FICHA TÉCNICA



Título obra Hola Charlie

Autoría George Axelrod

Dirección Carlos Vasallo

Elenco Mauricio Garcés, Claudia Islas, Amparo Arozamena, Javier Ruán

Escenografía Carlos Vasallo

Espacios teatrales Teatro Insurgentes

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Hola Charlie”, en El Día, 26 mayo 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Hola,Charlie

Malkah Rabell

Cuando una representación llega a las 150 funciones, tanto el espectador como el crítico, que por indiferencia o descuido han dejado de verla, empiezan a preguntarse: ¿Y porqué tan prolongada temporada? ¡Algo ha de tener! En el caso de ¡Hola, Charlie!, presentada en el Teatro Insurgentes, la respuesta es fácil: ¡Tiene a Mauricio Garcés! Es bien sabido que –lamentablemente– el público mayoritario en México, va al teatro por los actores, y muy poco le importa el dramaturgo, la dirección y todo el resto. No obstante cuando la obra disgusta, ni siquiera un nombre popularizado por la televisión o por el cine basta. ¿Y qué le han visto a ese ¡Hola, Charlie! del norteamericano George Axelrod?

Desde el estreno, me han recomendado el espectáculo debido a que "tiene algo... una idea". Pero ya sea por una u otra causa, o simplemente por una resistencia subjetiva, siempre encontraba algún pretexto para no asistir. Hasta que por fin, debido a la pobreza de la cartelera de las últimas semanas, concurrí a una de esas representaciones de los sábados de fiebre, del sábado nocturno, cuando un público dispuesto a la diversión y a la risa, llenaba las más de 1,000 butacas del teatro Insurgentes. Y como yo misma no lograba divertirme –ni siquiera he sonreído una sola vez– me dediqué a observar la alegría ajena, que era grande.

¿Alta comedia o comedia fina? ¡No, nada de esto! Ni siquiera farsa. Más bien una "astracanada" cercana al burlesque, constantemente sobreactuada para halagar al público. El tema se reduce a muy poca cosa: una actriz cinematográfica, ha sido asesinada y en su segunda encarnación vuelve a este bajo mundo en una envoltura masculina. Como todo el mundo puede imaginarse, semejante argumento ofrece una cantidad de situaciones chuscas que Mauricio Garcés –Marilyn-Charlie– no deja de aprovechar hasta en sus mínimas posibilidades. Una parte de la obra lo hace como hombre convencido de ser mujer e inconsciente de su aspecto. Otra parte de la misma comedia lo hace de hombre ya consciente de sus "virtudes" varoniles, pero imposibilitado de escapar a sus anteriores seducciones femeninas. Sin ser farsa de homosexuales, cae forzosamente en ella, con un "ingenio" verbal que no pocas veces llega a lo obsceno. Tal vez la única sutileza del dramaturgo, fue subrayar que el protagonista, siendo hombre o siendo mujer sigue enamorado de la misma persona.

Con este pobre material era necesario hacer sonreír a un público no muy exigente, durante dos horas. Y Mauricio Garcés lo logró con creces. Su sola presencia en escena ya despertaba carcajadas en la sala. ¿Lo podemos considerar como un gran comediante? Sin duda la vis cómica es como su segunda naturaleza. Posee además una voz y una dicción clarísimas, no se pierde una palabra de lo que dice. Es muy hábil y es dueño de una inmensa experiencia en hacer reír. Pero en dos horas de actuación no logró ni por un momento dejar de ser él, él, y él, Mauricio Garcés, eternamente él mismo. Si lograra representar una sola escena dramática, emotiva, ajenas a su estereotipado personaje del hombre que hace reír, sería más difícil o más justificada una opinión positiva.

En cuanto a su partenaire, Claudia Islas, en este caso no hay duda posible. Es la peor actriz de México. O mejor dicho, ni siquiera es actriz. Casi no se la oye, ni se la entiende. No tiene ductilidad alguna, y se mantiene tan insensible y tiesa en el escenario como si estuviera de visita por puro azar. Amparo Arozamena es vulgar; tiene unas cuantas "triquiñuelas" histriónicas y las repite hasta el cansancio. El resto del conjunto tiene poco qué hacer, y aún menos qué ofrecer en el campo interpretativo, salvo Javier Ruán, que posee una buena dicción y una buena presencia, así como espontaneidad en sus actitudes.

En cuanto a la dirección de Carlos Vasallo, simplemente no existe, y la escenografía, también de Carlos Vasallo, tiene el encanto de una bandera de huelga, en rojo y negro.