FICHA TÉCNICA



Título obra Si me permiten hablar

Notas de autoría Antología de poesía y prosa de mujeres escritoras y protagonistas de América Latina

Elenco Susana Alexander

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Si me permiten hablar un recital de Susana Alexander”, en El Día, 3 julio 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Si me permiten hablar, un recital de Susana Alexander

Malkah Rabell

En cierto modo este recital de la inquieta Susana Alexander, es para mi un misterio. Comprendo que busque un nuevo género para desahogar su bullicio creador. Comprendo que tal como deseó dedicarse a la dirección para reunir en sus manos las diversas facetas de las disciplinas escénicas –en lugar de contentarse con ser la transmisora, en su papel de intérprete–, también busque nuevas formas de reinar y dominar el escenario. Y el recital, el monólogo, es una manera de enseñorearse del foro con su sola presencia, con su voz única. Pero Susana Alexander nos lo explica de modo muy distinto. Con su letra pequeña, que desmiente cualquier sugerencia de seguridad en sí misma, la Alexander escribe en una introducción al programa: "Como artista y como mujer, este recital ha significado para mí la búsqueda de unas raíces que puedo llamar mías". Es todo un drama. Es la confesión de un dolor, de un problema, de una angustia que va mucho más allá de un recital, y hasta de 10 recitales. Es la búsqueda de raíces. Me hubiese gustado ser NO la crítica de su arte, sino su psicoanalista, para llegar al fondo de su alma, al fondo de esa compleja personalidad que es Susana Alexander.

Pero sólo puedo juzgar a la actriz, a la intérprete, que estaba en el escenario y ofrecía una parte mínima de sí misma: la parte creadora de arte, para el público... El enigma escapaba de mis manos, y me sentía triste.

Recital titulado: Si me permiten hablar, reúne poesía y prosa de voces femeninas, mujeres escritoras y mujeres protagonistas de América Latina. Confieso que la mayoría de esos nombres me son desconocidos. Y su forma de presentarlas me resultaba bastante confusa. Susana Alexander trató de reunir todos los textos dándoles una unidad de monólogo, sin referirse a las autoras, cuyos nombres sólo figuraban en el programa. Lo que provocaba cierto desconcierto. No sabíamos muy bien cuándo terminaba un tema y empezaba otro, cuándo se refería a un determinado personaje y cuándo empezaba a vivir en el escenario otro. Pero ello era muy grave, porque todos esos temas y todos esos protagonistas pertenecían al mismo mundo: el mundo de las raíces que buscaba Susana Alexander.

La primera parte trataba de darnos una imagen de la mujer latinoamericana desde la Conquista hasta nuestros días. Sin los textos a mano, el recuerdo se nos esfuma, y de esta primera parte, sólo guardo en mi oído las voces de 3 mujeres: la de Micaela, según parece esposa de Tupac Amaru, descendiente de los Incas, quien se alzó en armas al frente de su pueblo martirizado. Alfonsina Barrionuevo, pone en boca de Micaela un réquien por todos los Tupac Amarus muertos en 1781 por el poder español, y un llamado a las futuras generaciones; Maemi Biezzer, de Brasil, da una imagen de la dirigente boliviana, Domitila, mujer del pueblo, esposa de un minero, mujer fuerte y decidida, dura como esa tierra morena, cuyo color ostenta Susana Alexander en su ropa, en su túnica completada por una especie de capa negra que sirve a la intérprete como elemento de actuación. Y la tercera voz que trasmite la recitadora, es la de Desusa Palancares, de Hasta no verte Jesús mío, personaje creado por Elena Poniatovska, que habla, que expone puntos de vista mucho más propios de la creadora que de la criatura. Esta primera parte del recital, que por los textos, por la ideología, era ida más fuerte y la más accesible para determinados públicos, sobre todo el estudiantil, desde la perspectiva artística era la más débil. Susana Alexander que probablemente nunca –o rara vez– interpretó a indias o mujeres proletarias (por lo menos yo nunca tuve la oportunidad de verla en tales actuaciones), aún se sentía vacilante en el diseño de tales figuras. Su interpretación de Domitila era excesivamente dulce. Domitila no es una vendedora de tortillas, sino una líder, y éstas son duras como las piedras.

En la segunda parte, Susana Alexander recuperó su seguridad artística y se sintió mucho más a sus anchas. En esta parte predominaba el tipo de la mujer de la clase media, de mediana edad y de mediana cultura. También en esta parte la confusión entre autoras y personajes perduraba. Hubiese sido necesario tener el texto a la mano para analizarlo y desmenuzarlo. Pero aquí Susana Alexander se alzaba a mayor categoría artística, insuflaba a ciertos personajes mucha naturalidad y melancolía, como la mujer que va a leer su periódico a los cafés por la tarde.

Género difícil, al cual es menester ir acostumbrando la voz, el cuerpo y la actuación, poco a poco. Género difícil que el intérprete ha de ir conquistando muy lenta, lentamente, con terquedad y humildad.