FICHA TÉCNICA



Notas Balance del teatro en México, en 1978, en lo relativo a espectáculos y directores de escena

Referencia Malkah Rabell, “Panorama del teatro en México (II). Espectáculos y directores”, en El Día, 30 diciembre 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Panorama del teatro en México en 1978 (II)

Malkah Rabell

Resulta difícil emitir una opinión concreta y ponerse de acuerdo consigo mismo sobre un año tan multifacético desde todos los puntos de vista, ya cualitativos, ya cuantitativos, como ese 1978. Sería muy interesante saber cuántas compañías estuvieron activas y cuántas salas han sido ocupadas en el transcurso de los 12 meses que acaban de transcurrir. Según un cálculo aproximativo, pienso que han de ser de 30 a 35 salas. Con igual número de compañías.

En sus fases más importantes, fue un año rico en acontecimientos positivos, dentro los cuales se destacaron sobre todo las actividades de instituciones oficiales, tales como la Compañía Nacional. el Teatro de la Nación, la UNAM y la Universidad Veracruzana. Las empresas particulares más bien permanecieron relegadas al teatro frívolo, con alguna que otra representación digna de mencionarse, como fue: la comedia musical presentada por Manolo Fábregas en el teatro San Rafael: El diluvio que viene, que llamó la atención más por su brillante producción y su maquinaria escénica que por el contenido; en el extremo opuesto, una obra dramática que llamó la atención precisamente por su contenido: Si todos los hombres del mundo interpretada con fuerza dramática por Sergio Klainer y Abraham Stavans. Y entre estas 2 obras una comedia sin mayores pretensiones pero limpiamente puesta en escena y bien actuada por Amparo Rivelles en la figura central y por todo su conjunto en Acapulco, Madame... Un caso aparte, que en realidad no logra clasificarse, fue Cenizas una obra inglesa que dejó huella no por la dirección de Héctor Mendoza, sino por la indignación que despertó en gran parte del público y de la crítica por sus detalles escatológicos, y cuyo único rasgo positivo fue la excelente interpretación de Julieta Egurrola y Luis Rábago.

La Compañía Nacional de Teatro, tal como lo hizo en 1977, también en 1978 ofreció 6 nuevas representaciones, algunas de las cuales han despertado la indignación de numerosos colegas. Si el año pasado en 1977, nuestros eternos descontentos le han reprochado a la CNT el haber elegido 6 obras que ya hicieron sus pruebas de fuego en los escenarios internacionales y haber encargado sus puestas en escenas a directores que ya gozan de prestigio, en el año 78, le reprocharon lo contrario: el haber elegido obras poco conocidas y haber entregado su montaje a directores jóvenes y de vanguardia, por lo menos la mayoría de ellos. De los 6 espectáculos, he visto 5 (no tuve tiempo de asistir a su última representación: Heredarás el viento) y según mi modesta opinión, todos han sido dignos de interés por una u otra causa. Opereta aunque me interesaba muy poco esta obra de Witold Gombrowicz, la puesta en escena debida al director polaco invitado especialmente para esta tarea, Krzysztot Jasinski, me pareció espléndida, un gran espectáculo como pocas veces tenemos la oportunidad de presenciar en nuestro ambiente artístico. Arturo Ui, de Bertold Brecht, aunque la obra nunca fue puesta en vida del autor, ahora se antoja fuera de tiempo, pero la dirección de la joven artista Marta Luna, era llamativa y novedosa, por más que se puede reprochar cierta sobreactuación a los actores. En el caso del drama —o como algunos lo llaman: melodrama— del autor brasileño, Díaz Gómez: El pagador de promesas, se trata de una obra. de mucha emotividad y permanente actualidad, que no obstante suceder en Brasil, puede perfectamente ser aplicada a México, una obra que interesa y emociona a nuestro público y ha sido excelentemente interpretada por la mayoría de las primeras figuras de la Compañía. ¡Qué formidable burdel!, pieza de la última modalidad de Ionesco, de un nihilismo que dice no pocas verdades de un mundo desquiciado, la cual Julio Castillo supo manejar con mano maestra tanto el conjunto como las escenas de masas, las colectivas. Y hasta El día que se soltaron los leones, de Emilio Carballido, que fue objeto de una crítica excesivamente severa, resultó ser un delicioso espectáculo para niños.

