FICHA TÉCNICA



Título obra Acapulco Madame

Autoría Yves Jamaique

Dirección Carlos Vasallo

Elenco Amparo Rivelles, Ernesto Alonso, Guillermo Murray, Norma Lazareno, Sergio Klainer, Demián Bichir

Escenografía David Antón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Acapulco Madame, o el machismo a la francesa”, en El Día, 10 febrero 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Acapulco Madame, o el machismo a la francesa

Malkah Rabell

No es una comedia mexicana, no pertenece a un comediógrafo nacional, sino francés, Yves Jamaique, por el momento bastante desconocido fuera de su país. La palabra Acapulco en su título no señala un lugar geográfico, sino un sueño, la huida de la realidad diaria, de la rutina, la rebelión de una mujer contra las rejas invisibles de 20 años de una vida matrimonial "respetable". Nat, oye por teléfono una voz masculina desconocida que le habla de amor y la invita a un viaje a Acapulco. ¿Fue una ilusión, un instante de locura, o una realidad? ¡Qué importa! Esa voz desconocida ha despertado en ella todos los anhelos dormidos desde dos décadas de vida conyugal "feliz", durante las cuales su marido, su hermana, su cuñado y hasta su hijo, se han olvidado de su existencia. Una vida "respetable", donde nadie la escucha, la oye. Es como un mueble viejo y confortable, que ya nadie ve, a fuerza de verlo todos los días. Y "Madame" a quien la voz dio la oportunidad de elegir entre "¿Sí o No?", dice Sí, y la vida en torno de ella cambia.

Sin llegar a ser Nora de La casa de muñecas, de Ibsen, Nat, (hasta ostenta la misma inicial) es todo un tipo. Se considera, o por lo menos se cree, que la mujer francesa es mucho más liberada, y el machismo en aquel país ya desapareció desde mucho. Nada más equivocado. La liberación femenina –a menudo con exorbitancia– se encuentra entre los artistas y determinados intelectuales politizados. En la clase media, el machismo reina aún con fuerza latina. Nat empieza a rebelarse contra este estado de cosas más con ironía que con auténticas armas de lucha. ¿Vence, o –como Nora– habrá de huir para iniciar una vida nueva? El autor deja la respuesta a la imaginación del espectador.

Una comedia fina, sin carcajadas, pero con risas y sonrisas. Con cierta leve poesía, y hasta cierta leve melancolía. Que no deja de divertir a quienes carecen de excesivas pretensiones intelectualoides. Pero que también aburre a quienes buscan en el teatro "profesional" –llámenlo, si quieren, "comercial"– el mal gusto y la grosería, el desnudo y el chiste a doble sentido. Sin llegara ser una comedia blanca, Acapulco Madame es una obra donde nunca se encuentra la chabacanería ni la frivolidad pornográfica.

El reparto es breve. Amparo Rivelles, como Nat; Ernesto Alonso como la voz; Guillermo Murray como el marido; Norma Lazareno, en el papel de la hermana; Sergio Klainer como Tomás, el futuro cuñado; y el adolescente Demián Bichir, como el hijo, forman todo el conjunto. Por primera vez he tenido la oportunidad de darme cuenta de que Amparo Rivelles es una excelente actriz, más aún, simplemente tuve la ocasión de juzgarla como actriz, demasiado acostumbrada a verla como "estrella", en los inacabables papeles de televisión. Esta vez ha sido menos bella, más delgada, más mujer de casa, más discreta, en tono menor, y con un sentido del humor y de ironía también en tono menor. Guillermo Murray y Norma Lazareno han sido los de siempre. En cuanto a Sergio Klainer, este excelente actor tanto en interpretaciones cómicas como dramáticas, ha tenido pocas oportunidades de lucirse en el papel del profesor de matemáticas, pero ha tratado de sacarle provecho de cada escena por corta que fuese, y de cada una de sus apariciones hizo una pequeña creación. Demián Bichir es un niño de 12 años, de una gran naturalidad en el escenario, lo que a su edad es más bien raro. Promete mucho.

Lo agradable de todo este espectáculo fue su disciplina. Bajo la dirección de Carlos Vasallo, el. ritmo ha sido muy correcto, ninguno de los intérpretes perdía de vista a su personaje, la línea trazada de éste seguía a través de los dos actos. Nada de morcillas, nada de buscar lucimiento a costa del colega. Un orden perfecto. A las virtudes de esta simpática representación ha de agregarse una escenografía muy vistosa de David Antón, que tal vez empleaba en demasía el escenario giratorio, cuando los dos decorados podían reunirse con un poquito de creatividad personal en un solo foro.