FICHA TÉCNICA



Título obra Las lloronas

Autoría Joaquín Vela y José López Campúa / libreto

Elenco Manolo Noriega

Música Francisco Alonso / partitura

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “La difícil temporada de posadas en el repertorio del Arbeu”, en Novedades, 21 diciembre 1944.




Título obra Sybill

Autoría Viktor Jacobi

Notas de dirección José Ortiz de Zárate / director artístico del Teatro Arbeu

Elenco Josefina Meca, Loló Trillo, Jesús Freyre, Paquita Estrada

Música George Jacoby / autor de la partitura

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “La difícil temporada de posadas en el repertorio del Arbeu”, en Novedades, 21 diciembre 1944.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La difícil temporada de posadas en el repertorio del Arbeu

Armando de Maria y Campos

Es tradicional y angustiosa para los empresarios de teatro en España la llamada "cuesta de enero", o sea la época de principios de año en que por estar gastado el público en las fiestas de navidad, año nuevo y reyes, desaira los espectáculos y éstos languidecen, arruinando a las empresas. En México la "cuesta de enero" se anticipa dos semanas, a causa de la temporada de "posadas", que aunque en la actualidad carezcan del brillo de hace años, son aprovechadas por los directores de centros nocturnos y de cabarets para organizar festejos que ahuyentan al público de las salas de los espectáculos.

Como es natural, los empresarios teatrales se abstienen de estrenar durante esta época obras que consideran pueden malograrse –"quemarse", en argot teatral– y recurren al "repertorio", es decir, que reestrenan o "refríen" obras que suponen pueden interesar al escaso público que, salvo la Noche Buena y la del último de año, toma la temporada de "posadas" como pretexto para no concurrir a las salas de espectáculos. Pero no siempre aciertan, como la dirección artística del Arbeu, que eligió dos "viejas novedades” para cubrir su cartelera semanaria, una, la bella opereta del maestro Jacobi, cuya frívola y pegajosa partitura "arregló" hace 30 años lo menos el maestro Luna, Sybill, y una revista inocentona y pueril, que se estrenó en España cuando aún gobernaba el general Primo de Rivera y estaba considerado el semanario La Esfera como la mejor revista ilustrada que circulaba en España y en la América española; la que lleva por título el poco sugerente de Las lloronas.

La opereta Sybill es uno de esos "casos" raros en el teatro; es bellísima, pero jamás ha dado dinero. La estrenó aquella notabilísima tiple "en ambos géneros", como se denominaba a principios de siglo a las que cubrían los papeles de "tiple cómica" y "tiple cantante", que fue Amparo Romo, por aquella época en que Esperanza Iris, ya consagrada a la opereta, daba a conocer El conde Luxemburgo, Aires de primavera, La casta Susana, Sangre vienesa, El soldado de chocolate, Juan segundo... La Romo, que acababa de estrenar La viuda alegre, había formado compañía para el Lírico, y fue en el teatro de Medinas donde por primera vez se oyó la partitura de Jacobi, montada la obra para que quedara de "repertorio". Gustó, pero no dio dinero. El rol de Sybill lo cantó la Romo, el teniente Petrow, el gran García Cavero –entonces en el apogeo de su carrera; buen mozo, bella voz– y Chelo Vivanco, sin par "tiple cómica" mexicana, en la Sarah. No volvió a cantarse Sybill hasta el año 18, por la Compañía Esperanza Iris, que hizo una breve temporada en el Principal antes de estrenar la diva tabasqueña su teatro en la calle de Donceles. El reparto fue magnífico: Esperanza, cantando –es un decir– la parte de Sybill; Josefina Peral, Vicente Monterde, Enrique Ramos, Amadeo Llauradó, Juan Palmer. Gustó, pero no fue éxito de taquilla. Y no volvió a cantarse más, hasta que la gran tiple aragonesa Emilia Iglesias la "montó" en Puebla para hacerla por los Estados. También la cantó en el Principal, de México, con éxito artístico y fracaso económico. Nuevamente volvió a ocupar preferente lugar en la cartelera del teatro Principal el año 1920, cuando la compañía de Amparo Romo, la gran artista que recorría en gira las principales capitales americanas, logró con la deliciosa opereta otro de sus triunfos artísticos más sonados, pero no en la taquilla.

Veinticuatro largos años durmió en los archivos teatrales la opereta de Jacobi, sin que nadie la extrañara. ¿Por qué para subir la cuesta de la temporada de posadas y de enero la eligió el director artístico del Arbeu, José Ortiz de Zárate, que en sus mocedades debe haber cantado la parte del archiduque Constantino? Misterio de entre bastidores, porque ni siquiera la compañía del Arbeu cuenta con cantantes en su elenco para lograr de Sybill una interpretación decorosa, ya que la falta de un tenor en la compañía lo llevó a darle esta "parte" a una tiple –la señorita Josefina Meca, que cantó el teniente Petrow, que estrenara, con la Romo, García Cavero, y que en los mejores años de Juan Palmer fue un gran papel para el notable tenor valenciano–; ni con coros disciplinados para este género, ni con orquesta conjuntada para tales alardes. No bastaron, no, la seguridad con que Loló Trillo y Jesús Freyre cantaron sus partes de Sybill y Constantino, ni la gracia frívola que prodigó Paquita Estrada en su Sarah. Esta vez Sybill no alcanzó el éxito artístico que en parte consoló siempre a los empresarios del fracaso económico que como fiel lebrel persigue a una de las más bellas partituras del género operístico.

El reestreno de Las lloronas –que pocos recuerdan no fue obra de éxito durante la temporada que en el mismo Arbeu hizo Manolo Casas, cuando el éxito arrollador de Las Leandras– no corrió mejor fortuna que el de Sybill, pero sí dio ocasión a que ese gran cómico que es Manolo Noriega lograra –¡a sus años!– un gran éxito de público en su pintoresco "fresco" Hércules Lacuerda, modelo y guía de gruesa pero ágil gracia, que derrochó con juvenil generosidad...