FICHA TÉCNICA



Título obra Galileo Galilei

Autoría Bertolt Brecht

Dirección Eduardo Goycolea

Elenco Alejandro Rábago

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Galileo Galilei o el antihéroe”, en El Día, 22 enero 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Galileo Galilei o el antihéroe

Malkah Rabell

No es poco ambicioso el espectáculo que en el lejano teatro Legaria montó el joven director Eduardo Goycolea, con una de las más difíciles obras de Bertold Brecht: Galileo Galilei. Puesta en escena para la cual el director carecía de los elementos más imprescindibles: escenografía, vestuario y actores profesionales. Para sus 53 personajes, Goycolea contó con un solo actor de cierta experiencia histriónica: Alejandro Rábago, quien en el desempeño del protagonista; sin llegar a grandes alturas dramáticas, supo darle a ese genial sabio italiano con la mente siempre en el universo de las galaxias, pero con los pies en la Tierra, su carácter multifacético de antihéroe, figuras a quienes Brecht fue tan afecto. Rábago, un actor joven que ya promete mucho, pero a quien le falta madurar. Tampoco es sencillo, sin maquillaje, dar a su protagonizado las múltiples facetas, tanto físicas como anímicas, los múltiples cambios debidos a los años que pasan y de las circunstancias que varían, desde el joven Galileo que empieza su lucha contra milenarios prejuicios, hasta el anciano que termina su vida en una cárcel sin rejas, pero donde cada uno de sus pasos y cada una de sus expresiones ya escritas, ya orales, quedan controlados por los hombres de la Inquisición, al servicio de quienes se halla hasta su propia hija.

Obra repleta de tecnicismos científicos, que hace admirar la capacidad de Brecht por asimilar el mundo de su protagonista en toda su profundidad de matemático, físico y astrónomo, tratando de transmitir al público tanto la época histórica –siglos XVI y XVII–, como los conocimientos que en ellos imperaban. Mas, para el espectador NO idóneo se hace muy complejo asimilar a su vez ese mundo galileo-brechtiano. y no me parecía nada raro que tanto el público como los actores contaran con numerosos estudiantes de esas materias.

Y no obstante, pese a las dificultades por introducirse en ese universo vedado para nosotros tanto por el constante juego de las teorías científicas coetáneas como por la falta de acción, había en el transcurso de esas tres horas de representación, muchos episodios que nos atraían, nos interesaban y nos mantenían presos en su embrujo dramático. El ritmo de la representación nunca decaía, nunca se arrastraba, pese a lo cual los actores pronunciaban sus parlamentos con toda claridad, sin apresurarse, y entre los 17 intérpretes (que no puedo citar por temor de equivocarme, ya que no sé quién es quién), había algunos que tenían una dicción perfecta.

Mucho ayudaba a mantener el interés y la comprensión del espectador las bellísimas transparencias que en el fondo del escenario se proyectaban en tres distintas pantallas, que formaban casi toda la escenografía, aún cuando a veces estas proyecciones desviaban la atención del auditorio, no sólo por su estética, sino por la sugerencia de ideas políticas que tal vez no estaban en la mente del dramaturgo. Brecht sin duda alguna ha sido un hombre militante de ideología comunista. Pero se me hace muy difícil creer que Brecht trató de insinuar una semejanza entre Galileo y Einstein, entre la bomba atómica y las leyes de gravedad. Hay una enorme diferencia, una gran distancia entre el destino de ambos hombres, así como entre sus respectivas teorías científicas. Pero, tal vez la tesis de Galileo que consideraba la tierra como astro entre muchos otros en el firmamento, era en aquella época tan grave para las crónicas teológicas y logró tanta destrucción mental como la bomba atómica en el campo de la vida humana en la actualidad. Las teorías de Galileo fueron tan destructivas en su tiempo como la bomba atómica en la actualidad. Pero se me hace que Brecht pensó menos en esas semejanzas científicas abstractas, como lo sugiere el director, sino que más bien pensaba en algo político, muy diferente: la Inquisición, que obligó a Galileo a abdicar de sus ideas, sigue vigente en el mundo actual aunque tenga nombres distintos. Y si Brecht presenta a su protagonista como el anti-héroe, es porque Brecht también considera que más vale vivir oscuramente y ser útil, que morir en la gloria, sin servir a nada. Lo que traducido al lenguaje de la Biblia, significa: "Más vale perro vivo que león muerto".