FICHA TÉCNICA



Título obra La visita de la Gran Dama

Notas de Título La visita de la Vieja Dama / título original

Autoría Friedrich Dürrenmatt

Dirección Héctor Azar

Elenco Yolanda Mérida, Germán Robles, Augusto Benedico

Escenografía Antonio López Mancera

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La visita de la Gran Dama en la Compañía Nacional”, en El Día, 13 agosto 1977, p. 26.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La visita de la Gran Dama en la Compañía Nacional

Malkah Rabell

El autor de esta tragicomedia: La visita de la vieja dama (según título original) el suizo de habla alemana. Friedrich Dürrenmatt, ha dicho: "Las dificultades. los trabajos y también las victorias no están en las palabras que se escriben. sino en el mensaje mismo del drama. en lo que el drama dice y no se ha podido escribir". Pues. el subyacente drama de esta más importante obra de Dürrenmatt es el "genocidio" que todos los pueblos aceptan y seguirán aceptando siempre y cuando pueda resolver sus intereses económicos o de otra índole. Este caso individual de Clara Zacanasian. que para vengar un agravio personal pone en juego su inmensa fortuna para lograr que los habitantes de "Gullen" le entreguen el cadáver del culpable, no es más que la encarnación de centenares de problemas colectivos similares. Cambiemos la extravagante figura de Clara Zacanasian, por un ejército. y de inmediato este casi melodrama se transforma en un documento brechtiano, en la historia de un ejército que entra en una ciudad cualquiera y promete a sus habitantes el oro y el moro siempre que se dediquen a masacrar a sus conciudadanos y amigos de infancia y de toda la sida. Lo que "el drama dice y no se ha podido escribir" es la crítica de todas esas poblaciones cubiertas de honorabilidad y de virtudes seculares, que ante la esperanza de provechos personales no sólo matan a sus conciudadanos. sino que descubren que sus víctimas tienen merecida la muerte, la tortura, el desprecio. Quizá Dürrenmatt llamó a Clara Zacanasian "la vieja dama" no por la edad, porque su protagonista no debe tener más allá de unos 62 años, que para una millonaria sometida al bisturí de la cirugía estética no es edad proyecta, sino "vieja" por el hecho que encarna. el de la compra de las conciencias colectivas y personales. tan "viejo" como el mundo.

De las 4 obras que hemos visto presentadas por la brillantemente renovada Compañía Nacional: La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón. Luces de bohemia, de Ramón del Valle Inclán. La casa de los corazones rotos, de Bernard Shaw: la de Dürrenmatt nos resulta la más interesante, la más universal y la más cercana a nuestra sensibilidad contemporánea. Y caso extraño, misma Compañía Nacional cuenta con la colaboración del director de escena español. José Tamayo. quien estrenó La visita de la vieja dama en Madrid en 1959 en tanto en la presente temporada mexicana montó Luces de Bohemia. La obra de Dürrenmatt es actualmente dirigida por Hector Azar.

No sé quien dijo que la mejor dirección es la que menos se nota. La dirección de Hector Azar, lamento constatarlo, se nota demasiado. Sobre todo en la parte de producción: vestuario y escenografía. ¿Para qué estos trajes color ladrillo que uniforman a todo el reparto y sólo logran quitarle dramatismo al ambiente y a la acción? ¿Para qué esos caballitos de juguetería en el fondo del escenario? ¿Para qué todos estos biombos que molestan? ¿Y sobre todo, por qué suprimir la última escena cuando el asesinato es simbólicamente un acto colectivo y el autor subraya: "Till penetra despacio en el callejón de los hombres silenciosos. Al fondo el gimnasta cierra el paso. Till se para, se vuelve, el callejón se convierte en un ovillo humano que se eleva, luego se baja en silencio... el ovillo humano se deshace". Es posiblemente la escena más dramática y que más queda incrustada en la memoria. El director la suprimió y el asesinato se comete fuera del escenario.

En cambio, los actores han sido muy bien dirigidos. Yolanda Mérida casi desconocida en la actuación teatral, ha logrado crear una figura de la "gran dama" con mucha naturalidad y fuerza sugestiva. Quizá su rostro resulte demasiado hermoso. pero su cansancio físico. su edad. se nota en la marcha, en los movimientos del cuerpo. Germán Robles. como el maestro, el único decente y humano, mereció una ovación en unas de sus escenas. y no fue por el significado de su monólogo, sino por la emoción de gran actor que supo imponer a su personaje. En cuanto a Augusto Benedico, tuvo una presencia excesivamente cautivadora y aristocrática para un abarrotero de aldea, pero creíamos en la antigua pasión de la vieja dama por su "pantera negra" encanecida. Todo el numeroso conjunto estaba excelente.