FICHA TÉCNICA



Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los dramaturgos nacionales en 1978”, en El Día, 26 diciembre 1978, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los dramaturgos nacionales en 1978

Malkah Rabell

Año extraño, de movimientos múltiples, donde lo positivo y lo negativo se entremezclan dando prioridad a lo primero, a numerosas conquistas e imposiciones, a un panorama donde se destacaban espectáculos de primera calidad, con excelentes actores, directores y obras. Y en esta repentina inquietud artística, uno de los fenómenos más interesantes que pudimos observar, fue la aparición de una auténtica ola de dramaturgos nacionales.

Durante muchos años, un determinado sector de nuestro mundillo teatral luchó por imponer a la dramaturgia mexicana en el escenario local. ¡Esfuerzo vano! ¡O por lo menos así lo parecía! Mas, a menudo los esfuerzos necesitan su tiempo de floración para dar sus frutos. Y les llegó la hora de madurez. Durante el transcurso de este año que se acaba, por lo menos once obras nacionales ocuparon el foro de diversos teatros. Entre las cuales podemos citar: Historia de Él, de Maruxa Vilalta en el teatro de la Universidad, y en el mismo teatro, en Chapultepec 409, fue puesta en escena la comedia de Héctor Mendoza: ¿Y con Nausistrata qué?. Dentro del movimiento universitario se destacó especialmente el estupendo drama de Elena Garro: Felipe Ángeles, presentado en el teatro de la CU bajo la dirección de Hugo Galarza, y la comedia no menos excelente de Jorge Ibargüengoitia: Viaje superficial que ofreció la Universidad Veracruzana por su Compañía profesional de Jalapa, en la sala capitalina Milán. La reposición, después de 20 años de la obra de Sergio Magaña El pequeño caso de Jorge Lívido, se debió al ciclo de autores mexicanos de El Teatro de la Nación en la sala Julio Prieto, en tanto la Compañía Nacional estrenó, también después de 20 años de haber sido escrita, la comedia de Emilio Carballido: El día que se soltaron los leones. Igualmente reposición, fue la puesta en escena del hermoso drama poético de Héctor Azar: Olímpica, realizado por el Colegio de Bachilleres en el teatro CADAC En cambio, el INJUVE, hoy llamado CREA, presentó de un autor que por lo general escribe para teatros comerciales, Felipe Santander, un espectáculo político-musical: El extensionista que obtuvo un inesperado e inusitado éxito. Otra reposición puesta en escena por jóvenes, los alumnos de la Escuela de Actuación del INBA, bajo la dirección de Marta Luna, fue la tragicomedia se Emilio Carballido: El relojero de Córdoba. Hasta hubo obras escritas con finalidades especiales, como La gana, encargada a Joaquín Lanz por el CONACURT para la popularización de la planeación familiar, y que llegó a las 500 representaciones, y Las ondas de la Catrina, escrita por Eduardo Rodríguez Solís en un tono muy popular para el Teatro Popular, para el DDF. También se presentaron ciertas adaptaciones realizadas con obras ya conocidas por autores nacionales o por directores de escena, como Arde Pinocho preparado por Julio Castillo para su grupo de Sombras Blancas de la Dirección General de Culturas Populares, basada en el tradicional Pinocho, que dio lugar a un hermoso espectáculo de pantomima como máscaras; o bien como la obra infantil Juan Salvador Gaviota, inspirada en la obra de Richard Bach del mismo título, y preparada para el escenario del Centro Experimental del lNBA por Esteban Cruz.

Si algunos rasgos en común podemos observar en el surgimiento de este movimiento, es que está casi en su totalidad debido a esfuerzos oficiales, a organismos como universidades, teatros estatales o instituciones del Estado. Desconozco –o por lo menos no recuerdo– los teatros particulares que hayan montado obras mexicanas. Mas, hemos de confiar que la empresa individual, ante el entusiasmo de la prensa y la aceptación del público seguirá el ejemplo.

Otro rasgo común, es que casi todos estos autores son ya veteranos, a quienes desde hace muchos años se han mantenido alejados de la producción escénica. Pero precisamente estos veteranos a quienes nuestra inteliguentzia despreciaba por excesivamente folk han dado prueba de capacidad para crear piezas perfectas, coco lo son sobre todo: Felipe Ángeles de Elena Garro, puesta en escena por Hugo Galarza en la CU, y El viaje superficial de Jorge Ibargüengoitia, montada bajo la dirección de Raúl Zermeño, dos obras que tienen en común la época y un personal punto de vista sobre la Revolución Mexicana. La primera de esas obras sucede en 1919, en una sola noche en que un Consejo de Guerra condena a muerte al General Felipe Ángeles, revolucionario de límpida trayectoria y gran pureza moral, ardiente partidario del presidente mártir, Francisco Madero, quien luego luchó en las filas de Pancho Villa, acusado de rebelión en campaña por el "Primer Jefe" Venustiano Carranza. La obra de Ibargüengoitia en cambio es una comedia que se desarrolla por los años 1910, en vísperas de la revolución. Creo que son las dos mejores obras mexicanas del año, además son estrenos. Casi se me haría difícil elegir entre dos para "Premio de la mejor obra del año". Ambas igualmente perfectas en su construcción escénica, Felipe Ángeles llega a mayores alturas por su tema y la seriedad del planteamiento filosófico.

Un buen año para el teatro nacional, y ojalá sea un anuncio de futuras conquistas de la dramaturgia mexicana, con el agregado de nuevas fuerzas, de componentes de la nueva generación, de autores jóvenes.