FICHA TÉCNICA



Título obra Corona de sombras

Autoría Rodolfo Usigli

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Leonardo, Velázquez, Jacqueline Andere, Claudio Obregón, Alejandro Aura, León Singer

Escenografía Guillermo Barclay

Grupos y compañías Teatro de la Nación

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Corona de sombras”, en El Día, 14 junio 1977, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Corona de sombras

Malkah Rabell

En 3 elementos podemos dividir la representación de Corona de Sombras, que ofrece el Teatro de la Nación en la sala Hidalgo: el texto de Rodolfo Usigli; la puesta en escena debida a Rafael López Miarnau; y la escenografía de Guillermo Barclay, la que adquirió en este espectáculo una primordial importancia, casi independiente del montaje general, por la atmósfera que creó y por la violenta reacción que despertó en el público.

El dramaturgo homenajeado por sus 50 años de actividad artística, Rodolfo Usigli, llama su drama "Pieza Antihistórica". Lo que es una manera de lavarse las manos por si acaso comete errores interpretativos en el estudio de los problemas políticos, económicos y sociales de aquel tiempo. Aunque Usigli no ofrece ninguna interpretación original de los hechos, ni tampoco ahonda en las condiciones históricas que provocaron estos hechos, permanece singularmente fiel a una leyenda que ha crecido en torno de esa desdichada pareja de emperadores, a cuyo romántico encanto resulta muy difícil de escapar para un escritor, Adhiere a la leyenda de 2 jóvenes y hermosos amantes, víctimas de los intereses coloniales y de las intrigas políticas que se tejen en las altas esferas europeas, y tal vez mundiales. Él, liberal y poeta, demasiado débil para enfrentar una situación de crisis, carente de esa mano de hierro que exige el poder, carente de esa inescrupulosidad que el juego político reclama, excesivamente vacilante. Ella, demasiado ambiciosa y no lo suficientemente inteligente para comprender la realidad de un país ajeno a su cultura, a sus hábitos y a sus muy pobres conocimientos políticos.

La historia se preocupa muy poco por los seres humanos que aplasta en su camino, La historia es despiadada y movida por una dialéctica muy especial, a menudo incomprensible hasta para los más sagaces eruditos en la materia, Ya que Usigli aceptó su papel de "Antihistórico", pudo dedicarse a crear un drama pasional y personal de sus protagonistas. Un drama psicológico. Pero, no tuvo el valor de sacrificar sus conocimientos y su visión de la historia mexicana. Quiso escribir una biografía excesivamente larga y tupida de sus dos héroes con los problemas políticos que les tocó vivir, una biografía demasiado larga para 2 horas de espectáculo. Sobre todo le interesó insistir en sus ideas que repite a través de sus 3 coronas: México debe ser la patria de todos sus habitantes, blancos y morenos, indios y españoles. Y la última frase del historiador mexicano, Erasmo, que asegura a la anciana ex emperatriz: "Señora, humildemente os suplico que digáis al emperador que consiguió su objetivo... Quiero decir que si el emperador no se hubiera interpuesto Juárez habría muerto antes de tiempo, a manos de otro mexicano..." Este juicio de Usigli lo encontramos en su Corona de fuego en boca de Cuauhtémoc: "¿Y qué será si doy muerte Malinche...Ay sobre las cenizas del árbol de Castilla vendrá el odio ancestral y reptil de las tribus..."

Por querer decir demasiado, Usigli en lugar de un drama psicológico, logró un ensayo dialogado, más interesante a la lectura que a la representación escénica. Porque el público no quiere escuchar diálogos acerca de ideas y de hechos que ya conoce. Quiere acción. Sobre todo después de veinte años de teatro dedicado a la "técnica corporal", ha perdido la costumbre de escuchar. Va al teatro para que le ofrezcan "novedades", rarezas, desnudos, y que lo hagan reír aunque sea con humor negro e historias de espanto.

Segundo elemento: La dirección escénica. Para mi modo de ver, fue una de las direcciones más logradas de Rafael López Miarnau, donde no había un paso dado en falso, sin cálculo y medida. Una disciplina que abarcaba tanto a los actores como el ambiente, la atmósfera creada, tomando en consideración que se trataba del relato de una enferma mental, y todo el desarrollo de la obra sucede en la mente "coronada de sombras" que constantemente pide más luces, que constantemente pregunta por las razones de "tantas sombras". El director logró ciertas escenas, como las que la entrada en el escenario de todo el conjunto, que atraviesa el foro como sombras, como una marcha de fantasmas inventada por la mente de la enferma, bajo los sones de una muy sugestiva cantata debida a Leonardo Velázquez. La actuación muy homogénea, excelentes desde los protagonistas hasta los papeles episódicos, desde Jacqueline Andere, como Carlota, que me sorprendió como estupenda actriz dramática de teatro; Claudio Obregón, quizá un poquito acartonado en ese papel de cartón al cual es muy difícil dar vida dramática, hasta Napoleón III, interpretado por Alejandro Aura con la justa medida precisa, o León Singer en la figura de Bazaine, muy medico pese a lo antipático del personaje. Y pese a la férrea disciplina todos ellos eran actores y no maniquíes, Y para quienes se quejaban de lo largo, de lo tétrico, de la "falta de ritmo de una puesta que como una composición musical lo necesita", sólo les quisiera recordar que Rafael López Miarnau, sin suprimir escena alguna, logró cortar el texto en un 40 por ciento, y que no es posible darle mayor rapidez a un texto que exige lentitud.

En cuanto a la escenografía de Guillermo Barclay, a quien también se debe el vestuario, de gran belleza y exactitud histórica, logró crear un ambiente abstracto de sombras, realizado con materiales plásticos, que al recibir los reflejos de las luces, devolvían extrañas imágenes, Esta escenografía provocaba auténticos pleitos entre los defensores y los detractores del público. Unos que acusan a la escenografía de imponer al espectáculo una atmósfera de velorio desde el principio hasta el final, y hasta llegaban a pretender que la formaban elementos de decoración vaudevilescas, y otros la furia del entusiasmo la defendían por su belleza y por sus concepciones de abstracción que trataban de imponer al espectáculo.