FICHA TÉCNICA



Título obra Los novios

Autoría Sandy Wilson

Dirección Luis de Llano

Elenco Julia Yallop, Nicole Rivere, Guillermo Méndez, Julio Lucena, Tamara Garina, Evangelina Elizondo, Víctor Torres, Julissa, Benny Ibarra

Escenografía David Antón

Notas de coreografía Martin Allen / dirección coreográfica

Notas de Música Enrique Gimeno / dirección musical

Espacios teatrales Teatro San Rafael

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los novios”, en El Día,31 agosto 1977, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los novios

Malkah Rabell

Julissa siempre tuvo el don maravilloso de la unidad; el instinto de saber elegir a los actores más apropiados para cada papel, y crear con ellos el espectáculo exactamente debido. No sé si en esta producción de Los Novios –que no es un estreno sino una reposición– en el San Rafael, también estas virtudes se deban a ella, o al director Luis del Llano.

Lo más probable es que sea una herencia paterna. ¡Mas, qué importa! Debidos al padre o a la hija, Los novios presentan el estilo de la familia: todos los actores actúan con un ritmo único. Las interpretaciones pueden ser algo mejores o algo menos brillantes, pero nunca lo suficientemente desiguales como para crear lagunas escénicas, como para imponer el desequilibrio de figuras centrales en la luz y las secundarias en la sombra. Lo que se presenta al público es una totalidad perfecta.

En esa comedia de Sandy Wilson, que no se distingue por su inteligencia, y el constante subrayar su cursilería, tanto por el director como por el escenógrafo, se hace repetitiva y a veces aburrida, todo lo salva el ritmo "endiablado" y trepidante del conjunto, que es uno solo, formando actores, bailarines y cantante una unidad centelleante y fogoso que hace olvidar la ingenuidad del texto, mejor dicho que trata de borrar el texto para imponer a la memoria y a la visión del espectador una fiesta total de ritmos creados por la música, el baile y el canto.

Comedia musical que trata de reproducir la época del charleston, su música, tanto para quienes la han conocido alguna vez, como para quienes sólo han oído mencionarla por sus abuelos, se hace rápidamente familia: y accesible. Más que de cantantes, el conjunto está formado por bailarinas, como Julia Yallop y Nicole Rivere, que aún se hallan muy lejos de les secretos del oficio interpretativo:, y ambas tienen acento importado bastante desagradable, pero son excelentes y hasta grandes bailarinas. Nos volvemos a encontrar con un rostro muy joven que ya hemos visto en alguna parte (creo que en Gypsy), Guillermo Méndez, que posee todos los dones para formar un actor de calidad para el género: canta, baila y actúa, las tres cosas con disciplina y arte. El espectáculo cuenta con la actuación de dos veteranos, como Julio Lucena y Tamara Garina, ambos encantado: es, aunque las posibilidades dramáticas en tales casos son mínimas. Evangelina Lizondo hace lucir su bella voz, pero hay en ella algo a la manera de las primadonas de la antigua opereta, que resulta como una nota falsa en ese conjunto moderno de comedia musical. Víctor Torres, como el Lord Bockwell, es de verdad muy poco "Lord", no confiamos ni en su sangre azul, ni en su sangre británica. Y, por fin, está la pareja central, Julissa y Benny Ibarra, que no tienen papeles excesivamente importantes, y casi se puede decir que sus textos no sobrepasan a los de sus compañeros que es lo justo para que una representación de este género tenga unidad. En cuanto a sus interpretaciones, es de notar que Benny Ibarra se ha vuelto mucho más actor, en tanto Julissa siempre lo fue. Los dos bailan y cantan con perfecto profesionalismo, y tratan de hacer lo que se puede con sus insignificantes personajes.

Lo que me extraña, es que Julissa, siempre tan encantadoramente falta de pretensiones estelares, esta vez haga su primera entrada esperando la terminación de los aplausos del público de estreno. Esta actitud la repiten las demás primeras figuras, lo que no deja de ser chocante e inesperado en un teatro moderno.

Mas, el hit de este espectáculo, debido a la dirección de Luis de Llano, es el ritmo trepidante, la brillantez colectiva el acierto de ciertas escenas cómicas de conjunto muy bien llevados a cabo, como la persecución del hijo del Lord, aunque no sepamos por qué lo persiguen. Al público le conquista la entrega de toda el mundo; todos bailan, cantan y actúan con un entusiasmo que no decae un minuto. Bajo la dirección coreográfica de Martín Allen, los bailes son estupendos; bajo la batuta musical de Enrique Gimeno, la música es coreada por un coro de bellas voces. Y la escenografía, debida a David Antón, con sus lentejuelas y encajes rosados, ayuda con su cursilería, a crear el ambiente de los "locos años 20".