FICHA TÉCNICA



Notas Reposiciones y estrenos de la semana

Referencia Armando de Maria y Campos, “El alcalde de Zalamea en el Fábregas. Por los otros teatros”, en Novedades, 8 enero 1945.




Título obra El alcalde de Zalamea

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Notas de autoría Enrique García Álvarez y Manuel Nogales / adaptación a la versión de Magnolio Juárez

Elenco Eduardo Casado, Asunción Casals, Celia Manzano y Herminia de la Fuente, Francisco Jambrina, Enrique García Álvarez, Jesús Valero, Gustavo Rojo

Escenografía López-Rey y Rodolfo Galván

Grupos y compañías Compañía titular del teatro Virginia Fábregas

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “El alcalde de Zalamea en el Fábregas. Por los otros teatros”, en Novedades, 8 enero 1945.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El alcalde de Zamalea en el Fábregas. Por los otros teatros

Armando de Maria y Campos

El alcalde de Zalamea, don Pedro Crespo, pisa con seguridad y gallardía las tablas del teatro Fábregas, ajeno en todo a cuanto enciende en hoguera de odio inextinguible al mundo. Él continúa, como si nada, imponiendo la ley, castigando al culpable, defendiendo el honor de su hija Isabel. Que el mundo entero se haga añicos, que hiervan en el crisol de la guerra más espantosa que han presenciado los siglos, las pasiones más bastardas y las ambiciones más legítimas. El alcalde de Zalamea –que creara el genio de Pedro Calderón de la Barca– continúa reflejando en la escena, espejo en que se mira el mundo, las más altas virtudes del pueblo español del siglo XVII, del 1600 que Calderón cubre con su genio –nacido el 17 de enero de 1600 muere el 21 de mayo de 1681, dejando una obra que abarca entre comedias, dramas, autos sacramentales, entremeses, sainetes, jácaras, etc., 223 piezas de teatro–, creando la comedia de "capa y espada", llamada así por el traje con que se representaba, construida con elementos de la vida real, magistralmente combinados y artísticamente embellecidos.

La compañía titular del teatro Virginia Fábregas eligió acertadamente esta obra como segunda de la temporada dedicada a los genios teatrales del siglo de oro, y su postura escénica, muy decorosa, no es inferior a la interpretación que de El alcalde de Zalamea, cuyo protagonista al cuidado del joven y ya notable actor Eduardo Casado, se mueve y habla con dignidad poco común en este tiempo, al igual que la ilustre actriz catalana Asunción Casals; no desmerecen en el conjunto Celia Manzano y Herminia de la Fuente, Jambrina, García Alvarez, Valero y un nuevo galán digno de la mayor atención del público: Gustavo Rojo. Para llevar a escena esta joya del teatro español, cuya repercusión ante los públicos del mundo, con La vida es sueño, Las armas de la hermosura, La dama duende, El médico de su honra, etc., impone a Calderón como un genio latino par con el Shakespeare, en cuanto a la supervivencia de los problemas que plantea, porque se asienta en la calidad poética, humana y sencillamente grandiosa de sus creaciones teatrales perdurables, los actores del Fábregas cayeron en el mismo vicio de sus colegas del siglo XVIII: readaptaron a Calderón, y de tres a cuatro versiones –no hallaron la de Adelardo López de Ayala–, lograron otra, sobre la no muy acertada de don Magnolio Juárez. La versión actual de Nogales-García Alvarez no es menos Alcalde de Zalamea que cualquiera otra, incluso la de Ricardo Calvo, que hizo un México en 1928.

Es oportuno recordar que en tiempos de Lope y Calderón se habían multiplicado de tal modo los corrales y crecido en proporción las tropas de cómicos, que cuando los que inicialmente jugaban sus dramas o comedias, no facilitaban o vendían sus partes, éstos eran tomados de oídas por relatores especializados en tal clandestinismo y las copias pagadas a buen precio, ocurriendo con frecuencia que en dos compañías distintas las versiones de una misma comedia diferían, y los editores aprovechaban el desconcierto del público y el desconocimiento de la propiedad artística e intelectual para dar a la estampa las que pertenecían y no pertenecían a determinado autor. (Lope de Vega llevó a los tribunales a los impresores que le publicaban sin anuencia suya y plagadas de yerros algunas de sus comedias, y salió condenado). El escritor al vender su manuscrito al empresario –llamado autor– perdía todo derecho sobre él. Cualquiera podía imprimirlo o representarlo sin su consentimiento. Si bien es cierto que jamás obra alguna se dio en las tablas tal cual salía de la pluma del poeta, ello se debe más a la readaptación temperamental del autor, que con el tiempo ha ido creando espíritu para transformarse en intérprete.

La nueva y seguramente no última versión de El alcalde de Zalamea hecha por los temperamentales actores del Fábregas, ajustada a las necesidades del teatro moderno, si no mejorada del texto, está limpia de yerros. Podría figurar en el grupo de obras calderonianas que el Consejo de Castilla aprobó para su publicación en 1635, en "acuerdo" cuya reproducción con motivo de la representación de El Alcalde de Zalamea en el Fábregas, es juicio certero del gran autor y lección oportuna para espectadores contemporáneos:

"En estas comedias que escribió don Pedro Calderón de la Barca, cuyo ingenio es de los de primera clase en la novedad de las trazas, en lo ingenioso de los conceptos, en lo culto de las voces, y en lo sazonado de los chistes, sin que haya ninguna que no encierre ninguna doctrina moral para la reformación, muchos avisos para los riesgos, muchos escarmientos para la juventud, muchos desengaños para los incautos y muchas sales para la diversión. Basta su nombre para su mayor aprobación, pues en los teatros se la ha merecido de justicia. Por todo lo cual, y no hallar cosa disonante a la verdad católica de nuestra sagrada religión, etc., etc."

* * *

Por los otros teatros. En el Arbeu reapareció María Conesa, y llevó al público que como fiel lebrel le sigue desde hace años al coliseo de El Salvador, con La gatita blanca. El Ideal repuso otra comedia de "risa loca": Los ilustres gañanes, de Muñoz Seca, y en el Lírico estrenaron la revista dedicada a la fecha: Los reyes se hicieron rosca, durante la que Hugo del Carril, Eliseo Grenet, Mariquita Flores, Antonio Córdoba y Roberto Soto, hacen sus números que alternan con los diálogos de actualidad de Ortega y Benítez.