FICHA TÉCNICA



Título obra El final de la primera dama

Autoría James Prideaux

Dirección Xavier Rojas

Elenco Carmen Montejo, Juan Antonio Edwards, Tara Parra, Marilú Elizaga

Escenografía David Antón

Grupos y compañías Teatro de la Nación

Espacios teatrales Teatro Reforma

Eventos Ciclo Teatro de Las Américas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El final de la primera dama”, en El Día, 20 marzo 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El final de la Primera Dama

Malkah Rabell

Obra basada en la vida de la viuda del presidente norteamericano asesinado, Abraham Lincoln, el drama de su compatriota, James Prideaux, presenta para el auditorio mexicano una doble faceta, a la vez puede ser negativo o positivo, Por una parte, la figura de Mary Lincoln es para nosotros totalmente desconocida y nos falta un punto de partida para juzgarla, en una obra que sólo resulta interesante si el espectador Participa activamente con su entusiasmo en pro o en contra de la protagonista desde el punto de vista histórico y político. Por otra parte, el lado positivo reside en su valor documental, Nada sabíamos de la señora Lincoln antes de levantarse el telón. Al salir nos hemos enterado de que era una sureña aristócrata, sin mucho sentido común, a quien se acusaba de tener maléfica influencia sobre su marido, razones que seguramente le dieron no pocos dolores de cabeza a su ilustre esposo, Al enviudar, sigue dando esos dolores de cabeza a su hijo mayor, Robert T. Lincoln, quien ha de pagar sus eternas deudas y quien ha de proteger a esa mujer poco sensata de la enemistad del Senado y de los ataques de la prensa. Castigada por infinitas desgracias, entre las cuales la más terrible es la muerte de su hijo menor, enfermo del pecho, Mary Lincoln enloquece. ¿Qué otra cosa le queda por hacer a Robert T. Lincoln sino llevar a su progenitora a un sanatorio para enfermos mentales, donde come en la mesa del director, y donde por cierto mejora su estado? No obstante este gesto del hijo es considerado por la propia madre, por su familia sureña y por todo el país como un crimen. El público vanamente se pregunta ¿por qué? La interrogante queda sin respuesta.

La noche del estreno, el espectáculo todavía no "corría" del todo. Los intérpretes sufrían lagunas en la memorización de sus textos, y aun había quienes se equivocaban de entradas y salidas.En un escenario de por sí poco cómodo, la escenografía de David Antón subrayaba su pobreza. Lo que no deja de extrañar en un escenógrafo que se distingue por su imaginación y riqueza de coloridos. Se notaba que tanto el director, Xavier Rojas como los actores no han contado con el tiempo suficiente para ensayar.

Lo que extraña, y se hace cada vez más visible en la actitud del Teatro de la Nación es su tendencia a buscar para sus puestas en escena a una figura de primera magnitud, una estrella –tal como en El avaro Ignacio López Tarso, o en Papacito piernas largas Angélica María– a la cual se rodea de un reparto heterogéneo, más bien insignificante. Actitud que atrae al público pero quita calidad a toda la representación. Sólo los espectáculos perfectamente homogéneos en todos sus elementos, logran un verdadero valor artístico. En el presente caso en torno de Carmen Montejo, quien en el papel de Mary Lincoln logró ciertas escenas de fuerza dramática, se reunió un conjunto en su mayoría formado por segundas figuras de la televisión. Entre quienes lograron destacar el joven actor Juan Antonio Edwards, que insufló cierta veracidad a su papel del hijo moribundo, Tat Lincoln. Tara Parra tuvo una escena bastante graciosa Y en cuanto a Marilú Elízaga, permaneció demasiado elegante, bella e inconmovible a lo largo de todo el drama.

Obra plana, narrativa, con poca vida dramática, no logró la noche del estreno, despertar el entusiasmo del público ni en pro ni en contra de la familia Lincoln. Pero sospecho que este entusiasmo se va a despertar en el público ulterior, carente de las pretensiones del auditorio del estreno, que seguramente se va a sentir emocionado por las desgracias de Mary Lincoln y por los efectos dramáticos de Carmen Montejo.

El Teatro de la Nación dedica su sala de Reforma al: "Teatro de las Américas". Este ya presentó la segunda obra norteamericana: La muerte de un viajante y el actual Final de la primera dama, también ya ofreció una obra latinoamericana: Los soles truncos. ¿Y, cuándo le tocará el turno a un autor nacional?