FICHA TÉCNICA



Título obra Ópera de tres centavos

Notas de Título Dreigroschenoper / título en el idioma original

Autoría Bertold Brecht

Dirección Marta Luna

Elenco Blanca Sánchez, Gonzalo Vega, Enrique Alonso, Mara Ofelia Galindo

Escenografía Alejandro Luna

Coreografía Guillermina Bravo

Música Kurt Weill

Notas de Música Luis Rivero / director concertador

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Triunfa la Ópera de tres centavos”, en El Día, 4 octubre 1977, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Triunfa la Ópera de tres centavos de Brecht

Malkah Rabell

Da la casualidad que esta Dreigroschenoper de Bertold Brecht, con música de Kurt Weill, le he visto en diversas oportunidades, en producciones suecas, alemanas y francesas, y hasta pude presenciar en un cineclub, la película de G. W. Pabst, realizada en 1931 con la obra del dramaturgo germano. Salvo la versión cinematográfica, que en cierto modo lanzó el nombre de Brecht a la fama más allá de las fronteras de su país, la obra en el teatro siempre me dejó fría, y al público en su mayoría también. Por lo mismo tenía yo mucha prevención ante su puesta en escena en México, bajo la dirección de una artista tan joven como Marta Luna. Pero, cuál no fue mi sorpresa cuando desde el primer instante, al abrirse el telón, el inmovilizado conjunto en actitudes expresionistas, empezó a vivir y a cantar la hermosa balada de Mackie Navaja, con una originalidad ajena a todo lo que ví en representaciones anteriores de la misma obra. Fue esa primera escena, en medio de la impresionante escenografía de Alejandro Luna, con sus inmensas paredes de ladrillos, bajo las lívidas luces, especie de símbolo de las cárceles, de las inhumanas fábricas, de las vías ferroviarias del viejo Londres del siglo XVIII, de aquella Ópera de los miserables de John Gay, que inspiró a Brecht, que da la pauta de toda la representación ulterior.

Como en su modelo inglés, el poeta dramático Brecht, y el compositor Kurt Weill, tomaron al pie de la letra la palabra ópera —que se refería a una ópera bufa— y la obra reboza de numerosos números musicales, de "songs" según la terminología personal de Brecht, que seria la su faceta de iniciador de la "comedia musical". Una música que por su frescura y su humorismo, como por su melodiosidad, metamorfosea el expresionismo siniestro de los cuadros y del tema. Marta Luna, ha ido más lejos aún, ha convertido el "expresionismo" en caricatura moderna, lo que es un hallazgo, pero a veces se antoja excesivamente caricaturesco. Tal vez es también excesiva la línea interpretativa de la directora al subrayar el "marimachismo" de las figuras femeninas en contraposición con lo afeminado de las figuras masculinas: es afeminado el "Tigre" Brown, jefe de la policía, en tanto es una "marimachona" su hija Lucy, como lo son, la prostituta Jenny, la esposa del rey de los pordioseros, Celia Peachum, y hasta su hija, la hermosa Polly.

Como era su costumbre, Brecht trató de ofrecer una crítica de la sociedad burguesa y no sólo una imagen del hampa. Su finalidad fue aclarar la moraleja de John Gay: "Las gentes de las más bajas condiciones tienen los mismos vicios que los ricos; pero son castigados por ello". Empero, esta moraleja se diluye bastante en el conjunto de la representación. Tal vez porque no se aclara lo suficientemente la pretensión de Mackie y de sus acólitos de adquirir el papel de un banquero para transformar su condición de ladrón en un oficio honorable. O bien, tal vez han sido suprimidos algunos episodios, que aclaraban este hecho.

Entre el numeroso reparto se destacaron con especial brillo las dos parejas: Blanca Sánchez y Gonzalo Vega, como Polly y Mackie; y los "honorables" jefes del negocio de la mendicidad: Enrique Alonso como Jonathan Peachum y su esposa, Marta Ofelia Galindo. Esta última, que pocas veces se presenta en, funciones ajenas a lo universitario o experimental, le dio libre vuelo a su temperamental don cómico. Enrique Alonso siempre ha sido un excelente actor, aunque se le conoce poco como tal, oculto detrás de sus actividades en la dirección infantil. Aquí se muestra cabal actor de carácter. Blanca Sánchez es deliciosa, ya dramática, ya cómica, y aunque nunca ha cantado ni bailado, hace ambas cosas con infinita gracia. Pero sobre todo fue para mí una auténtica revelación Gonzalo Vega en el muy complejo personaje de Mackie, quien canta y baila con conocimiento de causa, y logra crear con toda naturalidad a un tipo de bajos fondos mayor que su propia edad.

A su vez canta y baila todo el resto del numerosísimo reparto, bajo la dirección de Luis Rivero y Guillermina Bravo. Y aunque la mayoría de ellos nunca ha cantado ni bailado, como actores que llevan su profesión en la sangre, se han sometido a las dos disciplinas con tal ardor que para nada hacía falta coros o conjuntos bailables profesionales. Todo el mundo es profesional en este espectáculo donde todo es bello, desde la escenografía de Alejandro Luna hasta el vestuario de Fiona Alexander, desde la danza de Guillermina Bravo hasta la concentración musical de Luis Rivero que personalmente permanece al piano.

Y así, en esta amalgama de hallazgos y de no pocas fallas, prevalecía la creatividad, la imaginación, el deseo de entregar al público una realización artística sincera y novedosa.