FICHA TÉCNICA



Título obra Gigoló

Autoría Paul Geraldy y R. Spitzer

Dirección Tony Carbajal

Elenco Juan Ángel Martínez

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Gigoló o cuando los “profesionales” no lo son”, en El Día, 1 febrero 1977, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Gigolo o cuando los "profesionales" no lo son

Malkah Rabell

Se trata de una comedia francesa de Paul Geraldy y R. Spitzer, una comedia de los bulevares. Viéndola hoy, en el teatro Milán uno se pregunta: ¿Por qué hace algo más de veinte años, tuvo tanto éxito en el pequeño teatro Gante, donde fue casi un acontecimiento teatral? Las explicaciones no faltan, más bien abundan. La obra en sí, hace dos décadas, pudo parecer una audacia a un público acostumbrado a las "blancas" obritas de las Hermanas Blanch, en una época cuando se prohibía La Celestina por indecente. A un público que se ruborizaba –o pretendía ruborizarse– ante una escultura desnuda y le prohibía la entrada a sus hijos menores a los museos "inmorales", y con más razón a exposiciones individuales donde el artista exponía su personal concepto de las majas desnudas, no era tan sorprendente el entusiasmo que les despertó Gigolo. Nada entusiasma tanto a un público quisquilloso como las historias que mezclan la "inmoralidad" con una pizca de sentimentalismo. Esta historia de un "chulo" que se enamora de la señora "decente" que lo quiso emplear para recuperar a su marido, les parecía tan atrayente a los espectadores del teatro Gante como hoy La muchacha sin retorno.

¿Por qué hoy este mismo Gigolo al público del Milán lo aburre? ¡Muy simple! Porque ya no lo trastorna una chica semi-desnuda cuando la puede ver totalmente desnuda en cualquier teatro de "vanguardia", y hasta dirigida por Jodorovsky. El subyacente problema sexual de Gigolo es mucho más visible y atrayente en muchas comedias que actualmente pasan por los escenarios de la capital. Hoy, el público ha dejado de espantarse ante las esculturas desnudas, ya le permite a sus hijos visitar los museos y las exposiciones. Y también lo atrae menos la inocencia apenas desvelada. En 20 años, la psicología del espectador, como en general del ciudadano, ha cambiado radicalmente.

Pero, sobre todo el espectador se acostumbró a una representación mejor puesta en escena, mejor actuada, mejor producida y hasta con un vestuario de mejor gusto. (Desde luego, de repente nos encontramos con la inexplicable sorpresa de un éxito tan prolongado como fue el de La pulquería que tuvo todo en contra: mal dirigida, mal actuada, espantosamente producida... y sin embargo). Quizá si la puesta en escena de Gigolo en la actual versión del teatro Milán fuera de mejor calidad, tal vez aún pudiera atraer al público. Lamentablemente, no es así. Según el concepto que considera "profesionales" a todos los actores que abonan en la ANDA, este grupo de intérpretes que actúa en el Milán puede que sea "profesional". Pero cualquier otro concepto, que exige al profesionalismo calidad, aquí se halla ausente. Ni siquiera les corresponde la palabra "aficionado", porque ésta según el diccionario Sopena significa "alguien que tiene ahínco, eficacia" y en este espectáculo de Gigolo lo que menos encontramos es "eficacia". Hace muchos años que no he visto un conjunto tan pobre, tan mal dirigido. Dirección debida a Tony Carbajal que es un actor muy agradable y capaz, pero a quien jamás he conocido como director de escena. Un gigolo no sólo es una palabra francesa, es también un producto francés, adaptarlo a México sin cambiar el tema ni la psicología del personaje es absurda. Juan Ángel Martínez es un joven actor que bien dirigido tiene posibilidades artísticas, y en un papel que le quede hasta tiene encanto físico, pero de seguro que no es un gigolo, a quien le piden la dirección de su sastre. La conducción de actores no existe, y hasta destroza las posibilidades que cada actor en otras condiciones pudiese ofrecer.

Lo único sorprendente en este lamentable espectáculo es ¿cómo gente tan joven, actores que no cuentan más allá de los 30 años, pueden dejarse envolver en tanta estupidez? Quizá tuvieron la inocencia de imaginar que podrían revivir los laureles de aquel triunfo de Gigolo de hace 20 años atrás. Decididamente, la inquietud artística no es privilegio de la edad sino de la personalidad de cada quien.