Riquelme

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Como la piel de judas, en el Arlequín”, en El Día, 2 abril 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Como la piel de Judas, en el Arlequín

Malkah Rabell

Único teatro que en México desde hace veinticinco años mantiene una actividad escénica ininterrumpida. El Arlequín acaba de estrenar una nueva comedia: Pau de vache, en su título original, de los comediógrafos franceses Barillet y Gredy, que en la traducción y adaptación de Antonio Haro Oliva adquirió la denominación española de Como la piel de judas.

Teatro que conquistó por su larga existencia una notoriedad de institución, donde un público fiel, temporada va, temporada viene, asiste a todos los estrenos, también esta Como la piel de judas, llenas todas las butacas, aunque esta obrita de bastante calidad en su género, parece divertir menos a los espectadores que otras numerosas comedias o farsas que en la misma sala han subido al escenario.

Hay obras que crean al actor, y hay actores que crean una obra. No es fácil definir lo que sucede en el caso de esa Piel de vaca. Sin duda, una actriz especializada en papeles de carácter podría elevar la categoría de representación y lucirse ella misma en sumo grado en ese personaje de Marión, la esposa arisca, mal hablada, y mal pensada de un famoso concertista, al cual ella domina, aplasta y protege a la vez. Y que él a su vez odia y ama, de quien está cansado, pero sin quien no puede vivir.

En el caso de Nadia Haro Oliva, que interpreta a Marión, ni el papel está dentro de sus posibilidades, ni todas las posibilidades del personaje logran crearle una aureola de gran actriz. Ni ella hace la obra ni la obra la hace a ella. La Nadia Haro Oliva —que lucía su graciosa figura y sus muy hermosas piernas— que pueden fácilmente hacer competencia a las de la Mistinguette, en tantos papeles de coquetas juveniles, en la caracterización de la arpía Marión, nada tiene que lucir. Treinta años de tablas la han dado suficiente rutina como para poder "imitar" las necesidades de un papel, pero las imitaciones no significan autenticidad. Darle a la voz un tono hombruno no significa darle a su personaje el tono auténtico, el tono verdadero.

Marión sigue siendo para el espectador lejana y muy poco convincente. Ni siquiera hace reír de buena gana, porque nunca contó con vis cómica. Y para provocar la carcajada, de una manera bastante forzada, usa constantemente las malas palabras, que no se sabe por qué tienen el don de hacer reír, sobre todo en boca de una mujer, y con más razón en boca de una mujer a pesar de todo, femenina y guapa. En labios de Nadia Haro Oliva, los "pinches", "caramba", "caray" o "carajo", adquirían la doble comicidad de chocar con el ligero acento extranjero de la protagonista.

En un papel mucho menos importante, el de la reportera que usa su "oficio" como medio para conquistar a sus entrevistados masculinos, personaje a través del cual los comediógrafos tratan de demostrar cuán falso puede ser la externa dulzura de una piel de melocotón, Rosa María Gallardo promete mucho, es joven, bonita y dúctil.

En el personaje de Alexis, el músico de fama, el marido de Marión, Carlos Riquelme se muestra igual al Riquelme de siempre igual a sí mismo. El resto del reparto, con personajes típicos de la campiña francesa, donde fueron a refugiarse Alexis y su esposa en busca de paz, Alberto Catalo, Antonio Miguel, Tere Mondragón, Ricardo de Pascual, como las populares figuras del veterinario, de los castellanos nuevos ricos y del vecino cazador, han encontrado acentos convincentes y el ritmo necesario, funcional de la comedia que bajo la dirección de Manolo García resulta un espectáculo digno, dentro de su género, el de la comedia de los "bulevares", tan aceptada por el público parisiense y que tampoco parece rechazada por el nuestro.