FICHA TÉCNICA



Título obra Lisístrata

Autoría Aristófanes

Dirección José Solé

Elenco Ofelia Guilmáin, Rosa María Moreno, Lilia Aragón, María Luisa Alcalá, José Gálvez, Arturo Alegro, Roberto Rivero

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Lisístrata”, en El Día, 7 diciembre 1977, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Lisístrata

Malkah Rabell

Nunca me han agradado las obscenidades en el escenario, y no por datar estas obscenidades de hace 2 mil 500 años me resultan más agradables. Por lo mismo. Aristófanes nunca fue de mis autores predilectos. Más bien nunca tuve por él simpatía alguna. Por fortuna, Lisístrata, pese a todas sus "indecencias", es una obra política. Y las comedias políticas siempre interesan, creo que a todo el mundo. Más aún, cuando se trata de una visión política que a través de los siglos y de la historia universal permanece actual. Pues, la guerra, hoy, como ayer, como hace miles de años, fue, y sigue siendo, la peor, la más terrible plaga de la humanidad. Y Lisístrata es un grito de odio contra todas las contiendas, sobre todo contra las que se 'desarrollan en el campo fraternal, entre hermanos, como la que enfrenta a Lacedemonia contra Atenas en la guerra del Peloponeso.

Pero, además del interés social de esta obra, presentada en Atenas en el año 412 antes de nuestra era, Lisístrata tiene sus grandes bellezas literarias. Más, éstas las puede encontrar el lector interesado en cualquier antología de teatro griego, o en la "Obra Completa" de Aristófanes. Así que mejor contentémonos en revisar las virtudes –o los defectos– de su puesta en escena realizada por José Solé en el teatro Xola para el Instituto Cultural Helénico. Resulta no poco sorprendente que ese refinado director que puso Ifigenia en Áulide, de Eurípides, pudo saltar al extremo opuesto y encontrar para Lisístrata un montaje que tenía no poco de cirquero. Con razón me dijo José Solé en una oportunidad: "Yo puedo enfrentarme a la realización de cualquier género: vodevil o tragedia; comedia o melodrama". Aquí José Solé, probablemente cansado de buscar los aplausos de las minorías, quiso demostrar que también podía atraer a las mayorías con una obra clásica. Y se me hace que desde tal punto de vista, ha triunfado.

No ha recurrido José Solé a ninguna adaptación modernizada. No hubo necesidad de ello. El mismo lenguaje de Aristófanes suena en los oídos contemporáneos como un llamado de clarín moderno. No hace falta transformar el lenguaje para que muchas frases se nos hagan alusivas a sucesos actuales.

El reparto con el cual contó la representación es excelente, tanto en su sector femenino como masculino, aunque el primero es más numeroso ya que la obra es típicamente inclinada al feminismo y se desarrolla en una época cuando en la ciudad de Atenas el elemento masculino hacía mucha falta.Ofelia Guilmáin, Rosa María Moreno, Lilia Aragón y María Luisa Alcalá, se mostraron deliciosamente espontáneas y alegres. Tal vez, debido al espíritu de estreno reinaba en el escenario una libertad algo excesiva; un espíritu de "morcillas". Pero esperemos que con las siguientes representaciones la disciplina volverá a imponerse, sobre todo en el caso de Ofelia Guilmáin, que olvidaba sus propias obligaciones y contagiaba a los demás. En cambio fue divertidísima María Luisa Alcalá. En cuanto a los personajes masculinos, nunca es agradable hacer papeles de ancianos ridículos y obscenos. Eran los papeles que les tocaron en suerte a José Gálvez, Arturo Alegro y Roberto Rivero.Aunque en personajes más jóvenes, también Patricio Castillo y Luis Couturier hacían competencia de comicidad desatada y excesiva. Quizá también ellos se calmarán en las siguientes representaciones. Aunque considero que esa furia cómica, que reinaba en el foro la noche del estreno, por más "cirquera" que fuera, tenía algo de ese "histrionismo" que sólo puede dar el talento y el entusiasmo, pese a su sobreactuación.

Lástima que el vestuario no estuviera a la altura ni de Aristófanes –en todos sus controvertidos aspectos– ni tampoco a la altura de José Solé que en Ifigenia en Áulide nos ofreció una escenografía y un vestuario de una refinada belleza. Cierto es que Lisístrata pide a sus compañeros que permanezcan en sus casas "sin más vestidos que una transparente túnica de Armogós", isla del mar Egeo donde se fabricaban telas finísimas casi transparentes y de gran precio. Pero las túnicas que usaban las figuras femeninas en el espectáculo de Xola, eran más bien vulgar, más bien digno de Blanquita y no de Amorgós.

Pero en fin, con sus altos y bajos, con sus virtudes y defectos, con sus hallazgos y fallas, el espectáculo montado por José Solé era divertido, fresco y espontáneo, y sobre todo resultaba una representación que sabrá atraer sin prejuicios al público mayoritario en el recinto de una sala "helénica" que hasta el presente sólo atraía a una "selecta minoría".