FICHA TÉCNICA



Título obra La verdad sospechosa

Autoría Ruiz de Alarcón, Juan

Dirección Óscar Ledesma

Elenco Octavio Galindo, Jorge Ortiz de Pinedo, Óscar Servín, Fernando Mendoza, Germán Robles

Grupos y compañías Compañia Nacional de Repertorio

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las 100 representaciones de La verdad sospechosa”, en El Día, 24 abril 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las 100 representaciones de La verdad sospechosa

Malkah Rabell

La hermosa comedia de enredos, de Juan Ruiz de Alarcón –quizá su comedia más lograda– La verdad sospechosa, cumplió las 100 representaciones en el Teatro del Bosque, bajo los auspicios de la Compañía Nacional, que empezó su temporada de repertorio con ella. Y según dijo el jefe del Departamento de Teatro del INBA, José Solé: "Es la primera vez que una compañía oficial llega en México al centenar de representaciones". Lo que no deja de sorprendernos, ya que no hace mucho, El avaro cumplió el mismo número de audiciones en otra compañía oficial, el Teatro de la Nación. Sea como sea, pocas son las obras que han merecido tan prolongada existencia en el escenario como esta deliciosa comedia de autor mexicano, aunque sea del siglo XVII.

Comedia nada fácil que se basa en el enredo más complejo del alma humana: la mentira, que cuando se repite en la boca de quien mentir acostumbra hasta la verdad se vuelve sospechosa. Y son tantas y tan imaginativas las mentiras que siembra a su paso nuestro joven protagonista, Don García, que hasta el propio espectador queda a menudo a ciegas. En su tiempo, la obra sirvió de modelo al poeta trágico francés, Corneille, para su comedia: Le menteur. Hoy lo. llamaríamos El mitómano. Y con nuestros conocimientos, modernos de la psicología demostraríamos, mayor comprensión por las debilidades del joven hidalgo, Don García, cuyas mentiras el comediógrafo considera atributos de su educación en Salamanca y de su convivencia con estudiantes de su generación, pero que en la actualidad sabemos una deformación síquica llamada "mitomanía". Víctima de sus propias mentiras. Don García se coloca en situaciones tan embrolladas que ya ni la verdad más sincera ni la confesión debida al arrepentimiento, lo pueden salvar. Y como castigo de su conducta, ha de casarse con una joven que no ha elegido su corazón. Mas, como también ésta es buena moza, su suerte no es tan de lamentar.

Tanto la dirección de Óscar Ledesma, como la interpretación de la mayoría de las primeras figuras: Octavio Galindo, Óscar Servín, Jorge Ortiz de Pinedo, Fernando Mendoza, y hasta Germán Robles en un papel minúsculo, han dado a esta comedia de tanta finura psicológica, una alegre espontaneidad, una fresca naturalidad, de las cuales se hallan ausentes las grandilocuencias del clasicismo, o las imposiciones vanguardistas, y 441 público se divierte como si se tratara de una comedia moderna. Aun cuando el director ha permanecido totalmente fiel al texto y al espíritu del original. Bastaban la sencillez y el buen actuar para dar al espectáculo la claridad y la gracia.

Entre los intérpretes, sobre todo dos actores jóvenes han dado toda la medida. Jorge, Ortiz de Pinedo y Óscar Servín, quienes han hecho de sus personajes, el primero como el mentiroso Don García –por cuya interpretación Ortiz de Pinedo se ha hecho merecedor de 2 premios de sendas organizaciones críticas– y Óscar Servín, en el papel del servidor a quien Don Beltrán, el padre de Don García, considera que: "no es criado el que te doy, más consejero y amigo..." Y fue entre ambos tal mano a mano, que difícil se hace decir quién más hizo por su papel.

Y si algo hemos de admirar en esa Compañía Nacional de Repertorio es este despliegue de grandes actores en pequeños papeles, de primeras figuras en personajes secundarios, como lo fue Germán Robles en La verdad sospechosa quien apenas aparece al final, pero quien al día siguiente en Luces de Bohemia crea una figura inolvidable. En tanto Jorge Ortiz de Pinedo hace a su vez un papel secundario en la obra de Ramón del Valle Inclán.

Contó la representación con un hermoso vestuario, con una no menos hermosa escenografía, y con detalles tan graciosos como la carroza arrastrada por 6 "caballos" humanos que ejecutan una especie de ballet en esta tarea. Y he de confesar que nunca tanto he gozado de una representación alarconiana, como en esta oportunidad.