FICHA TÉCNICA



Título obra Mi bella dama

Notas de autoría Bernard Shaw / autor de Pygmalion, obra en la que se basó My Fair Lady

Elenco Manolo Fábregas, Margarita Pruneda, Marilú Elizaga, Mario Alberto Rodríguez

Notas de Música Frederick Loever / canciones

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Una nuevaBella dama: Margarita Pruneda”, en El Día,27 agosto 1977, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Una nueva Bella dama: Margarita Pruneda

Malkah Rabell

¡Y pensar que un día antes la había oído cantar en la hermosa ópera de Mozart: La flauta mágica! Desde luego, una parte breve. Fue una de las tres "Damas" de la Reina de la Noche. Y tal vez, en la ópera pudo haber pasado aún muchos años cantando partes insignificantes, antes que lograra destacar. En cambio, en una sola noche, en la comedia musical: Mi bella dama, Margarita Pruneda conquistó un lugar de primera figura. ¿De Primera figura? ¡Quién sabe! Los caminos del teatro son misteriosos, y aunque, según decía la famosa actriz francesa, Cecil Sorel: "Una noche en el vaudeville da más fama que toda una temporada en la Comedie Francaise", nunca se sabe a quién el destino depara un primer lugar. Y aquella "Bella dama" elegida por Manolo Fábregas hace 20 años –cuyo nombre olvidé–, pasó sin pena ni gloria; desapareció en el anonimato. Quizá porque aquella "Bella dama" de bella tenía muy poco, y de actriz aún menos. En cambio, Margarita Pruneda, despertó el entusiasmo del público, lo que nada fácil era después de Manoella Torres. Sin duda, también a Margarita Pruneda le falta aún mucho para ser actriz con todos los secretos del oficio. Pero, promete serlo a corto plazo. Aparte de su voz de discípula de conservatorio, que sin llegar a registros amplios, es agradable, y bien empleada, tiene "ángel", mucha gracia y simpatía. Sobre todo se destacó en las primeras escenas cómicas, cuando la florista, Eliza Doolittle es la chica de arrabal, primitiva, pobre, ignorante de los buenos modales como es ignorante del lenguaje empleado por la "aristocracia" de su país. La segunda parte, cuando Eliza ya aprendió a usar el difícil idioma del "maestro Higgins" que .debería a la actriz serle más familiar, ya que se trata, según parece, de una joven universitaria, maestra del idioma español, no obstante aquí, la nueva "Bella Dama" no', logra igual facultad interpretativa. Probablemente porque en esta parte, se necesita mucho más don dramático. Nada más difícil que este papel de Eliza, que exige múltiples talentos: el cómico, el dramático, él de cantante, y además, cosa rara, unos conocimientos idiomáticos poco comunes, para, reproducir en español las dificultades inglesas que Bernard Shaw en su Pigmalión original impuso a sus intérpretes.

Y para quien no ha visto esta comedia musical, podrá encontrar en ella a un Manolo Fábregas rebozante de humor inglés, rectilíneo como un Britishman. En resumen un excelente actor que cada vez parece más joven y simpático. Lo acompañan Marilú Elízaga, elegante y bella, y que posee todas las "tablas" que le faltan aún a Margarita Pruneda. Miguel Suárez, otro actor en posesión de todos los secretos del oficio, perfecto en su papel de coronel Pickering, y por fin, un actor que conocemos poco, Mario Alberto Rodríguez, bella voz, facilidad de bailar y don de la comicidad, quien a veces conquistaba más aplausos que todos los demás actores.

También se destacaban el conjunto de danzas, por su desatado entusiasmo –y tal vez por su excesivo acartonamiento cuando se trataba de reproducir los ambientes "aristocráticos"–, y el conjunto de cantores, por sus bellas voces. Tanto la producción como el vestuario no era precisamente de primera calidad, ni del mejor gusto. ¡Mas, qué importa! Eran defectillos apenas visibles! El espectador salía sonriendo, canturreando las melodiosas canciones de Frederick Loever, feliz al recordar el happy end que Bernard Shaw nunca supo encontrar, pero que encontraron sus adaptadores.