FICHA TÉCNICA



Título obra El diluvio que viene

Notas de autoría David Forest / autor de la novela After me, the deluge; Pietro Gariney y Sandro Giovannini / adaptación teatral

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Héctor Bonilla, Mónica Sánchez Navarro, Raquel Olmedo, Patricio Castillo, Arturo García Tenorio, Sergio Bustamante / voz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El diluvio que viene”, en El Día, 7 marzo 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El diluvio que viene

Malkah Rabell

Superproducción como Manolo Fábregas suele y sabe hacerlas en sus mejores momentos. Superproducción que la empresa llama: "Primer espectáculo musical en escenorama", para cuya realización. Manolo Fábregas cuenta con todo un equipo internacional. Lo que no debe asustar. En este trabajo común donde colaboran realizadores llegados de los cuatro puntos cardinales, los conocimientos se intercambian y todas aprenden. Nadie pierde su idiosincrasia, sino que la enriquece. El arte teatral tiene su técnica que, como en el cine, necesita del universalismo para llegar a todo el mundo. Lo que no significa que el artista deba perder sus raíces. Sobre todo no debe perderlas el dramaturgo. Queremos tener nuestra propia expresión artística, pero también queremos conocer lo que se realiza en el mundo entero. Es falso creer que imitar técnica y artísticamente una obra importada es carecer de creatividad. En las Escuelas de Arte Plásticas se copia a los maestros. ¿Por qué temer la enseñanza que se logra en la imitación escénica?

Esta vez la comedia musical que nos presenta Manolo Fábregas pertenece tanto en su texto como en su música, coreografía y técnica, a creadores italianos (los italianos han sido los primeros maestros de la superproducción cinematográfica). Aunque el tema se desarrolla, como lo dice desde un principio una voz misteriosa, en un lugar "...donde ustedes prefieran", ello no impide que el autor italiano no pueda liberarse de su yo telúrico, y el protagonista es un cura católico, y bien católico. Si fuera un pastor protestante, podría casarse y no habría drama. Es a ese curita de aldea que Dios, de la manera más moderna, por teléfono, anuncia el Diluvio Universal, que amenaza el mundo, y le entrega la misión de salvar a sus elegidos.

Esta historia al parecer religiosa, es bastante heterodoxa. No sólo el malvado alcalde es ateo, también el simpatiquísimo, curita descubre que el mundo está hecho para el amor, y su divino interlocutor le aplaude la buena voluntad que demuestra por ayudar a repoblar el universo. Y se nos hace que los dos autores de la comedia, Carinei y Giovanini, tienen una marcada tendencia hacia una "Nueva Izquierda Cristiana", que me temo no sea muy del agrado del Vaticano. Hasta sospecho que igualmente en México la comedia encuentre sus adversarios en el público católico y en el clero, como los encontró la ópera rock: Cristo Superestrella. La noche del estrena muchos la juzgaban una comedia blanca, pero la risa rara vez es inocente ... Sólo falta que el coro se ponga a cantar: "Dios sí, los curas no! ... La fe sí, el dogma no!" ... Pero todo termina en el mejor de los mundos. El cura guarda sus hábitos, y el diluvio se aleja hacia épocas infinitas. Mas, mientras tanto los humanos han aprendido –a tenerse amor y amistad, y no hubo necesidad del diluvio para que llegara volando al escenario la blanca paloma de la paz.

En medio de una escenografía despampanante, que hasta marea de tantas maniobras técnicas, de tantos giros y cambios de escena, con su Arca que llegan a construir en el escenario los mismos intérpretes a la vista de los espectadores; en medio de esta deslumbrante producción, 30 personas entre actores, bailarines y cantantes, actúan. bailan, cantan, con un desatado entusiasmo Se llega a perder el sentido de quién es quién, de quién es actor, quién cantante y quién bailarín. Todos hacen todo, y lo hacen estupendamente. Héctor Bonilla es el curita más simpático que darse puede, y a nadie extraña el apasionado amor que le dedica la joven Mónica Sánchez Navarro, que se presenta en el primer papel de su carrera Raquel Olmedo, como la pecadora arrepentida, y Patricio Castillo como el alcalde capitalista incapaz de renunciar a sus bienes ni siquiera ante el peligro del diluvio universal, son los excelentes actores de siempre. En cambio Arturo García Tenorio, es una sorpresa no como tenorio sino como tenor. En la voz de Dios, Sergio Bustamante imita extrañamente la voz de Manolo Fábregas. Tal vez porque durante los ensayos éste último fue el único "Padre Nuestro" que estaba en el escenario,

Quizá un poco larga, quizá un poco excesivamente abultada de elementos técnicos, quizá un poco demasiado "Disneylandia", pero fuera de estos "quizás", una producción prodigiosa, tal vez la producción más difícil y compleja realizada en México por este mago de la superproducción. que es Manolo Fábregas.