FICHA TÉCNICA



Elenco Luana Alcañiz, Encarnación López (Argentinita), Carmen Amaya

Notas de elenco José Badajoz / guitarra

Grupos y compañías Compañía de María Antinea

Espacios teatrales Teatro Abreu

Notas Nuevo programa de María Antinea. El autor también comenta sobre cronistas que firman con iniciales

Referencia Armando de Maria y Campos, “La España de María Antinea en el Arbeu, nada en otros teatros”, en Novedades, 3 julio 1945.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La España de María Antinea en el Arbeu, nada en otros teatros

Armando de Maria y Campos

Al entrar el viernes último al teatro Arbeu, con el propósito de presenciar el nuevo programa de la compañía de María Antinea, una de esas personas que no recuerda uno dónde ni cuándo le fueron presentadas, me dijo, a boca de jarro:

–¿Qué les da a ustedes los cronistas, o qué le ven ustedes a María Antinea para que todos los días le dediquen a su espectáculo, crónicas laudatorias profusamente ilustradas con fotografías?... Todas ellas son puro elogio, y, luego, cuando viene uno al teatro, ilusionado por lo que ustedes dicen de su espectáculo, resulta que todo es agua de borrajas, como vulgarmente se dice.

El espectador anónimo tiene razón. Todos los días aparecen en la mayoría de los diarios de la metrópoli distintas informaciones –llamémoslas así– dedicadas a espectáculos en las que un ingenio anónimo –las más veces; que en ocasiones aparecen firmadas con iniciales inidentificables, que tanto vale decir anónimas– elogia a todo trapo este o aquel espectáculo. La gran mayoría del público lector ignora que estas informaciones –sigamos llamándolas así– son fraguadas por los empresarios de los mismos espectáculos para ser publicadas "como anuncio" del mismo, y atraer –o engañar– al público reacio. No intervienen en su confección –está de más decirlo– los cronistas oficiales del periódico en que se publican, aunque muchas veces hayan sido redactadas por cronistas profesionales, a sueldo de las empresas, y de ahí la maña con que se presentan para cazar mejor a los espectadores.

Esta forma de anuncio –¿viciosa?– es vieja entre nosotros. Data de unos 20 años por lo menos. Y no a causa de la malicia de empresarios avispados; su peligro –y arraigo– se debe a los departamentos de anuncios "de espectáculos" de algunos diarios metropolitanos, que celebran contratos de publicidad con los empresarios –"igualas" se les llama también– que consisten en llevar un tanto por ciento de las entradas, a cambio de publicidad "en gacetillas", que no son otra cosa las crónicas (?) que el lector espectador de tipo medio toma como dedicadas a determinado espectáculo por los cronistas profesionales.

Actualmente usan de este procedimiento empresas tan serias, o que debían serlo, como la de Teatro de México, y la del Ideal, además de la del Arbeu. Así se han realizado temporadas de éxito artificial, con pingües utilidades para todos.

El público de teatros siempre está dispuesto a dejarse engañar. Y si lo engañan con la habilidad con que lo hacen los publicistas de la temporada María Antinea, mejor que mejor. Los anuncios –gacetilla con retrato– de este espectáculo son una verdadera maravilla; como que han logrado llenar la sala de espectadores entusiasmados, que ya no lo son tanto cuando analizan lo que acaban de presenciar, echándole toda la culpa "al periódico", al que suponen responsable del fraude.

Pero vamos al grano, es decir al único espectáculo de la semana que por relativamente nuevo –y jaleado– en los periódicos –ya sabemos cómo y por qué– el María Antinea, merece un comentario, porque el que presentó el Lírico como estreno, la revistilla Los abandonados, es más viejo que el hilo de coser. María Antinea renovó su espectáculo con cuatro cuadros nuevos y con una presentación, la de la muy fina y graciosa bailarina Luana Alcañiz, cuyo arte coreográfico maduro y exquisito desentona del estilo que a todos los números le ha impreso María Antinea, degeneración de lo cañí flamenco, en el que todos, ellos y ellas, se retuercen como poseídos de lujuria demoniaca. Y ahí, precisamente, es donde radica lo mediocre artificial de este espectáculo, mezcla de los finísimos números que pasea con éxito por el mundo Encarnación López "Argentinita", y del estilo ¿salvaje?, ¿sensual?, en ella personalísimo, de Carmen Amaya. Todos y todas quieren ser como la gitana de marras. Resultado: que ellas parecen hombres y ellos mujeres... En ocasiones se salva del caos de gitanismo, el buen guitarrista Badajoz; nunca, el recitador Rafael Acevedo cuyo "modo" –que no estilo– tan pintorescamente español, recuerda las estampas de las cajas de pasas de Málaga que popularizaron por el mundo, a principios de este siglo, la visión de una España que sólo tenía rival en la que los fabricantes de panderetas de "la Espagne" hacían pintar en sus artículos para encender la imaginación de turistas, lectores retrasados de Merimée, que veían a Candelas injertado en Diego Corrientes, como ahora María Antinea, que, no está de más recordarlo para cerrar este comentario intrascendente, cree ver a García Lorca, vivito aún y coleando, por todos los rincones de España.