FICHA TÉCNICA



Dirección Moisés Vivanco

Elenco Cholita Rivero e Irma Sumack / cantantes, Kory Wayta, Yupanqui / bailarín

Grupos y compañías Inka Taki de Perú

Espacios teatrales Teatro de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “El espectáculo incaico de Bellas Artes”, en Novedades, 24 abril 1945.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El espectáculo incaico de Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Llegó al Palacio de las Bellas Artes una misión artística de la República del Perú. Se anunció con el nombre genérico de Inka Taky. Un grupo como éste que se presenta como representativo de una arte característico, que anuncia música y bailes de tipo netamente americano primitivo, que con una ortografía peculiar en los programas y con una pronunciación rara de los nombres peruanos en la escena produce cierto desconcierto entre quienes no están muy versados en la historia y en el arte incaicos, debe estar respaldado, tanto por lo que sobre él opinen los expertos en la materia, como por lo que de ese arte peculiar hagan quienes lo interpretan. El cronista desgraciadamente, no se considera con conocimientos bastantes en materia de arte primitivo quichúa –késhua dicen ellos–, y siendo un poco lego también en etnografía, se coloca en el sitio más seguro y dice a ustedes que probablemente el conjunto presentado como Inka Taky y dirigido por Moisés Vivanco, tiene un alto valor etnográfico. Pero el cronista sí tiene sensibilidad estética, y puede hablar de la impresión que le dejó la función ofrecida por los peruanos.

La presentación de la compañía es excelente, suntuosa pudiéramos decir. Los trajes que visten los elementos de la compañía, músicos, cantantes y danzarines son muy hermosos, muy elegantes, fabricados con ricas telas y bordados con hilos metálicos que les dan un aspecto deslumbrador. Hasta los sencillos ponchos, cobijas o sarapes usados por los indios del Perú, son riquísimos.

Para los ojos la belleza del espectáculo es evidente. Y sobre el fondo de cortinajes grises del escenario del Bellas Artes, se destaca atractiva la policromía de las telas y las figuras adquieren un relieve inusitado, al que no poco contribuye el acertado manejo de las luces.

Pero, como espectáculo en sí, independientemente del valor etnográfico que quizás pueda tener, este Inka es paupérrimo. La orquesta, curiosidad de conjunto formada con instrumentos primitivos, es muy pintoresca, pero las melodías que ejecuta no son otra cosa que ese tipo de composición musical que nosotros conocemos muy bien con el nombre de "son". Los elementos que forman la compañía valen poco. Quizás el único de auténtico mérito es el que conjunta y dirige a los músicos, a los cantantes y a los bailarines. Moisés Vivanco tiene sobre sí el cargo de la presentación escénica, de la continuidad del programa, de la dirección de los artistas, en general. De las tres mujeres que oímos ninguna tiene relieve propio bastante. Cholita Rivero, a quien se anuncia como cancionera indoamericana, no es ninguna notabilidad cantando. Irma Sumack, que se anuncia como soprano inca, es otra cantante sin cualidad relevante, como no sea el que en determinados momentos sus agudos son altísimos. Finalmente, Kory Wayta, recita en quichúa y en español. No sé en quichúa, pero en español no convence. El bailarín Yupanqui no tiene nada de extraordinario. Quizás la danza que ejecuta, como la que con el nombre de "gran danza guerrera" ejecutaron dos bailarines al final de la primera parte del programa, sea una reproducción auténtica de viejas danzas quichúas de la época de los incas; pero de atractivo, fuera de ser una curiosidad, no tiene nada.

Y viene, ahora, la parte más desconcertante del espectáculo. Cada número está anunciado por un individuo que, vestido como un príncipe, fantásticamente bien, le dice al público, con técnica de anunciador de radio, lo que va a ocurrir ante sus ojos. El estilo literario de este locutor, animador o anunciador es el tan criticado de los anuncios de los conciertos de radio, por su rebuscamiento, por su desequilibrio. Las alusiones a la historia, a esa maravillosa historia del Perú que es bella y heroica como pocas en América, le resultan a este remedo de locutor insignificantes y chabacanas. Si de lo que se trata es de presentar un espectáculo exótico, con nombres que la mayoría del público no ha escuchado nunca, y con trajes deslumbradores, se consigue el objeto.

Mi impresión es que se trata de un espectáculo meramente teatral, de un conjunto musical mediocre, que va de gira respaldado por un vestuario estupendo, y que intenta cubrir con exotismo sus deficiencias artísticas. Es una especie de mariachi peruano, pintoresco, entretenido...