FICHA TÉCNICA



Título obra Lástima que sea puta

Autoría John Ford

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Tina French, Salvador Garcini, Gabriela Araujo, Vera Larrosa , José Ángel García.

Grupos y compañías Compañía de Teatro Repertorio UNAM

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Fascinación y morbo en la nueva obra de Gurrola”, en El Día, 10 julio 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Fascinación y morbo en la nueva obra de Gurrola

Malkah Rabell

Nada fácil resulta enfrentar con los reducidos medios teatrales a una producción cinematográfica. Después de haber presenciado gran parte del público capitalino la película Adiós hermano cruel, el nuevo espectáculo de Juan José Gurrola, con la Compañía de Teatro Repertorio UNAM, tenía forzosamente que encarar dos posibilidades: a quienes el filme disgustó a pesar de su belleza formal, sólo podían igualmente sentirse disgustados por los mismos tremendismos en el escenario; a quienes la película entusiasmó por sus valores plásticos e interpretativos, pese a toda esa sangre que salpicaba hasta a los espectadores, no podían menos que rechazar la tragedia sangrienta cuando ésta no se hallaba respaldada por una extraordinaria producción. Por lo mismo, el espectáculo ha de dirigirse a quienes nunca vieron la cinta, pero que conocen, por lectura, la obra de John Ford.

Por lo general solemos reprochar a los directores de escena su falta de fidelidad al texto original. Aquí hemos de recurrir a un reproche inverso: excesiva fidelidad a un texto que dura 4 horas y reúne una superabundancia de elementos y de episodios que nada agregan al meollo. Como la presencia de Hipólita (Tina French), amante de Soranzo (Roberto Ballesteros), que lo persigue con su venganza y a su vez es perseguida por la venganza de su marido, el supuesto médico Richardetto Otro episodio, como introducido de fuerza, es el del estúpido joven Bergetto, farsa dentro de la tragedia, que con frecuencia solían usar los isabelinos. Más, en este caso, ni agrega ni quita nada a la trágica historia de esos dos hermanos apasionadamente incestuosos, que llevan su pasión hasta la muerte. Ya había en el escenario bastantes cadáveres sin Bergetto apuñalado e Hipólita envenenada.

Tampoco convencían las vacilaciones de los caracteres. ¿Qué se proponía Juan José Gurrola, con la interpretación que le impuso a Salvador Garcini en el papel de Vázquez, el servidor de Soranzo, que lo fue también de su padre? ¿O bien, con la interpretación que hacía Gabriela Araujo de la nodriza, una de esas tradicionales figuras de "dueña"? Es cierto que tanto Garcini como Gabriela Araujo daban la impresión de inventar sus personajes sobre la marcha, sin estar todavía del todo seguros qué características les iban definitivamente a imprimir. Se me hacía que Garcini trataba de conseguir una figura demencial, asesino múltiple no por excesiva fidelidad a su amor, no por deseo de vengar los supuestos agravios sufridos por éste, sino por necesidad de verter sangre. Tanto él como la nodriza Putana, debían ser de más edad. Lo exige la lógica en ambos casos. Putana, pese a su nombre simbólico debía ser una Celestina vieja y no una "Putana" empeñada en perder el vestido y mostrar todo lo aue tiene bajo el escote. ¿Oué padre respetable tendría semejante "dueña" al servicio de. su hija menor? Sucedía algo semejante con la figura central, Anabella El título, Lástima que sea puta, debe más bien ser una ironía amarga. Pero tal como se nos presentó Anabella (Vera Larrosa), sobre todo en las primeras escenas, no sabíamos a qué atenernos, y casi aplaudíamos el título.

Pues bien, si el público al finalizar el primer acto, de 120 minutos, no hizo el menor esfuerzo para aplaudir —tal vez por inseguridad de que se trataba de un fin de acto, o por falta de entusiasmo—, en cambio aplaudió a rabiar cuando empezaron las masacres: cuando Vázquez le manda a sacar los ojos a la nodriza, como castigo por haber permitido el incesto, de lo que, no contento el cardenal, la manda quemar; cuando el "hermano cruel", Giovanni (José Angel García), le arranca el corazón a su hermana incestuosa Anabella, y lo anda paseando por el escenario en la punta de su cuchillo; cuando, a su vez, Giovanni apuñalado por Vázquez, queda colgado por los pies, cabeza abajo.. , y aquí no termina los tremendismos... Aquí sí el público despertó de su letargo y apasionadamente entregó su corazón a los intérpretes y al director. Lo que puede demostrar que la morbosidad del público isabelino sigue la tente en el público del segundo milenio.

Pero había algo más que simple morbo en ese entusiasmo, Había una terrible fascinación en esos tres cuerpos colgados a distintos niveles en la desnudez de una escenografía que sólo usaba los espacios escénicos en sentido horizontal y vertical. Tres cuerpos colgados: uno por el cuello, el de Anabella; otro por los pies, el de Giovanni, y el tercero metido en una red, hecho un bulto gimiente, el de Putana, ¡Un horror que fascinaba! Lástima que el vestuario, realizado con las mismas intenciones, no lograba iguales resultados. Los trajes, con su color rojo impuesto a todo el conjunto, con su barroquismo y abultamiento, debían sugerir la imagen de la violencia y de la sangre, Pero sólo lograban ponernos los nervios de punta, provocando en nosotros el deseo de acometer ciegamente contra las manchas coloradas, como los toros.

Pues así, entre aciertos y errores, entre actuaciones faltas de unidad, salimos de la sala desconcertados, horrorizados y fascinados a la vez.