FICHA TÉCNICA



Título obra A media luz, los tres

Autoría Miguel Mihura

Dirección Antulio Jiménez Pons

Elenco Irma Lozano, Javier Mark, Fernando Palavicini

Espacios teatrales Teatro 29 de diciembre

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. A media luz, los tres”, en El Día, 5 febrero 1979, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

A media luz los tres

Malkah Rabell

Creo que es inútil la pregunta: ¿por qué tres excelentes actores, como Irma Lozano, Javier Mark y Fernando Palavicini, eligieron una de las más flojas comedias de Miguel Mihura para presentarla en el teatro 29 de Diciembre? Las risas que permanentemente estallaban en la sala 29 de Diciembre donde asiste un público muy especial, eran la mejor respuesta. Es cierto que el actor está a menudo mucho más interesado en su papel que en la obra en su totalidad. Y los cuatro personajes: Paca, la sirvienta, Marivi la hippie, Elena la sofisticada, y Lulú la prostituta, que le tocaron interpretar a Irma Lozano, pudieron parecerle a la joven, guapa y talentosa actriz, una maravillosa oportunidad para lucirse en cuatro tipos distintos en una sola noche. Tampoco son carentes de posibilidades creativas el personaje del soltero empedernido que pone todas sus energías en la persecución de las mujeres y que le tocó a Javier Mark; y el del casado algo estúpido, pesado, preocupado tan sólo por los deportes acuáticos e indiferente ante el sexo débil que no obstante lo persigue, que interpretó Fernando Palavicini. Pero, sobre todo, un actor, como cualquier ser humano tiene que vivir de su trabajo, y si en México ni la Compañía Nacional de Teatro, ni el Teatro de la Nación, encuentran puestos suficientes para todos los actores del país que se lo merecen (en cambio sí lo encuentran para algunos que no lo merecen) los primeros no tienen otro remedio que acogerse al público del 29 de Diciembre y a los gustos de éste.

Siento decir que en las dos horas de espectáculo, en medio de las risas generales, personalmente no logré reírme una sola vez. ¿De quién la culpa? Indudablemente ha de ser mía y de mi falta de sentido del humor. No obstante de que Mihura es de los comediógrafos españoles a quien prefiero y me río mucho cuando lo leo. Pero lo prefiero cuando huye de la realidad cotidiana por medio de la fantasía, cuando trata de disociar de forma rotunda los planes de la escena y los de la calle, poniéndose teatralmente al margen, como en Tres sombreros de copa; o bien cuando enfrenta realidades que dejan de ser individuales y abarcan más bien una sociedad o un colectivo humano, como los españoles refugiados en Francia donde se han afrancesado y es en plan de superioridad que vuelven a su tierra, como en Ninette y un Señor de Murcia. En tanto A media luz los tres, recurre a un humor bastante común en la comedia española, la de los problemas del hombre enfrentando a la mujer perseguida. Hasta el hecho de que la misma actriz intérprete a los cuatro personajes femeninos de la obra bajo el pretexto de que Alfredo busca siempre el mismo tipo de mujer, no fue –creo– idea del autor sino de algún director de escena, cuya esposa trató de acaparar el lucimiento máximo. En muchas representaciones de la misma obra, los cuatro personajes son interpretados por actrices distintas, sin que por ello en nada disminuya el valor de la comedia. Tal vez muy al contrario.

En cuanto a Irma Lozano, la distancia entre un carácter y otro que trataba de imponer a sus personajes, era mínimo. A veces se olvidaba de la línea que trataba de imponer a alguna de sus caracterizaciones, e inesperadamente se iba en distinta dirección. El mejor personaje, El de la "mujer fichera" simplemente se le escapaba de las manos, y no supo darle ni la unidad ni la emoción que trató de imponerle el dramaturgo. En general el "truco" de interpretar varios personajes se ha hecho bastante gastado.

A su vez, las morcillas con las cuales los tres actores se empeñaban en adaptar la obra a la actualidad y al ambiente mexicano, eran de muy poca gracia. Fernando Palavicini se olvidaba constantemente que debía ser tonto y pesado. Con toda esa viveza de la cual hacía gala, no nos extrañaba nada que las mujeres lo persiguieran a él, a Javier Mark, tanto como a sus dos compañeros, le faltaba la vis cómica. Tres excelentes actores, que se empeñaban en ser cómicos, cuando no lo son... En realidad ni siquiera se puede decir que les faltaba vis cómica, que es algo abultado y pesado. Carecían más bien de ese instinto muy especial que tienen los actores de la "comedia de salón". y que es como un humor ligero y juguetón, que surge sin el menor esfuerzo. Del cual seguramente carecían Sarah Bernhard y Paul Muni.

En este espectáculo intervino un director de escena que por primera vez veo dirigir teatro "vivo"; Antulio Jiménez Pons, que siempre consideré como el mejor director de televisión en México. Su montaje de A media luz los tres se hallaba muy lejos de despertar la misma admiración.