FICHA TÉCNICA



Título obra Los millones de Marco Polo

Autoría Eugene O´Neill

Dirección Ignacio Sotelo

Elenco Jesús Angulo, Javier Villegas, Verónica Languier, Luis Cárdenas

Notas de escenografía Jesús Angulo, Javier Villegas / marionetas

Grupos y compañías Alumnos del tercer año de la escuela de actuación.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los millones de Marco Polo ¡Un éxito!”, en El Día, 19 julio 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los millones de Marco Polo

Malkah Rabell

Otra obra "oriental" fue estrenada en el teatro Orientación el 15 de julio bajo la dirección del mismo director escénico, Ignacio Sotelo, quien hace unos días presentó un drama japonés: El trovador Yabujura, del autor contemporáneo Inoue Jisashi. Esta vez en Los millones de Marco Polo, obra del máximo dramaturgo norteamericano Eugene O'Neill, nos encontramos frente a un "Oriente" de fantasía, frente a una Mongolia medioeval, que trajeron en sus equipajes los comerciantes "hermanos e hijo" Polo. Y las apasionantes Memorias del célebre navegante veneciano, Marco Polo, que tanto aportaron en su época. el siglo XIII al conocimiento de leyes y costumbres de China y Mongolia: se transforman en imaginativas aventuras, donde apuntan sin embargo algunas ideas filosóficas: la falta de alma de quienes pretendían dirigirse hacia los más lejanos horizontes para imponer la fe en la "inmortalidad" del alma de los seguidores de Cristo. La familia Polo, en lugar de alma, tiene –en la obra de O'Neill– monedas de oro, y el joven Marco, en lugar de sueños románticos sueña con millones. Y como los deseos muy firmes por lo general se convierten en realidad, Marco Polo vuelve a su país, a su tierra natal, Venecia, con las maletas repletas de dinero, como cualquier comerciante contemporáneo dispuesto a arriesgar el "pellejo" por amor al oro.

Con una enorme economía de medios –aún más reducidos que los empleados en el montaje de El trovador Yabujura– Ignacio Sotelo logró un espectáculo divertido y dinámico, en el cual mezcló lo contemporáneo con lo antiguo. Lo que tuvo dos ventajas: dar la posibilidad de transformar el drama en comedia imponiendo a ésta una crítica satírica de la actualidad tanto en sus aspectos políticos como sociales, con el desesperado amor al dinero de la sociedad de consumo, con la falta de imaginación de una juventud sólo preocupada por los bienes materiales; y por otra parte emplear el mínimo de gastos en el vestuario, que hoy con la carestía de las telas puede arruinar cualquier empresa teatral. Así Marco Polo, su padre y tío, como algunos otros personajes importantes del mundo occidental, llevaban trajes modernos, adornados con alguno que otro símbolo que señalara su oficio, su personalidad y la época.

Quizá debido a la cercanía de su anterior puesta en escena del drama japonés, Ignacio Sotelo recurrió también para el montaje de Los millones de Marco Polo a ciertos elementos "orientales", como las marionetas diseñadas por Jesús Angulo y Javier Villegas, manejadas por tramoyistas visibles tal como sucede en el teatro de títeres nipón, joruri. El resto de la escenografía consistió en elementos portátiles que iban siendo transportados según las necesidades de la acción, con un fondo neutral de telones negros.

En esta oportunidad Ignacio Sotelo dirige a sus alumnos del tercer año de la Escuela de Actuación del INBA, y algunos ya destacan por sus posibilidades histriónicas y por su preparación artística tales como Jesús Angulo en el papel del Gran Kan viejo filósofo que colma de favores a Marco, pero que no deja de despreciarlo tanto a él como a sus parientes, por esa religión "monetaria" de comerciantes. Verónica Languier, como la princesa Kukachin, tiene linda presencia y clara dicción. En cuanto a Luis Cárdenas, en el papel protagónico de Marco Polo, aunque es indudablemente demasiado joven para el histórico personaje, como toda la puesta en escena está carente de realismo, poco importan los años que pasan en el escenario y en la vida de los personajes: nadie envejece. Luis Cárdenas sin duda tiene un futuro de galán en la televisión, así como en el cine, y probablemente también en el teatro.