FICHA TÉCNICA



Título obra Luces de bohemia

Autoría Ramón del Valle Inclán

Notas de autoría Gypsy Rose Lee / autora de sus memorias; Arthur Laurents, Jules Styne, Stepheyn Sondheim / adapación teatral

Dirección José Tamayo

Elenco Carlos Ancira, Germán Robles, Jorge Ortiz de Pinedo,

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Luces de bohemia”, en El Día,25 julio 1977, p. 28.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Luces de bohemia

Malkah Rabell

La Compañía Nacional "renace" después de un prolongado silencio. Esta vez vuelve a la actividad con infinitamente mayores posibilidades, con una amplia plana mayor de primeras figuras, tanto en la actuación como en la dirección. Para su segundo estreno ha llegado un huésped de España, el director José Tamayo, y en el escenario aparecieron cerca de 40 actores. Lo que es un esfuerzo que muy pocas veces puedo ofrecer una compañía particular, salvo cuando se trata de comedias musicales que presenta al empresario la posibilidad de una rápida compensación taquillera. ¿Quién en México se hubiera atrevido a poner en escena una obra como Luces de bohemia, de Ramón del Valle Inclán, con todas sus dificultades, con su numeroso reparto y sus no menos numerosas mutaciones de este escenario? La "renaciente" Compañía Nacional se enfrenta a todas estas dificultades con mayor seriedad. Y nos enfrentamos a la interrogante: ¿cuál fue el resultado?

Ante la cuestión de si Ramón del Valle Inclán toma en consideración la "viabilidad" o la "inviabilidad" (expresiones de José Tamayo) de la escenificación de sus textos, Antonio Buero Vallejo, afirma: "Es esta una paradoja tristísima; significa que cuando Valle Inclán alcanza el mayor desarrollo de su poder dramático ha de resignarse a no escribir para la escena española". Y Buero Vallejo es un hombre de teatro de sangre y hueso.

Y con mucha más razón resulta poco "viable" para la escena mexicana, donde esas Luces de bohemia se hacen terriblemente locales. Tan locales que casi no entendíamos de qué se trataba durante una buena parte del espectáculo. Sobre todo que José Tamayo gastó la mayor parte de sus energías en transformar a nuestros actores mexicanos en españoles. Los obligaba a emplear el más puro acento madrileño Lo que hacía sufrir al intérprete y al espectador. Este último parque mientras se esforzaba en entender, perdía el ritmo de la representación.

Cuando por fin ya hemos logrado traspasar las dificultades lingüísticas y penetramos en el meollo de la acción, nos damos cuenta que nos hallamos en un "Madrid absurdo, brillante y hambriento" Que puede recuperar su interés político en la capital española ante la nueva situación que permite las alusiones al tiempo pasado. También en México puede interesar, porque lo absurdo y lo hambriento, en un ambiente de miedo y de violencia policíaca [puede] suceder en cualquier época y en cualquier país.

Empero no lo considero "viable" como obra dramática, sino como una "revista política'', apenas ligada por un imperceptible hilo temático, el de una época de revuelta en la cual el pueblo se desangra y un grupo ce "bohemios" grita en las tabernas. Absolutamente de acuerdo con Ramón del Valle Inclán quien dice: "Mi teatro es el 'género chico' multiplicado por cuatro".

De la multitud de actores que intervienen en el elenco, muy difícil se hace opinar de todos. La mayoría escapa de la memoria, Salvo Carlos Ancira y Germán Robles que recorren toda la representación, los demás tienen papeles episódicos. Sorpresa fue la actuación de un actor que durante años hemos visto haciendo papeles de vodevil, Jorge Ortiz de Pinedo, y quien en esta Luces de bohemia interpreta a uno de esos jóvenes bohemios escandalosos y tal vez sinceros, con un don de actor de carácter de pura cepa. Junto con Germán Robles y Carlos Ancira, ha cosechado los aplausos más entusiastas. Los tres han sido excelentes.

La escenografía, en su sencillez, con sus telones de fondo como dibujos expresionistas iluminados, resulta uno de los elementos más llamativos y atrayentes.

Una representación que a unos entusiasmará, a otros dejará fríos, pero a todos los que aman el teatro y sueñan con un teatro serio y permanente en México, llenará de alegría, por todo el esfuerzo que significa, por todas las posibilidades que ofrece, y por toda la calidad que ya dio en esta segunda representación de la temporada de la Compañía Nacional. Aunque esta prisa, este apuro por lanzar al escenario tal cantidad de obras me da mucho miedo. Despacio y seguro es la mejor política. Con razón el pueblo suele usar el viejo dicho: "Rápido y bien no hay quien".