FICHA TÉCNICA



Título obra El relojero de Córdoba

Autoría Emilio Carballido

Dirección Marta Luna

Elenco Raúl Bretón

Escenografía Jarmila Masserova

Grupos y compañías Alumnos del 4o. año de la Escuela de Actuación del INBA

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El relojero de Córdoba”, en El Día, 21 febrero 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El relojero de Córdoba

Malkah Rabell

Obra de nuestro mejor comediógrafo nacional, Emilio Carballido, El relojero de Córdoba no es un estreno, sino una reposición, después de 17 años cuando la estrenó Bellas Artes en el Teatro del Bosque bajo la dirección de Héctor Meneses, con dos actores como Raúl Dantés y Francisco Jambrina en los papeles protagónicos. Tampoco es una comedia, como suelen ser habitualmente las obras de Emilio Carballido. Si no fuera por el Happy End, casi lo podríamos considerar una tragedia. Mas. su feliz desenlace es casi más triste que una buena cuchillada de los románticos o un castigo de los dioses de la antigüedad. Martín Gama, un muchacho tierno artista por naturaleza, aunque su campo de creación sea el de la relojería, artista-artesano. tiene un sólo defecto: le gusta mentir, a los demás y a sí mismo, le gusta inventar fábulas para darse aires de "macho", para no ser menos que todos sus compañeros o cualquier ciudadano que se respeta. Pero cada hombre tiene su destino, y el de Martín era de víctima y no de victimario. Tantos matan, roban, violan, y nunca van a la cárcel, nunca pagan su deuda a la sociedad. Martín inventó un crimen que nunca cometió, y fue a dar a las mazmorras de la Inquisición, en aquella época colonial cuando por decir sí, o por decir no, le daban el tormento, especie de juego deportivo de quienes detentaban el poder. Y aun cuando la "Justicia" esté representada por Don Leandro Penella de Hita, un hombre de sabiduría china, quien sabe discernir entre la inocencia y el crimen —con una clarividencia de Sherlock Holmes—, al inocente le hace muy poco provecho. El inocente una vez caído en las garras de la ley, no lo sueltan hasta exprimirlo como un limón y dejarlo sin fuerzas, sin dinero ni ganas de vivir.

Tanto el autor, Emilio Carballido, como la directora de escena recientemente multipremiada, Marta Luna, han recurrido a técnicas brechtianas. Desde el manejo de la escenografía por los propios intérpretes, hasta la "narrativa", que en un momento dado se halla a cargo de una pareja de cantantes ciegos, quienes mediante el corrido relatan la triste historia del "terrible asesino que cortó la cabeza a su víctima y la arrojó al precipicio". El relojero de Córdoba, es la tendencia brechtiana que resalta con su ironía y dolor. Tampoco se la olvida en la "brutal actualidad del asunto", Porque si bien Martín es víctima de la lenta y sangrienta justicia colonial, sus verdugos pueden ser de todos los tiempos. Y la obra hoy se hace tan actual como en 1960, cuando se estrenó. A veces el drama de Carballido se antoja algo deshilvanado. Pero ¿acaso las obras de Brecht no lo son, con sus escenas dispersas que poseen cada una su valor propio? Más, lo válido de ese brechtianismo es que pasó por el tamiz de la realidad y de la idiosincrasia, así como por el tamiz de le personalidad artística de Carballido, y en esa locomoción adquirió un modo de ser, de existir y de devenir perfectamente original.

No es una obra fácil de manejar para un director joven. Son numerosos los personajes, numerosas las escenas colectivas, muchos cambios de escenografía por cambios de lugares y de puntos geográficos. Marta Luna venció todas las dificultades, no con despliegues lujosos, sino con la creatividad que supo con la mayor economía de medios conseguir el máximo provecho. Sus cambios se conseguían sin necesidad de escenarios giratorios, con el simple empleo de algunos elementos simbólicos, aunque aquí los famosos cartelones explicativos de Brecht se hallaban ausentes. Si algo pudiera reprochárseles, quizá su excesiva tendencia a la caricatura de los personajes. El reparto debido a los alumnos del cuarto año de la Escuela de Actuación del INBA, es demasiado numeroso para recordarlos individualmente. Fue más bien un trabajo de equipo, de conjunto, que funcionó con mucha disciplina y homogeneidad, aunque a veces con un ritmo algo lento. Entre los actores sólo uno me quedó grabado, Raúl Bretón, como Martín Gama, el Relojero de Córdoba, quien se mostró como toda una revelación, tanto por su naturalidad como por su tono dramático, que no desmereció en las escenas humorísticas o tragicómicas. Un joven actor que promete mucho, para un futuro muy cercano, y quien en el papel de Martín tenía todos los atributos que el personaje exige y merece.

Queda por mencionar la escenografía de Jarmila Masserova, artista huésped, que ya se distinguió con la producción realizada para Las tres hermanas. En esta oportunidad, involuntariamente la escenógrafa cayó en el Mexican Curious, en el folklorismo. Su deseo de mantenerse sobria y apegada a los elementos de la idiosincrasia mexicana le hicieron imponer al decorado (y hasta al vestuario que no era de ella) dos tonos sobresalientes: el negro y el café, tonalidades que dominan en el paisaje del Valle de México, pero no en el desbordante colorido de Veracruz.

Empero, lo que se me hace más importante en este espectáculo, en esta reposición de una obra de Emilio Carballido estrenada hace 17 años, es su significado del inicio de una nueva era para la dramaturgia mexicana. Se me antoja que este Relojero de Córdoba señala una "apertura" de todos los teatros del país a la creatividad de los autores nacionales.