En el renglón del teatro de "búsqueda", otros dos espectáculos se impusieron con toda fuerza: la bellísima puesta en escena de Julio Castillo: Arde Pinocho, que este joven director realizó con un grupo de cinco actrices para la Dirección General de Culturas Populares, y que también tuvo la mala suerte de permanecer en el anonimato por los cambios constantes de escenarios que se exigían a este grupo de Sombras Blancas, teatros que se encuentran por lo general en la periferia. Otra representación de búsqueda que no le quedó en zaga, fue la realizada por el teatro Universitario que se presenta en la sala Ciudadela bajo la dirección de Luis de Tavira con la obra de Brecht, La honesta persona de Sechuan. Un espectáculo novedoso e iconoclasta, donde el siempre rebelde director trató de imponer unas formas artísticas ajenas a su habitual creatividad.

De los numerosos espectáculos de la UNAM, ya realizados en la CU ya extramuros —entre los cuales son dignos de citar: El tío Vania, de Chéjov, dirigido por Ludwik Margules; La historia de él, de Maruxa Vilalta, bajo la dirección de la autora, y sobre todo debido a la dirección de Juan José Gurrola: Lástima que sea p... fue probablemente esta Honesta persona de Sechuan la mejor representación. La Universidad Autónoma de México dio en el año que se acaba la posibilidad de ofrecer varias obras de autores nacionales, y una de ellas, Felipe Ángeles, de Elena Garro, representada bajo la dirección de Hugo Galarza en el teatro anexo a la Facultad de Arquitectura, es sin duda la mejor de la dramaturgia nacional no sólo del año 78, sino de la última década. Tal como ya lo he mencionado en un artículo anterior acerca de los "dramaturgos nacionales de 1978", Felipe Ángeles merece junto con El viaje Superficial, de Ibargüengoitia, representada por la Universidad Veracruzana en el teatro Milán, y El extensionista, ofrecida por el CREA con un grupo de actores del SAI, son las tres obras mexicanas que con estricta justicia merecen figurar en la terna anual de premios por la mejor obra nacional de 1978.

Y dejamos para el final la mejor representación que se ha ofrecido en la capital durante este 78, debida al esfuerzo de la Compañía de la Universidad Veracruzana: Los emigrados, de Mrozek, que reunió un espléndido equipo con la dirección de Manuel Montoro, la escenografía de Guillermo Barclay y la actuación de dos actores magníficos: Claudio Obregón y Salvador Sánchez. Equipo que llegó a la perfección en todas sus fases.

En cuanto al Teatro de la Nación, del IMSS, el año 1978 fue para él de poco provecho. De sus numerosas salas, las tres principales, Hidalgo, Julio Prieto y Reforma, permanecieron cerradas casi medio año, después de sendos fracasos, los de Ana Karenina, El pequeño caso de Jorge Lívido y El final de la primera dama, lo que no se explica en una temporada cuando numerosas compañías mexicanas buscaban desesperadamente un teatro creando así fuentes de trabajo. Otras cuatro obras presentadas en distintas salas del Teatro de la Nación, como El país de las sonrisas, Drácula, Papacito piernas largas y Salomé, han sido —o son aún— representaciones muy del agrado del público mayoritario, pero sin mayores valores artísticos. La dificultad que se le presenta a esta compañía es la obligación que tiene de tomar en consideración más la taquilla que el arte. Maneja el dinero del Estado y no puede permitirse el lujo de despilfarrarlo.

Tanto el Teatro de la Nación, del IMSS, como el INBA tratan de apoyar un movimiento experimental. El primero lo hace en la sala Independencia, donde en el año 78 se puso en su ciclo de Búsqueda, la comedia de Juan Ruiz de Alarcón: Semejante a sí mismo, que el director Juan Ibáñez transformó en un descabellado show musical. El INBA a su vez sostiene un "Centro de Experimentación Teatral" en el Galeón, que nada de importancia ofreció entre sus numerosos grupos en el presente año. Mas, en otro teatro de la Unidad del Bosque, el Orientación, la Escuela de Actuación del INBA, bajo la dirección de uno de sus maestros, Ignacio Sotelo, montó una extraña obra japonesa: El trovador Yabujura, que dio lugar a un no menos extraño y novedoso espectáculo, que merecía una mayor atención tanto del público como de la crítica.