FICHA TÉCNICA



Título obra Misterio Bufo

Autoría Darío Fo

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Graciela Nájera, Guillermo Gil, Dunia Zaldívar, Margarita Sanz

Espacios teatrales Sala del Teatro de la Universidad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Reestreno de Misterio Bufo”, en El Día, 25 septiembre 1978, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Reestreno de Misterio Bufo en el teatro universitario

Malkah Rabell

Un espectáculo cambia de rostro al cambiar de público y de escenario. Estrenada y representada durante una prolongada temporada en la Casa del Lago, la obra del autor italiano, Darío Fo: Misterio Bufo, tuvo en el ambiente popular de las matinés dominicales en el Bosque de Chapultepec un sentido y una atmósfera muy apropiados, a los cuales debía su éxito. Transportada al teatro de la Universidad, donde el ambiente es más austero, perdió mucho de su gracia cirquera que trataba de imitar el tono de la carpa.

El "Misterio" que ostenta el título de la farsa de Fo, nada tiene de policial, y en este caso el "mayordomo" permanece ausente. Se trata de los "misterios religiosos", espectáculos que el Clero ofrecía en los atrios de las iglesias en la época medieval para catequizar a la grey neófita o para fortalecer la fe de los "cristianos viejos". Presentaban breves dramas litúrgicos basados en diversos hechos del Nuevo y Viejo Testamento. El moderno dramaturgo, Darío Fo, contemporáneo nuestro, revolucionario en su forma y en su pensamiento, agregó la palabra: "Bufo" a su título para subrayar su carácter jocoso, que a menudo se torna grotesco. Características nada novedosas en el teatro litúrgico medieval, Darío Fo lo toma directamente de las tradiciones populares de su país, heredadas a su vez de las alegrías paganas. Ya que en la Edad Media resabios carnavalescos de las antiguas saturnales, invadían a veces hasta el ámbito de la Iglesia.

Inspirado por esas antiguas reminiscencias, Darío Fo reúne una serie de sketches, dedicado cada uno a distintos episodios evangélicos, y les da una interpretación ya cómica, ya tragicómica, a menudo con intenciones políticas y sociales de la vida actual. El autor deja plena libertad a cada director para que introduzca sus propios hallazgos y sus propias intenciones según las regiones donde el espectáculo se lleva a cabo. En el presente caso la directora y adaptadora, Nancy Cárdenas,buscó el tono de la carpa mexicana.

El episodio de las Bodas de Canáan nos lo cuenta una borrachita; aunque probablemente en el original fue escrito para una figura masculina. Encargada del personaje, Graciela Nájera, tal vez se inspira en la popular en su tiempo silueta de Amelia Wilhemy, actriz que por los años 30 se especializaba en tales personajes en los teatros de revista. Una bebedora callejera que se pescó la "cruda" no precisamente con pulque sino con el más puro vino de Tierra santa en las históricas Bodas donde sucedió el milagro del cambio del agua por el vino. Graciela Nájera se entregó a su papel con mucha temperamentalidad, pero con cierta excesiva repetición de gestos y tonos. Otro episodio: Bonifacio VIII dio lugar a un extraño diseño de ese Papa del siglo XIII al yuxtaponerlo con el martirio de Cristo, quien, en su último momento de vida le arranca su máscara de hipocresía a su representante en la tierra. Realizó este monólogo con mucho brío, Guillermo Gil, pero cayendo también él en cierto tono monocorde. La matanza de los inocentes, es un episodio muy emotivo, que permite a Dunia Zaldívar interpretar el papel de una madre enloquecida por el asesinato de su primogénito, que ella reemplaza en su desvarío por un corderito, gesto no sólo dramático sino simbólico, ya que el cordero en tantos actos religiosos reemplaza el sacrificio humano, y el mismo martirio de Cristo es considerado como la muerte del "cordero de Dios".

Pero en todos esos episodios, la bufonería, lo grotesco resultaban excesivos. Como por ejemplo, en el último sketch cuando la virgen de lejos asiste al vía crucis de su hijo. Había, mucho de dramático en esa escena y no hacía falta alguna de que la Magdalena hiciera el payaso, lo que Margarita Sanz exageraba hasta lo insoportable. Donde sólo se necesitaba una leve ironía, los jóvenes actores de este grupo se lanzaban a competir en payasadas. Y lo que divertía en la Casa del Lago en su ambiente informal, terminaba por molestar en la sala del Teatro de la Universidad.