FICHA TÉCNICA



Título obra El cimarrón

Notas de autoría Miguel Barnet / autor del reportaje; Hans Magnos Enzensberger / adaptación teatral

Elenco William Pearson, Wilhelm Cruck, Crhristophe Carkel, Koos Verhend

Notas de Música Hans Magnos Enzensberger / arreglos musicales

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve El cimarrón, con distinto conjunto”, en El Día,7 julio 1977, p. 28.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vuelve El cimarrón, con distinto conjunto

Malkah Rabell

Después del clamoroso éxito que el "monólogo musical" de Hans Werner Henze obtuvo en Guanajuato al presentarlo un conjunto de tres músicos y un cantante de la República Democrática Alemana en marco del último estival cervantino, la obra volvió a ser representada en la capital en el Teatro de la Ciudad pero con un conjunto muy distinto. En lugar de Frank Randau, cantante, Hans Sende, Willi Schreiber y Andreas Aigmueller, músicos, el cuarteto que se presentó el martes 5 de julio en el DF estuvo formado por William Pearson, barítono norteamericano, Wilhelm Cruck,. guitarrista, Christophe Carkel, percusiones, Koos Verhend, flauta, los tres de la Alemania Federal. No puedo hacer paralelos entre ambos conjuntos, porque tuve la mala suerte de perder la representación de Guanajuato por falta de tiempo, Pero para quienes han acudido al espectáculo del Teatro de la Ciudad, con la ilusión de asistir al recital triunfador del Festival Cervantino, fue un gran desencanto enfrentarse a elementos inesperados.

El barítono William Pearson cuyas calidades de cantante no puedo discutir por considerarme poco idónea en la materia, es en cambio un estupendo intérprete dramático, sobre todo siendo de raza negra, el relato del esclavo cubano Esteban Montejo, quien a los 104 años narra –en 1963– cómo era la vida en las plantaciones de azúcar, y cuando se realizaban las persecuciones de los fugados a fines del siglo pasado, cuando él escapó del ingenio donde trabajaba, es sin duda muy dentro de su cuerda sensitiva. Empero el hecho de que William Pearson tiene que leer el texto a todo lo largo del recital, le quita espontaneidad y dramatismo a su actuación. Las breves escenas donde se levanta de su asiento y se entrega a su personaje, memorizando el texto, lo transforma instantáneamente en un gran actor, hasta logramos entender claramente el texto en español. El actor que no memoriza su papel es incapaz de entregarse con toda libertad a la creación de su protagonista. Sobre todo en este caso cuando William Pearson, de tanto en tanto se dedica a la dirección orquestal de su reducido conjunto de tres hombres, pero a la vez de 30 instrumentos.

También los tres músicos dan la sensación de hallarse aún lejos de una preparación completa de su cometido. En numerosas oportunidades ofrecen la imagen de un ensayo que todavía busca los últimos ajustes tanto personales como del espectáculo total.

Y no obstante es una representación dramática y lírica de lo más atractiva, que nos mantiene en tensión con los ojos y los oídos abiertos desde el principio hasta el final, con estos treinta instrumentos que trasmiten una música atonal, donde sólo de trecho en trecho –o mejor dicho de kilómetro en kilómetro– se entreteje un tema melodioso del folklore latinoamericana o africano. Donde hasta las cadenas de los esclavos rinden un sonido determinado. Pero el verdadero motivo de la fascinación de este recital estático –aunque tanto hay en este relato que pudiera ofrecerse en imágenes dramáticas–, es su absoluta novedad, tanto del canto como de la música, como de la narración. Y cuando el programa anuncia a "cuatro músicos". tal vez tiene razón; tal vez no se equivoca, Porque el barítono, el narrador, no sólo es director de orquesta, no sólo a veces usa unos instrumentos poco usuales, sino que su voz misma se transforma en instrumentos varios, que imitan sonidos, ya el canto de los pájaros, ya la voz del viento o de los árboles, o de los espíritus del monte, y del monte todo. De ese monte donde pasó años y años de su vida lejos de sus semejantes, pero gozando de una libertad primitiva y "cimarrona". en este monte cuya existencia difícil y libre amó.

Recital musical, o "monólogo musical", una ópera a una sola voz o periodismo cantado, o poesía que es un reportaje, texto tomado del libro de Miguel Barnet, traducido y arreglado para música por Hans Magnos Enzensberger, en fin este reportaje musical que se inspiró en un reportaje auténtico hecho por un periodista cubano a un grupo de ancianos de su país, sea como sea que lo intitulemos, es una manifestación artística de lo más original, de lo más novedosa, y vale la pena verla, con cualquiera de los conjuntos.