FICHA TÉCNICA



Título obra La señorita Paloma, educastradora

Autoría Roberto Athayde

Notas de autoría Emilio Carballido / versión

Dirección Gerard Huillier

Elenco Virma González

Espacios teatrales Jesús Urueta

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La señorita Paloma, educastradora”, en El Día, 4 noviembre 1977, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La señorita Paloma, educastradora

Malkah Rabell

Monólogo que recuerda extrañamente La lección de Eugenio Ionesco. Una 'Lección" a una sola voz. Mas, todo lo que el texto del autor rumano tiene de hermético y de misterioso, se vuelve en la obra del joven brasileño, Roberto Athayde, excesivamente claro y hasta obvio. Pero, ni las influencias ajenas, ni las obviedades pueden sorprender en un dramaturgo de 27 años, que todavía guarda viva en su memoria el odio al sistema de enseñanza que hubo de sufrir en su niñez, y quien transmite su repugnancia a través de un personaje de "educastradora" que usa por lo menos en el segundo acto, el uniforme nazi, hecho que también algunos directores de escena han empleado para el maestro de La lección ionesquiana. No sé si semejante detalle se deba al original de Athayde, o al montaje que realizó el director Gerard Huillier con la versión de Emilio Carballido.

Se me hace muy difícil, si no imposible, desmenuzar de memoria este complejo texto, ya que no lo tengo a la mano. Indudablemente el autor hizo hincapié en la sicología de una solterona hipócrita, producto de una sociedad no menos hipócrita, dominada por las exigencias del sexo que trata de esconder. Solterona frustrada que usa y abusa de ese dominio todopoderoso que tienen los maestros sobre una clase infantil. Una maestra que transforma su miserable poder sobre un grupo de niños –que o tienen voz ni voto, ni posibilidades para defenderse en una sociedad de adultos que niega todos los derechos–, en un delirio de prepotencia, egomanía, paranoia. En resumidas cuentas, una paranoica que prefigura otros poderes de igual ignominia en un país de régimen totalitario.

Mantener durante 2 horas al público en tensión, interesado por una sola presencia en la escena, que repite constantemente las mismas premisas, no es nada fácil. En ello reside el increíble logro de este espectáculo, que le da a una sola actriz. Virma González la posibilidad de torturar al público, y de torturarse a así misma en la creación de este personaje castrante, destructivo y autodestructivo.

De por sí, es Virma González una actriz muy completa en el "género de la comedia de la comedia musical. Tuvimos muy pocas oportunidades de verla actuar en otros géneros, Y si alguna vez Virma González emitió un sueño, fue el de hacer circo. Pero, he aquí que en esta Señorita Palomani usa sus dones cómicos, ni hace uso de sus conocimientos musicales. Crea un papel más bien dramático, un papel de carácter, con una naturalidad que la transforma, como sin el menor esfuerzo, en la maestra centrada en su propio "YO", que habla de sí misma como si fuera de una tercera persona. Virma González ES esta maestra, esta educadora, esta oradora, como si nunca en su vida hubiera hecho otra cosa que estarse ante una clase de muchachos, dedicada de escribir en el pizarrón con faltas de ortografía y haciendo dibujos pornográficos con absoluta inconciencia. Una mujer que se halla ante una clase de muchachos, supuestamente sentados en la oscuridad de la sala de espectáculos, a quienes con el máximo esfuerzo se dedica a aplastar, a idiotizar y sobre todo a dominar... Creo que Virma González ha creado un personaje digno de figurar en las ternas por la mejor actuación del año, y digno de conquistar el primer lugar. En este caso es difícil juzgar hasta donde se impone la mano del director, y hasta donde la protagonista logró su propia creación.Si algo se puede reprochar a la puesta en escena es la excesiva duración de la representación. Si se suprimiera una buena cantidad de palabras de grueso calibre que ninguna falta hacen, la duración será reducida en un 20 por ciento.

Lástima que tanto esfuerzo, tanto arte, tanta creatividad, que den limitados a un público escaso en un teatro pequeño y poco conocido, como el Jesús Urueta.