FICHA TÉCNICA



Título obra El país de las sonrisas

Dirección Guisseppe Di Stefano

Notas de dirección Rolly Braun / asistente de dirección

Elenco Guisseppe Di Stefano, Mónica Curth, Rocío Banquels, Mario Orea, Adrían Ramos, César Millán, Rosa Furman, José Baviera

Escenografía David Antón

Coreografía Bedrich Fusseger

Música Franz Lehar

Notas de Música Heins Lambrecth / director concertador

Espacios teatrales Cine-Teatro Chapultepec

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El país de las sonrisas”, en El Día, 6 septiembre 1978, p. 12.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El país de las sonrisas

Malkah Rabell

Reunir en un solo espectáculo a la Sociedad de Naciones no siempre es conveniente. Es el caso de la famosa opereta de Franz Lehar que presenta el Teatro de la Nación en el "cine-teatro" Chapultepec, con un reparto traído de los cuatro puntos cardinales. Tuvimos a un "divo" en el papel del príncipe chino, Sou-Ching, nada menos que el cantante de ópera italiano Giuseppe Di Stefano que ha cantado en años pasados en el Palacio de Bellas Artes de nuestra capital, en diversas óperas, pero que en la actualidad, ya es viejo, gordo, feo y además, como siempre, mal actor, quien para colmo, ya ni siquiera canta bien. La opereta es un género mucho más difícil de lo que se supone, y sus actores han de ser más completos que los de la opera. Esta última sólo exige una bella voz bien entrenada y educada. En tanto, la opereta exige actuación, actores bien parecidos y apropiados para sus personajes; que sepan bailar, cantar, y además ser ya dramáticos, ya cómicos. El público de la opereta no perdona al "divo".

Giuseppe Di Stefano, cuya presencia no se detuvo en la interpretación del papel estelar, sino que fue anunciado con bombos y platillos como el director de escena, al estilo del teatro antiguo donde la primera figura también montaba el espectáculo. Y como director trató de imponer rasgos operísticos en lugar de este género más ligero que es la opereta. Y tuvimos en la escena a otra "diva", una star extranjera, Mónica Curth, que como en las óperas aprendió su papel de memoria en español, sin entender una palabra del idioma, lo que le quitaba libertad interpretativa a esta joven actriz, de Dios sabe cual nacionalidad, de buena presencia y linda voz de soprano, pero de muy poca capacidad histriónica. Y para completar el equipo de "Naciones Unidas", el asistente de director era Rolly Braun, del Teatro Des Westens Berlin; el coreógrafo Bedrich Fusseger, del Teatro Carlin, Praga; y el director concertador, huésped, el profesor Heinz Lambrecht de la Opera de Viena.

Con tantos ilustres apellidos, podíamos esperar lo mejor, y realmente la asistencia del estreno se hallaba emocionada. Pero, cual no fue nuestra sorpresa –y no poca alegría vengativa– cuando nos dimos cuenta que lo mejor de la interpretación pertenecía a una jovencita, humildemente nacional, Rocío Banquels, quien, en el papel de la princesita china, Mi, hermana de Sou-Chang, era encantadora de juventud y de gracia, que cantaba, bailaba y actuaba como una actriz experimentada en el género, que además sabía pasar de las escenas cómicas a las dramáticas sin esfuerzo, con naturalidad. ¡Bravo Rocío Banquels!

De los demás actores compatriotas, como Mario Orea, en el papel del tío chino, "reaccionario y dictatorial", como Adrián Ramos, en el personaje, cómico, Chin-Chin, el jefe de los eunucos, poco se puede decir ya que no aportaron nada, y Adrián Ramos fue especialmente sobreactuado en su absurda caricatura. Un actor para mí desconocido es César Millán, que en el personaje del teniente de Marina, don Juan, enamorado tanto de la princesa china, como de su prima europea, se mostró simpático y buen cantante, pero actor de pocos recursos y de poca experiencia. Rosa Furman y José Baviera, tuvieron unas intervenciones demasiado reducidas como para influir en el total de la representación.

Además de lo poco acertado de las actuaciones, espectáculo tuvo que sufrir una mal llamada coreografía, que no dejaba de ser ridícula, con su primer bailarín que parecía luchador dominguero, su ballet supuestamente "oriental" y su primera bailarina supuestamente "desnuda" y que para imitar la "desnudez" llevaba una horrible malla., No menos desastrosa era la escenografía y el vestuario, con su palacio "occidental" en el primer acto y su "palacio oriental" en el segundo, ambos de un mal gusto de cabaret, debida toda la producción a David Antón, quien por lo general tiene imaginación y gusto.

Por fortuna la hermosa música de Franz Lehar salvaba no poco la representación de esta opereta que hace unos 40 ó 50 años triunfaba en el mundo entero. No sé si hoy, como antaño, el público seguirá cantando a la salida: "Mi amor y tu amor nació el mismo día" o bien el aria del príncipe chino: "Yo te di mi corazón"... Los tiempos cambian y los gustos cambian, pero la música de Franz Lehar sigue siendo bella.