FICHA TÉCNICA



Título obra Salvajes

Autoría Christopher Hampton

Dirección Julio Castillo

Elenco Francis Laboriel, Isabel Benet, Jesusa Rodríguez, Paloma Woolrich, Glenys MacQueen

Grupos y compañías Cómicos de la Legua de Querétaro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Teatro de provincia en México: Salvajes”, en El Día, 27 mayo 1978, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro de provincia en México: Salvajes

Malkah Rabell

Dirige a los Cómicos de la Legua de Querétaro, Julio Castillo, uno de nuestros mejores directores jóvenes. Unas horas antes de levantarse el telón, Julio Castillo me dijo: "No busques imaginación ni ritmo en mi montaje. Yo sólo quise que se escuchara el texto, sin que distrajera al espectador la plástica ni la técnica corporal". Y de verdad, hemos escuchado el texto. Un texto desgarrador, un texto documental que el dramaturgo inglés, Christopher Hampton, escribió sobre el drama... que digo drama, ¡sobre la tragedia! de un pueblo, los indios de la zona amazónica, que van siendo asesinados en masa por terratenientes, negociantes y autoridades de su propio país, sin que la débil intervención de científicos y estudiosos, de humanistas, antropólogos e intelectuales, sirva para nada. Genocidio llevado a cabo de la manera más cruel e inhumana; por medio de veneno, enfermedades contagiosas, fuego, bayonetas y ametralladoras.

Pero al servicio de este documento desgarrador, que hemos oído con toda claridad, palabra por palabra, el gran artista que es Julio Castillo no pudo dejar de entregar un espectáculo donde el drama humano queda constantemente subrayado por proyecciones fílmicas, por esta plasticidad corporal y rítmica en la cual Julio es un maestro, y también por su imaginación, aunque él trate de dominarla y no darle el libre vuelo que suele tener en otras de sus creaciones. Christopher Hampton ha escrito una denuncia, y Julio Castillo ha hecho de esta, denuncia un desgarrador grito humano.

En Salvajes no sabemos si lo son esos pobres seres humanos, desnudos, que ignoran el uso de una camisa, o si "salvajes" son quienes tratan de "civilizarlos", ya con la cruz en la mano, ya con la bayoneta en el puño. En su denuncia, el autor inglés también abarca otros dramas del mismo país: el drama de los luchadores, de los revolucionarios, de los terroristas, víctimas de las "secciones de de la muerte", de las torturas y de las cárceles. Y a su vez de quienes son víctimas de esos terroristas. Hampton nos describe el caso de un escritor inglés raptado por los terroristas. para pedir por su rescate la libertad de 25 presos políticos. Al preso británico lo cuida uno de sus raptores. Ambos hombres terminan por ser amigos, por respetarse mutuamente, y... el propio revolucionario ha de matar a su nuevo amigo. El dramaturgo inglés está mucho más allá del maniqueísmo. Nos dice muchas verdades. Y quienes las dicen, son ya unos, ya otros. El inglés habla del genocidio de los indios. Y el terrorista le responde que el drama de Brasil son 90 millones de brasileños. ¿Quién tiene razón? Aún no estemos capaces de juzgarlo. Las verdades humanas son siempre relativas.

Un documento terrible, una dolorosa denuncia, pero también una obra de valor artístico. Christopher Hampton entreteje a sus narraciones documentales leyendas y mitos de los indígenas del Amazonas, y también a estos textos les impone una dramática profundidad.

Y para estos textos, que Julio Castillo quiso hacer escuchar a todo el mundo en la sala con toda claridad, el director manejó un grupo de 30 actores, la mayoría menores de 18 años. Tanto a los niños como a los adultos les supo sacar lo mejor de sus posibilidades artísticas, tanto con unos, como con otros supo hacer maravillas, los niños con sus cuerpos, y los adultos con sus voces.Todos esos Cómicos de la Legua pronunciaban sus parlamentos con una claridad de actores experimentados. Y los muy jóvenes usaban la muy simple, y muy bella escenografía de Santos Nieves, formada por estructuras armadas con tubos, que representaba la selva, con un ritmo y una plasticidad de bailarines.

Tan terrible, y a la vez bello espectáculo, que mereció emocionados aplausos después de cada acto. Un terrible y a –la vez bello espectáculo que desearíamos fuera visto por muchos espectadores capitalinos.