FICHA TÉCNICA



Título obra Opereta

Autoría Witold Gombrowicz

Dirección Krzysztof Jasinski

Elenco Flora Careon

Grupos y compañías Compañia Nacional de Teatro

Espacios teatrales El Galeón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Opereta de Gombrowicz en la CNT”, en El Día, 13 septiembre 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Opereta de Gombrowicz en la CNT

Malkah Rabell

Según palabras Witold Gombrowicz, que aparecen en el programa de mano de esta Opereta, que de opereta nada tiene salvo el título: "El texto de una pieza contemporánea cada vez se presta menos a la lectura. Cada vez se asemeja más a una partitura que sólo comienza a vivir en la escena, en la acción, en el espectáculo".

No sabría decir si todas las obras contemporáneas sólo ofrecen el aspecto espectacular. Dudo si puede crearse una acción, un espectáculo con Las sillas de Ionesco o con Esperando a Godot de Beckett. Pero, en lo concerniente a esta Opereta de Gombrowicz, en manos del director de escena, igualmente polaco y que ha sido especialmente invitado para este montaje, Krzysztof Jasinski, la obra adquiere el ritmo fortísimo de una partitura más de ópera que de opereta, y hasta pierde a veces la "divina idiotez" que a la opereta adjudica su dramaturgo.

Ionesco soñaba –y sueña– con obras carentes de argumento, de acción, de intriga, de situaciones, de sitio determinado y hasta fuera de su tiempo porque la "obra de arte debe hallarse a caballo sobre lo temporal y lo intemporal". Pues Gombrowicz lo logra en esta Opereta, y en cualquiera de sus obras. Y si la juzgamos en el plano de la plástica resulta una obra abstracta, que sólo tiene "líneas y colores". Y si algunos preguntan –y han sido muchos que la noche del estreno lo hacían– "¿De qué se trata la obra?" Sólo es posible contestar, tal vez con algo de ironía: "De colores y de líneas". Desde luego, siempre habrá quien le descubra un atuendo maravilloso al rey desnudo, y no faltará quien pretenda apuntarle un "10" a la "fisolosofía" gombrowicziana y encontrará ideas profundas tales como que "la desnudez es la mayor pureza del hombre".

Más, a Krzysztof Jasinski, creo, que poco le importaban las ideas de su compatriota, aunque pretenda lo contrario. Le interesó, según me imagino, el texto por lo que puede dar lugar a un espectáculo, a un montaje que permite ensayar un "año o un mes". Y él, con sus 40 actores de la Compañía Nacional, lo ensayó durante más o menos 5 semanas, logrando un espectáculo en grande, o un gran espectáculo, que pese a su carencia de argumento y de acción, y que sólo ofrece palabras, palabras y más palabras, o como diría Genevieve Serreau: un "festín de palabras", nos mantuvo en suspenso, en tensión durante las dos, o tal vez tres horas de representación. Las líneas abstractas de Jasinski tomaron forma de áreas, y en todas las áreas, dentro y fuera del escenario, colocó las marionetas gombrowiczianas, quienes sacudían al público –y a menudo no le permitían dormirse– con esta sonorización de herencia artaudiana capaz de despertar a un muerto.

En resumen, un hermoso e intenso espectáculo debido a un director de fuerte personalidad, que logró escapar a muchos escollos: los de la repugnancia que la crónica náusea vomitiva de uno de los personajes provocaba en no pocos espectadores. Escapó al naturalismo que otros directores hubiesen impuesto a semejante detalle. Escapó al "mesianismo pornográfico", que otros no hubiesen abandonado desnudando a todo el mundo y obteniendo así un éxito de escándalo. Jasinski se mantuvo fiel a la sencilla idea del autor de que ¡Todo va a la tumba negra! ¡Y entonces sale de esta tumba la desnudez humana, eterna alegría de nuestra eterna juventud! Y las "verdades eternas" que persigue el teatro, "del absurdo", tomaron forma de senos y muslos de una joven actriz. Símbolos bastante ingenuos, como lo son la mayoría de los símbolos. Pero que no dejaron de ser alegres, ya que se trataba de una actriz, joven y bonita, Flora Careon, mucho más bella sin ropa que con ella., aunque se nos antojaba aún mejor a medio camino, cuando todavía conservaba la falda y las enaguas.

Imposible mencionar algunos de los 40 nombres artísticos que aparecen en el escenario. Ya que la puesta en escena es sobre todo colectiva. Más en ese caos disciplinado, en esa multitud de figuras y actitudes ya estáticas, ya desatadamente temperamentales, nadie perdía su lugar, cada uno se distinguía de los demás, tan nítidamente como si estuviera solo en el foro. Y todos cantaban, bailaban, exhibían modelos que resaltan las clases sociales, y por el amontonamiento de ropa se reconoce al barón de su sirviente no sólo física, sino psíquicamente. ¡Un gran espectáculo!

Lástima que no tenga el texto a mano. Imposible conseguirlo en México. Tal vez hubiese descubierto alguna novedad dramática, que la actuación en tantas áreas distintas hacía olvidar o perder de vista. Mientras tanto héme aquí dedicada a hablar mucho sin decir gran cosa, pero el estilo de Gombrowicz resulta muy contagioso.